Imprescindibles en una sociedad muy compleja

La revista Alandar veía la luz en 1983, impulsada por un grupo de personas laicas, impelidas por la necesidad de sumar una «mirada crítica y comprometida» en una sociedad cuya democracia era incipiente (tan solo dos años antes, el 23F mantuvo a la sociedad en vilo) y una Iglesia cuya renovación -consecuencia del impulso modernizador del Concilio Vaticano II- no llegaba a permear en todos los recodos o geografías, especialmente en la jerarquía. Baste recordar el larguísimo papado de Juan Pablo II y su política condenatoria de los teólogos del pueblo, de cesión ante grupos ultras, incluso con prelaturas personales y grandes cotas de poder, seguido del papa Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cuyo pontificado reforzó su férreo compromiso con la ortodoxia. Así hasta el Sínodo convocado por el papa Francisco, un encuentro mundial en el que –en principio– se puede hablar de temas que han jalonado estas páginas en las cuatro décadas: ordenación de mujeres, matrimonio homosexual, apertura a otras confesiones, fin del celibato obligatorio o una Iglesia más participativa.

La revista de información social y religiosa se centró desde el principio en pedir apertura y participación de laicas y laicos en la institución eclesial y, sobre todo, en fomentar la reflexión en la iglesia de base, en las comunidades que veían con esperanza la democracia que suponía la asunción plena de libertades públicas, tras décadas de mordaza en nuestro país. Asimismo, proyectó una mirada hacia otros puntos del planeta, como América Latina, donde hombres y mujeres estaban en su propio proceso emancipador y las personas más desfavorecidos alzaban la voz contra las dictaduras militares.

Un objetivo perentorio era reflejar la vida de la iglesia de base, «fomentando una fraternidad universal y actuando como voz y medio de renovación de la propia Iglesia».  Una clara apuesta por promover desde sus páginas la reflexión, el análisis, y la denuncia profética.

Con la misión de generar información para transformar el mundo, aplicando una mirada crítica y comprometida, ALANDAR se ha hecho eco y difundido los profundos cambios afrontados por la sociedad española en los últimos 40 años.

Como el largo camino –y sin retorno– hacia la igualdad de la mujer. Las mujeres han sido el principal motor de cambio social y económico en las últimas décadas. La verdadera palanca de un cambio que hace inadmisibles los déficits de desigualdad de género que aún perviven y encuentran sus manifestaciones más extremas en fenómenos como la violencia contra las mujeres y el acoso sexual.

Como la constatación de que somos una sociedad diversa. El proceso de la inmigración en España ha modificado, quizás para siempre, nuestra sociedad y, seguramente, lo hará aún más en el futuro. La revista ha denunciado la criminalización del migrante y los discursos de odio, sufridos con más saña en el último lustro. También ha apoyado toda la realidad de los movimientos LGTBIQ+ que han conseguido la equiparación de derechos civiles, pero siguen siendo blanco de la intolerancia de sectores reaccionarios.

Como la constatación de la fatiga del sistema económico liberal plasmada en una sucesión de crisis recurrentes, lo que ha supuesto la precarización del empleo y la certificación de que tener un trabajo ni siquiera equivale a llegar a fin de mes. Sin olvidar a los millones de personas que viven en los márgenes del sistema, sin hogar, en pobreza extrema y con desigualdades que deberían ser inaceptables en la Humanidad.

Como la realidad de una sociedad de personas mayores. El creciente peso demográfico de las personas mayores, por el aumento de la esperanza de vida, ha venido acompañado de un mayor protagonismo económico, social y político, lo cual exigirá la reformulación del contrato intergeneracional sobre el que se sustentan los principales equilibrios de nuestra sociedad. En el otro extremo, la baja tasa de fecundidad no es más que el corolario de la nueva estructura de la sociedad.

Como la omnipresencia de la tecnología. Con los riesgos, retos y beneficios que suponen la telefonía móvil y la era de Internet, de su confluencia radicalmente transformadora a partir de 2007; la aparición y ubicuidad de las redes sociales; la configuración de un mundo y de una sociedad hiperconectada, impactando en nuestra propia vida y en sectores como la educación, la sanidad, la familia…

Como el desafío medioambiental y en los últimos años el reto del cambio climático. La crisis climática ha dejado de ser una amenaza teórica o lejana para condicionar de manera creciente nuestro desarrollo. El deterioro de la salud a causa de la contaminación, las nuevas fuentes de energía, períodos de sequía extremos, graves inundaciones, enfermedades tropicales en el hemisferio norte son fenómenos con repercusiones económicas, políticas y sociales crecientes, con un enorme potencial de reconfiguración de la vida de las comunidades en ambos hemisferios.

El mundo actual, en pleno siglo XXI, se encuentra en un cambio de paradigma, en una especie de involución política, económica e institucional, amén de un claro retroceso de los principios y valores que deben regir en las sociedades democráticas. La mentira, la polarización, la exaltación de los extremos han renacido… Los insultos, la señalización del pobre, del débil y el abuso de poder se pretenden instalar como asiduos y habituales. Los retos a los que nos enfrentamos como sociedades posmodernas son formidables, pero ALANDAR tiene plena vigencia porque, 40 años después de su fundación, las personas y los colectivos invisibilizados tienen un sitio donde expresar su voz y su palabra. Los medios de comunicación críticos con los poderes, que trabajen por estrechar las brechas de desigualdad «son actores clave para contextualizar los retos, cambiar la percepción del mundo y promover una fraternidad universal».

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