Logros, desafíos y temas pendientes para la Iglesia

El verano es tiempo propicio para revisar el curso pasado y fijar las asignaturas pendientes para el siguiente. Para la Iglesia española podríamos decir que ha sido un buen año si nos fijamos en dos logros muy significativos, ambos al final del segundo trimestre: la regularización de los inmigrantes, que aprobó el gobierno y que había contado con el apoyo decidido de la Iglesia, y por supuesto, la visita del papa León XIV.

La regularización es la culminación de una lucha larga, a la que se ha opuesto tenazmente la derecha y especialmente la extrema derecha, que ha convertido a la inmigración en su chivo expiatorio favorito. Con algunas excepciones dentro del episcopado, el conjunto de la Conferencia Episcopal y, por supuesto, todos los organismos sociales de la Iglesia (Cáritas, Justicia y Paz…), han venido apoyando la regularización, desde que se inició la larga campaña de recogida de firmas a favor de la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) hasta que el gobierno ha dado por fin el paso adelante de una nueva regularización a la que parece podrán acogerse cerca de un millón de personas. Un triunfo para las numerosas personas y organismos que la han peleado, sobre todo los colectivos de migrantes, un triunfo para la Iglesia, en la medida en que ha tomado partido claramente con ellos, y un triunfo sobre todo para esos inmigrantes que enriquecen España con su trabajo y tienen derecho a un reconocimiento de su dignidad y de su esfuerzo. Seguirán teniendo que afrontar muchas dificultades, pero podrán hacerlo desde un suelo más firme. Con esa aprobación, España es un país un poquito mejor.

La visita de León XIV marcará un antes y un después para la Iglesia española y también para el conjunto del país. Imposible resumirlo en pocas palabras -muchas y muy sabias se han dicho ya en estas páginas, unas de elogio y otras más críticas con la visita. Desde la perspectiva de una Iglesia servidora y dialogante,  cabe destacar tres cosas: el largo aplauso al papa en el parlamento como mensaje para toda la clase política que viene a decir que estamos hartos de la confrontación estéril, que queremos otro modo de hacer política. Cabe pensar que un fruto posible del viaje sea una nueva percepción de la presencia de lo religioso en el espacio público, como una aportación a tener en cuenta en medio del pluralismo de visiones del mundo. Lo que, de ser cierto, abriría a un diálogo más sereno entre el mundo religioso y el no religioso y a consolidar a la Iglesia como un interlocutor importante del que se puede disentir pero del que no se se debe prescindir.

Ahora la pelota está en el tejado de los políticos, que no parecen haber tomado nota de esa voluntad de concordia. Y también en el de la Iglesia, donde el presidente de la CEE se ha permitido romper la baraja del lenguaje sosegado y las buenas maneras increpando burdamente al gobierno una vez más a cuenta de la corrupción (que él ve sobre todo en un lado).

Es un indicador que apunta más allá de un presidente de la Conferencia Episcopal que antepone sus criterios políticos a los acuerdos colectivos. Apunta a que en la batalla de final de legislatura que se está exacerbando hay muchos intereses que van a presionar para que la Iglesia se posicione claramente con la derecha, legitimando sus propuestas. Ahí tenemos, como ejemplo, a la ACNP -los propagandistas- invitando a Millei, y ahí tenemos a ese ramillete de obispos siempre dispuestos a apoyar las propuestas de VOX. Pero si la mayoría de los obispos y el cuerpo eclesial se mantienen fieles a la doctrina que el papa dejó en España, ese apoyo institucional no se debería de producir. Y el próximo arzobispo de Barcelona que sustituya a Omella -el gran nombramiento pendiente de este año- debería defender la misma línea que tan bien ha dejado a la Iglesia catalana en esta visita.

Compromiso social, cercanía a los pobres, acogida y defensa de los inmigrantes, apuesta por el diálogo permanente y la concordia, esas son las tareas que el papa dejó para la Iglesia española y que han de traducirse en esfuerzos pastorales, cambios organizativos y nuevas caras en este próximo curso.

Hay una asignatura por la que el papa apenas pasó de puntillas: la igualdad de la mujer en la Iglesia exige abrir un periodo de conocimiento y diálogo con el mundo del feminismo, de los feminismos, que se antoja cada vez más urgente. La Iglesia sigue sin tomar nota, pero nosotras, desde Alandar, no lo vamos a olvidar.

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