No podemos esperar

Lo que ha sucedido en relación a abuso y acoso en el fútbol español: en la Real Federación española, en la Selección de fútbol femenino, en la Selección de fútbol masculino y en los clubes… nos ha dado, nos sigue dando, mucho que aprender en los últimos meses y semanas.

Todo lo sucedido, visto y valorado nos ha permitido reflexionar, debatir y alcanzar algunas conclusiones que, se pueden compartir o no, pero están permitiendo avanzar en el ejercicio de los derechos y su reconocimiento y en el de la igualdad entre mujeres y hombres.

A lo largo de todo el proceso han sido las mujeres las protagonistas y conductoras del mismo y esto nos permite recordar algo que las feministas cristianas han escuchado en diferentes ocasiones de Ivone Gebara, teóloga brasileña: “los derechos se ejercen, no se reclaman”.

El silencio de los hombres en el caso del fútbol español ha sido clamoroso: empezando por los palmeros (también palmeras) de la Real Federación y los compañeros futbolistas (Selección y clubes) de las campeonas del mundo, pasando por los deportistas del resto de disciplinas deportivas (con honrosas excepciones) y terminando con los aficionados que ya estaban impacientes por el comienzo de la liga y nerviosos, seguramente, por si este tema les complicaba el espectáculo.

Y como el fútbol, dicen, es reflejo en gran medida de la sociedad que vivimos, casi en paralelo a lo que estaba pasando con el denominado caso Rubiales, pensábamos en la Iglesia.

¿Cómo no pensar en ella ante las declaraciones del arzobispo de Oviedo minimizando y caricaturizando el abuso de poder y de poder sexual sobre la jugadora Jenni Hermoso? Menos mal que La Revuelta de Mujeres en la Iglesia de Asturias reaccionó con rapidez y argumentos, y muchos medios nos hicimos eco. ¿Cómo no pensar en la Iglesia ante la no reacción del obispo de Málaga frente a las denuncias llegadas sobre un cura por sedar y violar a varias mujeres de su entorno de confianza?

¿Cuántas personas identifican en el día a día de la vida de las parroquias, movimientos, comunidades, grupos… los micro o macro machismos y los abusos que se producen con absoluta normalidad? ¿Cuántos hombres se suman a las reivindicaciones de las mujeres que, en la Iglesia, están trabajando por la igualdad? ¿Cuántos conocen lo que se cuece en los colectivos de mujeres en términos de reflexión, debate, compromiso…? ¿Cuántos experimentan que la igualdad, cuando llegue, nos alcanzará (para bien) a todas y a todos?

Las mujeres que luchan por la igualdad tanto en el fútbol o en la sociedad civil como en la Iglesia, tienen un dolor especial añadido: el evidenciar que muchas mujeres tampoco identifican, tampoco se suman, tampoco conocen y tampoco experimentan la necesidad de esa igualdad.

Y llegan las explicaciones: que todo tiene su tiempo, que los procesos son, sobre todo, personales. Pero -como bien sabemos- lo personal también es político y mientras llegan esos procesos personales de caída del guindo la vida pasa… y a muchas mujeres les pasa por encima y no les permite levantarse más.

Por eso, no podemos esperar compañeros, amigas, familiares que no termináis de ver lo que nos estamos jugando, no podemos dejar de ver como buenismos, ingenuos deseos, esas afirmaciones de que debemos caminar juntos, apoyarnos mutuamente, tener paciencia, respetar los tiempos… ¡ay el concepto de tiempo en la Iglesia!

Nos urge el presente y nos urge el futuro. Gracias, compañeras futbolistas, por recordarlo.

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1 comentario en «No podemos esperar»

  1. Comparto el contenido del comentario editorial; hace unos días el futbolista Dani Carvajal, preguntado por la situación de la selección femenina, respondió «quitándose de enmedio» diciendo que son las reivindicaciones de las futbolistas pero que ellos «están a lo suyo», es problema de «ellas». Este señor muestra bien el nivel de la mayoría de los futbolistas varones, que no están entendiendo nada o no quieren entender, como que todo esto no va con ellos.

    Solamente un matiz lingüístico que creo importante por la implicación que tiene en la diferente valoración del deporte según género: no se trata de la «selección de fútbol femenino», como dice el texto, sino de la selección femenina de fútbol. Creo que en este caso el «orden de factores» es importante: hablar de «futbol femenino» frente a «futbol masculino» parece diferenciar dos deportes, cuando en realidad se trata de un mismo deporte, jugado por diferentes categorías: masculino, femenino, juvenil, sub-17, etc.
    Así, por ejemplo, creo incorrecto decir «selección de futbol juvenil», sino selección juvenil de fútbol. Ya sé que la gramática puede admitir ambas colocaciones del adjetivo, pero creo que es más correcto que el adjetivo «femenina» se una a «selección» («selección femenina») que no a futbol, porque no existe un deporte que sea futbol femenino y otro deporte que sea futbol masculino.
    Creo que el comentario vale para todos los deportes y de hecho lo pensé cuando la selección femenina de balonmano, hace años, comenzó a tener éxitos internacionales y muchos medios de comunicación hablaban de selección de balonmano femenino (luego se inventaron lo de «las guerreras», apelativo que puso un periodista radiofónico recordando aquella canción «las chicas son guerreras», cuyo contenido está muy lejos de ser feminista). Es curioso que el balonmano, al menos en España, fue jugado inicialmente por mujeres, pues era la alternativa «femenina» al futbol (cosa de hombres, entonces), es decir, era un deporte más femenino que masculino, aunque solo se le dio relevancia cuando lo jugaron hombres, hasta hace unos pocos años (algunos más años que al futbol).
    Así que mejor hablar de selección femenina de (el deporte que sea) y no decir selección de (deporte) femenina.

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