Transición eclesial

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Era una noticia esperada: el relevo de Antonio María Rouco como presidente de la Conferencia Episcopal Española. Sumaba ya más de diez años en sus varios mandatos al frente de los obispos españoles. Su paso por la presidencia deja ante la opinión pública una imagen de la Iglesia más oscura, conservadora y poco dialogante. “Se va el caimán”, escribía un columnista hace algunos días, haciendo un paralelismo con el fin del régimen de Franco.

Le toca ahora a su sucesor, Ricardo Blázquez, enmendar la plana y, por eso, desde alandar queremos mirarle con esperanza, de la misma manera que miramos en su día al papa Francisco. Con terca esperanza, creyendo que puede iniciar un proceso de apertura y modernización en la Iglesia española, una transición, por utilizar un concepto que nos es cercano en la historia.

La sucesión de Rouco coincide, además, en el tiempo con el fallecimiento de Adolfo Suárez, el cual, aun siendo heredero del franquismo y aun con sus errores, supo abrir el país a la democracia y dar pasos firmes para que tuviéramos una sociedad más libre. El propio Blázquez reconocía, en su carta de pésame a la familia del expresidente, “su contribución singular a la reconciliación y a la recuperación de las libertades fundamentales y a la democracia”. Y, en un momento en el que todo el mundo parece decir “¡ojalá tuviéramos más políticos como Suárez!”, dan ganas de decir “¡ojalá tuviéramos obispos como él!”. Valientes, humanos, autónomos y abiertos a la diferencia.

Basta con recordar cuando afirmó: «Yo no solo no soy comunista, sino que rechazo firmemente su ideología […] pero sí soy demócrata –y sinceramente demócrata– por ello pienso que nuestro pueblo es suficientemente maduro -y lo demuestra a diario- como para asimilar su propio pluralismo”. Los cristianos y cristianas tenemos ya también madurez suficiente como para asimilar nuestro pluralismo, nuestra riqueza en la diversidad, nuestro dinamismo. Esperemos que la nueva cabeza de los obispos sepa liderar esa transición y nos libere de las oscuridades pasadas.

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