El género: ¿una ideología?

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Foto. ATE.El pasado mes de marzo la Asociación de Teólogas Españolas celebró sus X Jornadas de Teología en el Colegio Mayor Chaminade de Madrid. Con el título: “El género: ¿una ideología?” está asociación pretendió dar respuesta a una inquietud. Desde algunos sectores sociales y eclesiales se intenta desprestigiar el movimiento de mujeres y su reflexión, generando discursos relativos a la ideología subyacente en la reflexión que las mujeres realizan sobre el género.

Partiendo de este hecho, la junta directiva de la ATE decidió responder con la propuesta de unas jornadas que dieran otra visión de la reflexión femenina que, partiendo de distintas fuentes de conocimiento como la ciencia, la filosofía y la teología, pudiera ofrecer una respuesta a todo esto.

Con esta inquietud y una alta dosis de trabajo en equipo se inició un trabajo de búsqueda de ponentes, títulos y horarios de ponencias, que tras varios meses dio como resultado unas jornadas dinámicas e iluminadoras que ayudaron a cuantas personas se acercaron a reflexionar sobra la cuestión planteada.

El sábado, en el inicio de su jornada matutina, la doctora Mª José Barral, de la Universidad de Zaragoza y la doctora Rosa M. Medina, de la Universidad de Granada, compartieron un espacio de reflexión sobre el discurso que viene realizando la ciencia desde su historia y en el momento actual con respecto a la diferencia sexual. Nos ayudaron a caer en la cuenta de cómo el discurso científico ha ido dotando de identidad a los individuos en función de su sexo, de cómo eso ha ido condicionando las expectativas sociales sobre ellos y cómo la ciencia ejerce, de alguna manera, mecanismos de control relativos a las mujeres. Es importante destacar que la ciencia ha sido portadora de un discurso negativo respecto al sexo femenino, menos capaz, peor dotado, así como el hecho de que ese discurso científico no nacía de un trabajo objetivo, sino dependiente del pensamiento concreto de sus impulsores. La ciencia, podríamos concluir, es sospechosa de no ser objetiva en su discurso sobre la diferencia sexual.

Más avanzada la mañana tomaron el relevo de la reflexión la doctora Alicia Puleo, de la Universidad de Valladolid y la doctora Kari E. Borresen, de la Universidad de Oslo. Alicia desarrolló su discurso desde la presentación del término “ideología”, sus usos en la historia de la filosofía, para guiar la reflexión hacia el desprestigio que sufre el feminismo. Al considerar la ideología como algo que desvirtúa la realidad y la falsifica y cuando se atribuye ese epíteto al género, se niega el papel importante que este término ha jugado a lo largo de la reflexión femenina. El género ha ayudado a las mujeres a ver y entender su discriminación y exclusión social y ha abierto horizontes de libertad y esperanza para ellas que no pueden caer en el pozo del desprestigio de una ideología manipuladora. Negar al concepto “género” su importancia en el desarrollo de la igualdad para las mujeres es negar evidencias que empiezan a formar parte de nuestra historia.

Tomando el testigo de esta reflexión académica del concepto de género, la doctora Borresen presentó los modelos de género en la tradición cristiana. Ella presentaba cómo el feminismo ha supuesto una radical revolución epistemológica de la historia humana. La equivalencia de los sexos no está testimoniada en ninguna civilización conocida antes de finales del siglo XX, momento en que la política feminista de los países nórdicos obtiene buenos resultados para la realización de esta equivalencia de los sexos. Y esto plantea un problema real para el cristianismo, tanto católico como ortodoxo o protestante de carácter evangélico.

En la sesión vespertina la doctora Nerea Aresti, de la Universidad del País Vasco, presentó su reflexión sobre cómo la masculinidad también se ve afectada en el discurso sobre la diferencia sexual. Partiendo de un recorrido por el concepto de varón en la historia contemporánea buscó explicar la construcción de la masculinidad desde distintos acontecimientos que van marcando la historia española y cómo esta influye en su papel social y en relación con las mujeres.

Las ponencias concluyeron en la mañana del domingo con la reflexión de la doctora Clara Bingemer, de la Pontificia Universidad de Río de Janeiro, sobre cómo las mujeres pueden incorporarse a los tratados de Cristología. Ésta discurrió desde los problemas que algunos discursos teológicos plantean a la hora de incorporar a su pensamiento a las mujeres, o en algunos casos, ni siquiera tenerlas en cuenta. La Dra. Bingemer comentaba la necesidad de recuperar al Jesús de los evangelios para analizar cuáles fueron sus relaciones con hombres y mujeres y cómo esas relaciones interpersonales constituyen la base de su movimiento itinerante. Y desde ahí encauzó una reflexión hacia la cristología.

Pero, para dar una visión global de las Jornadas de Teología de la ATE, debemos hacer mención a los momentos de encuentro entre las participantes, que ayudaron a generar espacios de diálogo y vivencia enriquecedores para todas.
Foto. ATE.
Tal y cómo se viene desarrollando desde las anteriores jornadas, la junta de la ATE estableció un tiempo de intercambio y encuentro entre las distintas asociaciones de mujeres que participaban. El “café teológico” tuvo lugar la tarde del sábado y fue un grato y enriquecedor espacio en el que los distintos grupos compartieron su tiempo y sus experiencias, sus búsquedas, sus trabajos y sus luchas.

También hubo un tiempo para el trabajo teológico, seña de identidad de esta asociación. La jornada del domingo se inició con un encuentro de todas aquellas personas que quisieran escuchar la propuesta de iniciar seminarios de reflexión teológica que hizo la junta directiva de la ATE. Fue un momento intenso de propuestas, conocimiento del trabajo de las participantes y estímulo para continuar con la labor teológica femenina tan importante para la construcción de la Iglesia.

No cabe duda de que las Jornadas de Teología de la Asociación de Teólogas Españolas (ATE) constituyen un espacio de encuentro y reflexión para un importante número de mujeres. Su propuesta de trabajo y formación supone un beneficio eclesial incuestionable para todas aquellas que anhelan un mundo más justo y más participativo para todos los seres humanos. Esperemos que este siga siendo su papel con el trabajo y la colaboración de todas.

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