“La sociedad no está fuera, está dentro de cada uno de nosotros”

iglesia1-5.jpgA lo largo del primer trimestre de este curso, el Foro GOGOA ha abordado la Crisis Económica Mundial, atendiendo a sus efectos para las personas más débiles y para los países empobrecidos, con una mirada política y social. El ciclo lo ha cerrado este mes de diciembre Juan Antonio Estrada, con una reflexión hecha desde la teología y la filosofía sobre “el compromiso cristiano en un mundo en crisis”

 La crisis que atravesamos, ¿es sólo económica y financiera o tiene raíces más hondas?

 Hay algo de todo eso, porque estamos en un momento de cambio para la humanidad. Esta es una crisis global que señala el fin de una época y el comienzo de otra. La economía hay que comprenderla en el contexto de una cultura donde también se están dando fuertes cambios. Esperemos que la crisis sea para bien y abra mejores horizontes, pero no sólo para Occidente, sino para el Mundo entero.

 ¿La cultura occidental ha entrado en crisis?

 El código de nuestra cultura, la razón científica y tecnológica en la que se han depositado tantas esperanzas de progreso y mejora, se ha quedado corto, no tiene validez universal. Hace falta una revolución social, cultural, ética y religiosa que no sea válida sólo para una quinta parte de los seres humanos. Todo indica que ya Europa es sólo una provincia de la humanidad. Hay un desplazamiento del centro de gravedad económico, social y demográfico del mundo y el siglo XXI va a ser el siglo del Océano Pacífico, lo que nos hará olvidar los cinco últimos siglos en que el Atlántico ha sido el centro.

 ¿Cuál es la clave que da el sentido a la vida?

 Para mí, las relaciones humanas. Las relaciones interpersonales. Por mucho dinero, saber, prestigio o poder que atesoremos, todo es nada si no somos capaces de querer a otras personas y de sentir que somos queridos. Si experimentamos de una manera continua y prolongada relaciones de afecto, es entonces cuanto tenemos mucha capacidad para afrontar los problemas de sentido en la vida.

 ¿Están de acuerdo con eso las Ciencias del Hombre?

 Sí. Nos dicen que antes de que haya un “yo”, un individuo, hay un “nosotros” colectivo del que surge nuestro yo individual. Somos el resultado de un proyecto biográfico, y somos hijos de nuestra cultura. Aunque nuestra libertad esté condicionada, no tenemos un destino escrito. Cada quien escribe con sus decisiones su propia historia. Pero el camino más corto para encontrarnos con nosotros mismos es la relación con los demás. La sociedad no está fuera, está dentro de nosotros mismos.

 Y los bienes materiales, ¿para qué sirven?

 Los bienes materiales son necesarios para vivir con dignidad, para desarrollarnos como personas. Pero en Occidente hemos puesto el acento en el consumismo. Sin embargo, todos sabemos que comer una sencilla tortilla de patatas en compañía de personas queridas, nos hace más felices que saborear el mejor menú en un restaurante de lujo estando solos y no teniendo con quien compartirlo.

 ¿Es mucha la gente que sufre?

 Demasiada. La mayor parte porque carece de lo esencial para vivir humanamente. Pero en los países ricos mucha gente vive la vida y no le encuentra sentido. El alcohol y la droga son una fuga, una manera de quemar rápidamente una existencia que no merece la pena vivirse. En la sociedad española actual la segunda causa de muerte de los adolescentes es el suicidio, tras la primera que son los accidentes de tráfico.

 Las religiones ¿Tienen algo que aportar?

 La sociedad siempre han encontrado en las religiones un laboratorio de sentido. Las religiones han ofrecido siempre una aportación humanista y han influido en el código de valores sociales. Pero cuando las religiones se institucionalizan demasiado o no pasan por la ilustración, se hacen muy conservadoras, se llenan de miedos y no saben afrontar los desafíos del mundo actual. Se genera un vacío.

 ¿Cuál es expresamente la oferta de sentido cristiana?

 Jesús de Nazaret no habla tanto de Dios, cuanto de la vida y del sufrimiento humano. El código de sentido que ofrece está en el núcleo de su evangelio, son las bienaventuranzas, y eso es una oferta que se hace a todo el mundo, no sólo a gente cristiana. Sin pertenecer a ninguna religión concreta, cualquier ser humano puede experimentar que logra ser dichoso y feliz en su vida si se esfuerza por conseguir la paz y la justicia, si se solidariza con los pobres, si tiene corazón compasivo y entrañas de misericordia, si renuncia a la venganza, si no pone el dinero en el centro de su vida. Y eso, como creemos los cristianos, nos puede preparar también a afrontar nuestra propia muerte con una esperanza de sentido todavía más allá. Pero, en torno a un código de valores se pueden encontrar fácilmente personas creyentes y no creyentes.

 ¿Ha pesado mucho en Occidente y en la religión occidental la herencia griega?

 Sí, ese predominio de la razón, que llevó a definir al hombre como “animal racional”. Pero eso no es lo central. El amor es lo fundamental para el ser humano. El hombre no es “el ser que tiene la razón”, sino, ante todo, “el ser que ama y puede ser amado”

 ¿Qué actitud tuvo Jesús ante la religión?

 Jesús habló poco de religión y cuando lo hizo fue, a menudo, para criticar al judaísmo de su tiempo, porque en vez de ayudar, comprender y liberar a las personas, las cargaba de normas y problemas; y, en vez de levantar sus espaldas encorvadas por tantos trabajos, preocupaciones o sufrimientos, les agobiaba con ritos y prohibiciones. Una de las paradojas es que nuestro mundo rico, ese 20% de la humanidad al que pertenecemos, dice ser mayoritariamente cristiano. Ahora, a la Iglesia en su conjunto, al clero y a los laicos, le falta compromiso, creatividad y testimonio. Podríamos preguntarnos si no ha habido una reconversión del cristianismo al judaísmo de la época de Jesús, y si la religión de nuestro tiempo no merecería exacta o aproximadamente las mismas críticas. El Dios de Jesús no es neutral ni indiferente ante el sufrimiento humano. El camino de Jesús no es el del poder, la riqueza o el prestigio, sino el del servicio a los semejantes, al prójimo, ya sea próximo o lejano.

Compromiso cristiano en un mundo en crisis

Los cristianos son seguidores de una persona que, a consecuencia de su mensaje y su manera de vivir, murió ejecutado en la cruz. Pero “el Crucificado es el Resucitado”, ése es el eje central de la predicación y la praxis cristiana. Todo invita a una experiencia, desde la que se genera hondura humana, libertad y capacidad de discernimiento.

El compromiso transformador de una realidad de sufrimiento e injusticia no es sólo un sacrificio por los demás, sino una buena noticia para las víctimas de la sociedad a las que abre un horizonte de esperanza, y también un programa de vida que hace crecer en humanidad a quien lo sigue. Se trata, no de sentirse pequeño ante un Dios todopoderoso, sino de ayudar a un Dios débil que ha asumido, en toda su realidad, la fragilidad de la condición humana, y cooperar con él, en la creación de un mundo más justo y fraterno. Porque “la gloria de Dios es que el ser humano viva”, como escribió, en el siglo II, Ireneo de Lyon.

Y el mandato es “querer a los demás como a nosotros mismos”. El servicio a los demás nos humaniza, pero no debe convertirse en un obstáculo para que cada persona desarrolle sus posibilidades y proyectos vitales.

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