Religiosas sin hábito, siempre misioneras

Foto. Misioneras de Cristo Jesús.En el pueblo navarro de Javier, muy cerca del castillo medieval donde nació el misionero universal Francisco de Javier, se encuentra la modesta y alegre casa de las Misioneras de Cristo Jesús, instituto de vida religiosa exclusivamente misionero, formado hoy por 320 hermanas de trece nacionalidades, presentes, con una tarea evangelizadora que da preferencia a las personas más pobres, en una docena de países de África, Asia y América Latina.

Tres mujeres navarras: Maria Camino Sanz, Conchita Arraiza y Maria Teresa Unzu pusieron en marcha el Instituto el año 1944. Desde el comienzo, su espiritualidad y sus constituciones quedaron inspiradas por el modelo de Ignacio de Loyola y, como dos de las fundadoras provenían de la Acción Católica, decidieron que, aunque querían ser religiosas y profesar los votos de radical seguimiento evangélico, no usarían hábito y que su modo de vivir y vestir se acomodaría al de la gente a la que deseaban acompañar y servir.

Durante toda su trayectoria, las Misioneras de Cristo Jesús han querido prestar un servicio a la Iglesia Misionera, han cuidado mucho la formación civil y religiosa de sus miembros: hay entre ellas médicas, acupuntoras, enfermeras, maestras, profesoras, historiadoras, geógrafas, puericultoras, trabajadoras sociales, informáticas, administrativas y especialistas en pastoral. Las hermanas viven, cerca de la gente, en pequeñas comunidades una auténtica vida de familia, sencilla y alegre, con gran amplitud de horarios y planes, acomodándola siempre a las necesidades de la misión.

Como todo colectivo humano, han tenido sus crisis de maduración y crecimiento, resueltas siempre mediante el diálogo, el discernimiento y la oración para ser fieles al Evangelio y a la idea fundacional. Cuando, tras el Concilio Vaticano II pusieron al día sus constituciones y tareas, constataron que, desde su origen “el instituto, en muchos aspectos, se situó en líneas de avanzada, sobre todo en el terreno de la adaptación y en su actividad apostólica, que significaban una innovación en la manera de concebir y realizar la vida misionera”. La universalidad del Instituto ha sido una de las garantías de su continuidad.

Una experiencia intercultural en la cuna del Instituto

Foto. Javier Pagola.
Durante dos meses, 16 jóvenes hermanas misioneras de Cristo Jesús, originarias de Bolivia, Congo Kinshasa, Filipinas, India, Venezuela y Vietnam, que trabajan en esos mismos países y en Japón, han tenido un largo encuentro en España. Sus 16 nombres ya dan una idea de diversidad porque son, por orden alfabético: Adriana, Cecilia, Chau, Chrisbina, Dexis, Felicité, Gloria, Laurentine, Lidia, Lucie, Nadir, Rufina, Solange, Sunita, Thelma, e Yvonne. Trabajan en hospitales, leproserías, centros de salud y materno-infantiles, acompañamiento a enfermos de sida, en escuelas y educación informal, grupos de jóvenes, promoción de la mujer, atención a personas discapacitadas y en situación de exclusión social, niñas y niños de la calle, comedores populares, acción sindical y redes sociales, pueblos indígenas, acogida a inmigrantes, proyectos de microcréditos, promoción y defensa de la justicia y los derechos humanos, catequesis y acción pastoral.

Primero en Madrid, a lo largo de 17 días, compartieron una experiencia con mujeres jóvenes de otras tres congregaciones misioneras con las que realizaron talleres titulados “Contactando con el mundo intercultural” y “Nuevos caminos de la vida religiosa hoy”. Luego en Javier, cuna del Instituto, durante mes y medio, con breves escapadas a Loyola y Roncesvalles, han convivido con hermanas mayores, algunas de ellas disminuidas por los achaques de la edad y otras de una envidiable vitalidad, comunicando experiencias han trabajado, en una experiencia intercultural que han evaluado positivamente, cuestiones tales como “crecimiento personal e integración del grupo”, “una mirada creyente sobre la realidad de globalización”, “contacto con la pluralidad de un mundo intercultural”, “nuevos caminos de vida religiosa hoy”, “historia, carisma, constituciones y espiritualidad de las Misioneras de Cristo Jesús”. El idioma vehicular ha sido el castellano, pero con traducción al inglés y francés.

Una mirada cristiana a la realidad del mundo

La realidad de globalización, formidables avances tecnológicos y de comunicaciones, creciente desigualdad mundial y en el interior de cada país, y profunda crisis política, económica, social y cultural del sistema capitalista neoliberal, tiene consecuencias paralelas en todos los continentes. Pero esa realidad contemplada, país a país, presenta facetas diferentes.

Aspectos positivos del mundo de hoy les parecen valorar las diferentes culturas y el deseo de aprender de ellas, la hospitalidad y acogida, la diversidad lingüística y natural, la extensión de la democracia y leyes que garantizan derechos humanos, los programas públicos de salud y educación, la creciente participación en la vida política y social.

Consideran aspectos negativos la desigualdad y pobreza, la discriminación de personas y pervivencia de un sistema de castas, el rechazo a los diferentes, el tráfico de personas, los ataques y marginación a pueblos indígenas, el hambre y la desnutrición, la guerra y violencias de todo tipo, el aumento de la criminalidad y de las drogas, la inseguridad para personas y comunidades, los conflictos entre etnias y religiones, el mal uso y distribución de los recursos naturales, las agresiones a la madre tierra, la indefensión ante catástrofes naturales, el desempleo, la emigración del campo a la ciudad o a otros países por motivos económicos y políticos, la corrupción, el desencuentro entre los pueblos y sus gobiernos, la polarización política extrema.

Datos de la misión hoy

Foto. Javier Pagola.

Donde la Iglesia católica es minoritaria la jerarquía tiene un comportamiento más evangélico. En países de tradición católica suele estar más acomodada a los grupos de poder y sus intereses, cuida el culto y los sacramentos sobre todo, pero mantiene algunos servicios sociales valiosos, y, de vez en cuando denuncia injusticias, publica algunos documentos sociales de interés, y trabaja con otras confesiones y grupos por la justicia y la paz. La Iglesia de base está presente, con sencillez y humildad, junto a las personas más débiles y pelea por la justicia y los derechos humanos. Ofrece oportunidad de reflexión, formación y celebraciones vivas y esperanzadoras. Crea espacios de escucha y acogida, trabaja por la paz y se une a movimientos sociales y de voluntariado para mejorar la vida de la gente

Evaluación de esta experiencia

“Todo es misión”, concluye tras su prolongado encuentro este grupo de 16 jóvenes Misioneras de Cristo Jesús llegadas de tres continentes. Y regresan felices por varias razones.

Dicen que han tenido una experiencia profunda de Dios y de la fidelidad de sus hermanas. Han saboreado una entrega total que se vive con alegría, optimismo y sencillez.

A pesar de las dificultades lingüísticas, ha habido una gran interacción entre ellas. Han apreciado la vida intercultural que se vive en sus pequeñas comunidades y en todo el Instituto. Dicen que “es Cristo quien nos une”.

Consideran un regalo y una gracia haber tenido el encuentro en Javier, donde están sus raíces y las de quienes les precedieron. Cuentan que eso las llena de vitalidad y fuerza interior. Los testimonios de las hermanas de mayor edad se han convertido para ellas en una fortaleza e invitación a llevar un mayor compromiso en el seguimiento de Jesús.

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