Alavar, mucho más que una lavandería

El objetivo de Alavar es la integración y formación sociolaboral de personas en situación de exclusión social.A las siete de la mañana las lavadoras se ponen en marcha; todavía quedan por delante casi doce horas de trabajo. Pero no se trata de una simple jornada laboral, porque Alavar tampoco es una simple lavandería.

Gestionada por la Congregación de las Siervas de San José, Alavar tiene como objetivo la integración y formación sociolaboral de personas en situación de exclusión social como tránsito al empleo ordinario. La mayor parte de sus clientes son colegios mayores y residencias universitarias aunque, gracias a la ampliación del local, situado ahora en el polígono industrial de Getafe, han podido aceptar nuevos encargos y, lo más importante, aumentar la contratación. A día de hoy, Alavar cuenta con catorce personas empleadas, de las cuales cuatro mujeres y tres hombres están en proceso de inserción socio-laboral.

Con Alavar, las Siervas de San José han conseguido actualizar el deseo de la Madre Bonifacia, fundadora de la Congregación. La Congregación surge a finales del siglo XIX en Salamanca y nace en el taller de cordonería que tenía Bonifacia; de esta manera, quería dar respuesta a las jóvenes y mujeres que carecían de trabajo y que no tenían lo suficiente para vivir. «También el Taller, el lugar de trabajo, es un espacio de encuentro con Dios«. Siguiendo este camino iniciado por Bonifacia y tratando de dar una respuesta actualizada dentro del carisma, las siervas crearon una pequeña lavandería-tintorería en los bajos de una de las casas de comunidad que tienen en Madrid para emplear a mujeres en una situación de necesidad. «En Alavar la persona es lo primero. La clave del cristianismo es encontrar la tierra sagrada en la relación con las personas y, en especial, con aquellas que peor lo pasan. Es, a la vez, la experiencia que hizo la madre Bonifacia cuando afirmó que las niñas de su taller eran las ‘niñas de sus ojos’ y, sobre todo, ‘las niñas de los ojos de Dios». Así nos explicaba Susana de Andrés, sierva y actual gerente de la lavandería, la razón de ser de Alavar sin olvidar, claro está, que hay que conjugar la dignidad de la persona con las exigencias y responsabilidades propias del trabajo.

Las personas a las que ayudan se abren a otras realidades y ven que no son las únicas víctimas.En el enorme local de Getafe nos reciben Mayte, trabajadora social y Daniel, que realiza funciones de gerencia. Aunque ha disminuido la actividad porque llegamos en el cambio de turno, no significa que el trabajo escasee. Al contrario. En los últimos meses han tenido que ampliar los turnos llegando a trabajar incluso sábados y domingos. «Estamos especializados en lavado y planchado de ropa de baño y cama pero, quizá, lo que más nos diferencia es que también atendemos la ropa personal de los universitarios. Recientemente hemos aceptado como clientes a una cadena de restaurantes, no tanto por el beneficio económico, sino porque para los trabajadores supone una nueva especialización», nos explica Daniel.

Todos los trabajadores de Alavar son enviados desde el Centro de Servicios Sociales de Getafe. «Nosotros no pedimos ningún requisito, salvo que tengan ganas de trabajar y que se comprometan en su propio proceso para salir de esta situación de exclusión». El personal en proceso de inserción percibe un sueldo. Mayte es consciente de que no es mucho y que en muchas ocasiones es difícil llegar a fin de mes. Sin embargo, «Alavar quiere potenciar el deseo de salir a buscar un trabajo mejor remunerado. No queremos que se acomoden a esto, queremos que tengan ganas de comerse el mundo. Lo importante es que crean en ellos mismos«. Esa motivación es uno de los aspectos que se trabaja en esta lavandería y es que, además de trabajar, en Alavar se lleva a cabo un acompañamiento personalizado mediante itinerarios de inserción propios para cada persona. Como nos explica Mayte, responsable de este proceso, «el hecho de tener un trabajo no significa que esa persona ya esté integrada en la sociedad. Nuestros empleados han pasado por situaciones muy dolorosas y, por ello, hay que trabajar en cuestiones psicológicas, de vivienda o familia».

El proceso de integración socio laboral tiene una duración máxima de tres años divididos, a su vez, en tres fases: acogida, proyecto profesional y mejora de la empleabilidad y tránsito al mercado laboral. En cada una de esas fases se trabaja por medio de competencias: propias del trabajo (saber lavar o planchar), socio-laborales (tener iniciativa, actitud o saber trabajar en equipo) y personales (cuidado de la casa, alimentación o higiene). Para ello, Alavar cuenta con un equipo de profesionales que, convencidos al 100% del proyecto, trabajan codo con codo para que dichas personas alcancen, lo antes posible, el objetivo final de Alavar. De hecho, una de las últimas alegrías ha sido ver cómo una de las trabajadoras ha conseguido terminar dicho proceso en tan solo dos años. «Es difícil que las personas que salen de Alavar encuentren un trabajo rápidamente pero hemos conseguido que esta mujer quiera ampliar currículo. Tiene muy claro que no quiere trabajar de lavandera. Nuestro trabajo está hecho, hemos potenciado su motivación y sus ganas de trabajar».

La lavandería atiende restaurantes, colegios mayores y residencias universitarias.Por supuesto que no todos son alegrías. «Tampoco Jesucristo lo tuvo fácil cuando trabajó en Nazaret», matiza Mayte. Como en cualquier trabajo, hay miles de dificultades propias de la convivencia que se agravan, más si cabe, debido a la variedad de culturas y situaciones del personal. Y es que Alavar nunca ha querido cerrarse a un colectivo. «Hemos tenido situación de violencia doméstica, exiliadas políticas, inmigrantes o temas de desahucios. Esa mezcla nos encanta porque nos permite abrirnos a otros. Ellos mismos se abren a otras realidades y ven que no son las únicas víctimas de esta situación«. A día de hoy tiene la suerte de contar con un buen ambiente de trabajo porque no siempre ha sido así. «Es muy difícil gestionar la puntualidad o la responsabilidad con el trabajo. Eso nos da pena, intentamos darles miles de oportunidades pero hay gente con la que no se puede y hay que despedirles».

Tampoco es fácil sostener la producción con el proyecto social. «Nos puede lo urgente: sacar la ropa del cliente en las 48 horas acordadas». En esos momentos de caos, todos los trabajadores y trabajadoras tienen que arrimar el hombro. A Mayte y a Susana les gusta decir que en esos momentos se produce el verdadero encuentro con la persona y con Dios dentro de lo cotidiano. Otro tema espinoso es lidiar con la administración pública y pelear por las subvenciones. «El apoyo de la Comunidad de Madrid ha sido, en muchas ocasiones, escaso. Acaba de salir la nueva subvención que incluye los seis meses que nos debían del año pasado y hasta noviembre de este año. Se nota que estamos en periodo electoral. Sin embargo, sólo nos aportan el 20% de nuestros ingresos, el 80% restante procede directamente de nuestra actividad productiva y no se dan cuenta de que el retorno social y económico que nuestra empresa produce es mucho más de ese 20%. Cuando hablamos de subvenciones, no son ayudas a la empresa sino a la labor social que desempeñamos. Las empresas de inserción somos políticas activas de empleo».

Alavar se enfrenta al futuro con fuerzas e ilusión. Con ganas de ampliar y consolidar, más si cabe, el proyecto social: abrir la nueva línea de actividad de la tintorería con la idea de ofrecer una cualificación mucho mejor que la de lavandera y potenciar el proyecto social y la atención personalizada a las personas que trabajan en ella.

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