El poder de lo “micro”

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La nube de la colaboraciónHay quienes creen que Internet fomenta el individualismo. Pero la mayoría de nosotros y nosotras ya no recordamos dónde buscábamos la información cuando no existía Google, ni casi qué podía hacerse con un ordenador antes de que existiera Internet. Así comienza una lista inacabable de costumbres que han cambiado radicalmente debido a la revolución tecnológica que vivimos. Uno de los cambios más importantes en estos años es la forma de crear, compartir y comunicar cualquier proyecto y la forma de financiarlo.

Lo que antes se conseguía con cuestaciones en las parroquias, calles y comunidades de vecinos y vecinas, recorridos agotadores por empresas con el proyecto en una carpeta bajo el brazo, o la famosa “pequeña ayuda de los amigos” a la que se referían los Beatles, ahora se hace a través de una eclosión de páginas web orientadas a la participación. En dinero o en especie, como toda la vida.
Las iniciativas de este tipo se conocen como crowdsourcing -si están orientadas a compartir conocimiento, capacidades personales, talento u otro tipo de recursos- y crowdfunding si se trata sencillamente de conseguir dinero. En castellano podríamos hablar de «financiación en masa», «microfinanciación colectiva» y «micromecenazgo», que explican bien de qué se trata.

Para muestra, un ejemplo. Unos meses atrás, el dibujante Jaime Vicario lanzó una iniciativa para publicar la novela gráfica Paradeysos, que había creado durante sus estudios en Brasil, sobre la vida después de la muerte. La propuesta, en la plataforma Verkami, permitía a las personas colaboradoras seguir los avances en la financiación del proyecto, saber qué personas se incorporaban a la colaboración y también conocer algunas páginas de la obra y los comentarios del autor. Parte del éxito está en el interés por hacer posible un proyecto que, de otro modo, no sería viable. Pero una de las aportaciones estratégicas de esta plataforma es animar a autores y autoras a ofrecer recompensas en forma de contenidos especiales según las aportaciones: en el caso de Paradeysos las personas que aportaban fondos podían recibir a cambio un número menor o mayor de ejemplares del libro editado, posters impresos de una página elegida por los colaboradores y el pago a la vanidad por aparecer entre las dedicatorias y agradecimientos. Una de las especificidades de la plataforma, bastante común en el sector, es que si no se consigue la financiación total necesaria, a los participantes no se les cobra nada.

El sistema, que ha producido ya algunos éxitos en el ámbito de las obras culturales, como el primer disco de Jero Romero, también cuenta con el interés de diferentes actores sociales para financiar empresas con y sin ánimo de lucro. No quiere decir que todas sean un éxito, pero en los últimos años han surgido muchas iniciativas online especializadas en buscar inversores o patrocinadores para empresas de sectores específicos. En este concepto han nacido en los últimos años plataformas como Kickstarter, Injoinet, Sociosinversores, Verkami, The Crowd Angel, Fandyu, Goteo, Volanda, Partizipa, Lánzanos, Kreandu, Seedquick, Kifund (especializada en cine), La tahona cultural, FirstClap, Comproyecto…

Un paso más allá está una de las variedades de la creatividad colectiva, o crowdcreativity. Se trata de poner en común las ideas y capacidades creativas de diferentes personas para desarrollar proyectos basados en el arte, el vídeo o contenidos para Internet. Ejemplos: Awardesigns, Plan B, Userfarm, 12designer, adtriboo, spreadshirt.

En el ámbito de lo que se conoce como innovación abierta, el objetivo es más bien poner en contacto a pequeños proveedores o profesionales en régimen autónomo con empresas que tienen necesidades específicas y gestionar esa colaboració para utilizar recursos creativos orientados a desarrollar o generar ideas. Es el objetivo de Campus Labs, Ideas4all, comunitats, Infometal, Solucioneo, Worthidea, o Kredibility. Este fenómeno llega, en el campo de las relaciones entre clientes y empresas, hasta el concepto de cocreación: los clientes y clientas pueden colaborar muy activamente en el diseño de los productos (como en el emblemático caso de los calzados Munich o Starbucks) y, desde luego, criticar en abierto lo que no les gusta o lo que les parece mal de lo que hacen las empresas.
Y si es posible compartir dinero, conocimientos, ideas y negocio, mucho más lo es compartir propuestas de movilización. Como hemos podido ver en todo el mundo en diversos momentos de las revoluciones árabes, de la Spanish Revolution y en las dos últimas campañas electorales norteamericanas, otro de los ámbitos de aplicación más claros de esta nueva manera de relacionarse creativa y productivamente es la movilización, la denuncia y el cambio social. Herramientas como las que desarrollan Avaaz, Change (conocida hasta hace un año en España como Actuable), Causes, Whatif, ciudad, repara, 100medidas, junto con la proliferación del uso de las redes sociales, han logrado que diferentes personas se unan y consigan cambios desde pequeñas causas locales hasta el cambio de políticas determinadas.

Todas estas plataformas se basan en la existencia de públicos interesados en distintos tipos de actividad y en la facilidad con que cualquier persona que tiene una idea de cualquier tipo (empresarial, comercial, social…) con un mínimo de conocimiento de Internet puede poner en marcha un proyecto en unos pocos sencillos pasos. Y también elegir si desean ser protagonistas de su proyecto o participar en los de otras personas. En estos tiempos de falta de liquidez casi permanente, las iniciativas de microfinanciación son una brisa refrescante que hace posibles muchas pequeñas iniciativas (y unas pocas más grandes). Cabe la duda de cuántas de ellas serán realmente viables a medio y largo plazo y si en la sociedad española hay confianza y espacio suficiente para tantas plataformas. Lo que es seguro es que hoy en día, como siempre, se sale adelante con una pequeña ayuda de los amigos y las amigas.

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