Motivaciones para ir a la cárcel

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pag15_movimientos3_web.jpgQuiero invitarle al acto homenaje que tendrá lugar el próximo 19 de marzo en la Subdelegación del Gobierno. Se le reconocerá el trabajo que Vd. está llevando a cabo en el Centro Penitenciario de Villanubla y se le hará entrega de un diploma de reconocimiento.”

Cecilio Vadillo, Subdelegado del Gobierno.

Respondí con unas palabras de agradecimiento y principalmente al por qué yo iba a la cárcel como voluntario, que es lo que me preguntaban. Estas fueron mis palabras:

Soy un hermano marista, jubilado. Ayer precisamente cumplía años: 81. Hace cuatro que he dejado de dar clase en mi colegio, que tenemos aquí en la calle Joaquín Velasco. Desde entonces dedico parte de mi tiempo, como voluntario, a los internos del Centro Penitenciario de Villanubla. ¿Que por qué voy a la cárcel?
En la puerta de hierro de entrada de mi colegio hay un pensamiento de nuestro fundador, San Marcelino Champagnat, que dice: “Para educar a un niño hay que amarlo”. Podíamos haber puesto también este otro pensamiento, también de él: “Educar: es hacer buenos cristianos y honrados ciudadanos”.

Al jubilarme me dije a mismo: busca algo fuera del colegio en que puedas ser útil a la sociedad marginada. Busqué aquí en la ciudad. Encontré varios sitios. Al final opté por el Centro Penitenciario. Y es lo que estoy brindándoles a los internos de Villanubla:

 Mi tiempo y mi presencia, (que les haga olvidar durante unas horas la rutina carcelaria).

 Mi cercanía y mi compañía (porque si un día cometiera yo un error me gustaría que una mano amiga me ayudara y me visitara).

 Mi amistad y mi cariño (compartiendo sencillamente sus alegrías y sus penas durante las nueve horas que a lo largo de la semana estoy con ellos).

 En la clase de pintura que comparto con ellos hablamos, comentamos, disfrutan y disfruto porque trato de poner corazón y crear ilusión.

 En clase no sé lo que aprenden de mis lecciones, pero a mí me ayudan a ser más humano, respetuoso y compasivo con los errores ajenos.

El jueves pasado me decía uno de mis alumnos: “Don José, me duele estar aquí en la cárcel, pero quiero ser una persona digna y pacífica aunque esté preso. Este silencio de la celda (chabolo decía él) me ha hecho pensar y reflexionar mucho. Quiero cambiar”.

Es muy gratificante oír esto de un interno. Si ayudara a una sola persona de la cárcel a vivir en esperanza y con ilusión sus días de condena, me daría por satisfecho. ¿Alguno de ustedes conoce a alguien que va gustoso a la cárcel? Yo sí.

El hombre bueno, que pasó haciendo el bien a todos, pero principalmente a los excluidos y marginados de su tiempo, se llama Jesús de Nazaret y nos dice: “Tuve hambre y me diste de comer. Fui forastero y me acogiste. Estuve en la cárcel y me viniste a ver”. Termina Jesús diciendo: “Cuanto hiciste a uno de estos mis humildes hermanos, a mí me lo hiciste”.

 Foto. Maristas Ibérica.Yo me lo creo y por eso mi compromiso con ellos.

A nivel más familiar añadiré: ¿qué hago en la cárcel? Los primeros días fueron duros, muy duros. No sabía dónde me había metido. Se me venía la cárcel encima. Iba con todos los prejuicios que se viven en la calle.

Martes y jueves de 9:30 a 13 horas doy clase de dibujo-pintura. Los domingos acompaño al capellán en las tres misas que hay en diversos módulos. La cárcel tiene nueve. Tengo en clase alumnos de 21 a 65 años. De diversas nacionalidades y colores, cumpliendo condena por errores o crímenes de lo más diversos. Siempre he tenido etarras en clase.

El año pasado tuve ocho. Uno de ellos terminó la condena de siete años en mayo pasado. Al despedirse me obsequió con un libro dedicado con estas palabras: “A Don José, mi buen profesor y mejor amigo”. Me felicitó estas navidades con una tarjeta pintada por él.
A veces crean sus temas. A uno que hacía una mancha negra muy grande en el centro de la pintura en forma de fantasma extraño y cuatro cruces en rojo le pregunté qué significaba. “Son las cuatro personas que he matado y que llevo a mis espaldas como un peso insoportable”. Interrumpimos la clase para que el funcionario entre y acompañe a los alumnos a tomar la dosis de metadona que les corresponde para el día.

Te encuentras con personas con muy distintos estados de ánimo: unas que rezuman odio, desesperanza, angustia, soledad porque nadie las quiere ni visita… pero en todas hay un granito de bondad y buenos sentimientos. Trato de que afloren. Les reparto la hoja de José Antonio Pagola, comentando el evangelio de cada domingo. Les aconsejo escribir por detrás de la hoja en blanco lo que les ha sugerido la lectura. Tantas horas solo en el chabolo dan pie para todo.
“Tengo cuatro hijos, te pido Jesús que no se vean como yo aquí en la cárcel. Haz que sean buenos”, ponía uno en la hoja.

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