Para ayudar a que venga el nuevo día

Activistas de uno de los movimientos participantes en el FSM 2015. En medio de las discusiones sobre el futuro del Foro Social Mundial (FSM), me parece importante profundizar la llamada que este encuentro significa para las tradiciones religiosas en dirección a la construcción de una espiritualidad laica y pluralista. Laica por no vinculada a ninguna iglesia o religión y pluralista por estar abierta a lo que el Espíritu nos dice a través de las tradiciones diferentes de la nuestra y también porque nos habla desde el mismo proceso del FSM como secular y transreligioso.

Para nuestro tema, una primera constatación es que el programa “otro mundo es posible” coincide, al menos en parte, con las propuestas básicas de las antiguas tradiciones espirituales de la humanidad. No debemos reducir las tradiciones espirituales a su dimensión social y política. Sin embargo, no podemos ignorar que casi todas las tradiciones espirituales buscan responder al sufrimiento humano y se proponen como camino de salvación. El judaísmo tiene su fuente en el éxodo de los esclavos hebreos, dirigido por Dios, de Egipto a la tierra de la libertad. La tesis del historiador de las religiones Reza Aslan es que el Jesús histórico era un zelota que luchó contra la dominación romana. Independientemente de si estamos o no de acuerdo con eso, no podemos negar que él vivió y luchó por la realización del Reino de Dios, que tiene una dimensión social. En el Islam muchos movimientos y grupos actúan en entidades que participan del proyecto del FSM. En América Latina, las tradiciones ancestrales de los pueblos amerindios y cultos afro-descendientes han sido importantes en la resistencia de las comunidades y son, por lo tanto, elementos que dan fuerza al proceso por otro mundo posible.

Puede ser que sea ahora la primera vez en la historia que ha surgido una propuesta como la del Foro Social Mundial. El Foro indica una utopía o esperanza que antes aparecía como religiosa y ahora toma una forma secular, no partidista y pluralista. El Foro hace eso como una auto prueba (ensayo) de los grupos sociales. El FSM no quiere conducir ni indicar decisiones. Simplemente quiere ser espacio para el diálogo y el intercambio entre los diversos grupos e iniciativas sociales. La propia elección de ese camino implica ya la fe y la confianza en los grupos de base y una opción por un camino de no poder y no dominio. Ésa es su mística o «espiritualidad».

Cada vez más aumenta el número de personas e instituciones vinculadas al FSM que critican la forma de organización del FSM. Algunos que rechazan esa naturaleza no directiva del Fórum pertenecen a una cultura política que mantiene una verdadera fe religiosa en el poder. En la mayoría de las tradiciones religiosas, la figura del líder, del Skeik, del gurú o shaman, es la representación del poder divino. También las Iglesias cristianas tradicionales dicen que consideran el poder como servicio, pero exaltan un poder jerárquico que, en todo, se parece a cualquier otro tipo de poder. También los grupos de izquierda vienen de una tradición autoritaria que algunos llaman «centralismo democrático».

Las manifestaciones del FSM implican el cuerpo y las emociones. De hecho, algunas personas y grupos que aceptan esa propuesta del FSM argumentan que sería necesario una articulación anterior a cada foro que asegurara una autogestión de las iniciativas sociales a través de una articulación previa entre las diversas reuniones y grupos de trabajo para impedir que los seminarios y sus temas se repitan unos a los otros y se den de forma yuxtapuesta y paralela. Algunos también critican que, por el hecho de que el FSM no proponga una continuación del camino recorrido hasta ahora en los diversos foros ya realizados, se corre el riesgo de volver siempre a una especie de «zona cero» y no tener en cuenta las etapas ya recorridas. Así, por ejemplo, sería bueno que cada foro pudiera partir de las conclusiones o de los puntos hasta donde llegó el foro anterior. Así se podría garantizar cierta continuidad.

Es probable que esas críticas sean justas y el Foro necesite cambiar de metodología. Lo importante es que se mantenga la mística de partir siempre desde abajo, esto es, de los más pobres. Se puede intentar cierta directividad, siempre que sea alcanzándola por medio del consenso y de forma compartida. En las últimas décadas, los indios andinos proponen un nuevo paradigma social para toda humanidad. Este paradigma viene de antiguas tradiciones indígenas y puede ser una nueva forma de construir el futuro: el bien vivir (sumak kwasay del pueblo quechua, sumak kamana de los aymara y el Teko Porã de los guaraníes). En la búsqueda del bien vivir, las decisiones se toman por consenso, construido en la escucha paciente del otro y en el diálogo, diálogo exigente y no siempre de resultado inmediato.

El FSM vive ese paradigma de una manera que implica el cuerpo y las emociones. Cada foro se hace en un ambiente de fiesta. Las canciones y bailes no ocurren como recreo en medio de las actividades serias. Son elementos centrales en esa nueva cultura de los grupos sociales. Ese hecho debería interpelar a nuestras comunidades en su forma de entender y vivir la espiritualidad. Hay una dimensión corporal y hasta erótica que forma parte del nuevo camino de transformación del mundo y es un elemento importante de esa mística o espiritualidad laica y pluralista. Sea como sea, el Foro aparece como un nuevo espacio de diálogo y cooperación entre las diversas tradiciones espirituales.

Si en foros anteriores parecía haber cierta dificultad de asumir el elemento propiamente religioso, en la edición del Foro de Túnez 2015 hubo más de 40 grupos de trabajo que se ocuparon de la relación entre la religión y la liberación. La mayoría de esos grupos eran cristianos y musulmanes. En ese foro ocurrió lo que John B. Cobb había descrito como un movimiento que consiste en «ir más allá» de su propia tradición para regresar a ella.

Las sesiones del FSM se llevan a cabo cada dos años. Ese proceso requiere una continuidad en las bases. Esto no se refiere sólo al trabajo, a los compromisos sociales que cada grupo desarrolla y se refleja en los foros. Es especialmente importante que el espíritu del Foro se materialice en la vida diaria, específicamente en la forma como vivimos las relaciones sociales y la fe. Las comunidades religiosas, sean cristianas, musulmanas o de otras tradiciones, no pueden vivir en dos mundos: vivir un camino “horizontalista” y de comunión que el FSM hace vivir durante unos días y, al regresar a casa, retomar la cultura jerárquica, vertical y autoritaria aún vigente en muchas de nuestras tradiciones. Nuestra manera de orar, celebrar y organizar la vida no puede hacer de nuestras comunidades espacios sagrados dentro de un mundo secular. Para los cristianos en la Alemania nazi, retomando un antiguo principio jurídico, Bonhoeffer propuso «vivir en Dios y con Dios, pero como si Dios no existiera». Esa propuesta nos puede ayudar a resistir y vencer las tendencias fundamentalistas de nuestras propias tradiciones y dar pasos en el espíritu de un foro mundial transreligioso y liberador. El FSM provoca a las tradiciones religiosas para que vivan un camino de amor como «la espiritualidad humana y secular». Ken Wilber llama “visión integral” a ese proceso que nos hace pasar de una etapa de vida egoica o egocéntrica a una fase humana marcada por la dimensión etnocéntrica (centrada en el grupo, iglesia o club) hasta llegar finalmente un modo de vivir cosmocéntrico, en el cual, experimentamos y somos testigos del Espíritu como amor.

*Marcelo Barros es monje benedictino, teólogo y biblista, actualmente coordinador latinoamericano de la Asociación Ecuménica de Teólogos/as del Tercer Mundo (ASETT), consejero en Brasil de las comunidades eclesiales de base y de movimientos sociales. Tiene 44 libros publicados en diversos idiomas y colabora con diversas revistas internacionales de teología.

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