Programa Magnificat: educación prosocial a través del voluntariado escolar

magnificat.jpgEl programa Magnificat nace en octubre de 2006 con la intención general de implementar la educación prosocial y el voluntariado escolar juvenil en 9 colegios Marianistas de España situados en Madrid, Jerez de la Frontera, Cádiz, Ciudad Real, Pola de Lena (Asturias) y Valladolid. Como puede leerse en el proyecto, en el contexto actual del siglo XXI se hace necesaria, más que nunca, una Educación de Calidad. Una calidad que no debe situarse sólo en el ámbito académico-instructivo, sino que debe estar impregnada de los valores y actitudes necesarios para formar ciudadanos prosociales en un mundo complejo, globalizado y con grandes injusticias todavía. Podemos expresar esta idea en la siguiente fórmula: calidad educativa = calidad académica + calidad humana.

El Programa Magnificat promueve una solidaridad que llegue a cambiar estructuras sociales, y no acciones con poco calado social y de dudosa motivación por cambiar las realidades injustas. No proponemos actividades sin más, sino experiencias que modifiquen y refuercen actitudes. Por ello queremos formar personas capaces de:

Pensar con el otro. Ello implica el desarrollo del pensamiento prosocial, de mapas mentales de la solidaridad, de un pensamiento crítico, de modos de pensar en positivo que provocan sentimientos positivos con el otro y consecuentes acciones prosociales. Pensar con el otro es compartir nuestros diferentes mapas de leer el mismo territorio, el mundo local y global que habitamos, para caminar juntos y construir juntos.
Sentir con el otro. Cuando nos sentimos afectados por la realidad y las necesidades del otro, nuestra percepción se hace más auténtica y detallista, más próxima a la realidad y libre de prejuicios y barreras cognitivas. La afección empática nos predispone con más fuerza y motivación a la acción prosocial, a tratar de resolver la necesidad del otro y a sentirnos de alguna manera responsables de su problema.
Hacer con el otro. No basta con hacer el bien, hay que hacerlo bien. Quien no sabe qué hacer o cómo hacer, difícilmente se va a implicar en acciones prosociales. Si los buenos pensamientos y fuerzas afectivas no se pueden canalizar hacia el otro por falta de herramientas y habilidades prosociales, las actitudes se debilitan. Por ello es esencial formar las competencias y capacidades de ayuda como la escucha, la comunicación verbal y no verbal, el trabajo en equipo, la asertividad y todas aquellas capacidades específicas según el ámbito o colectivo de ayuda.

En muchos centros educativos, no sólo Marianistas

A fecha de hoy, y después de tres años de trabajo en la implantación del programa, compartimos nuestra experiencia y reflexiones con otros centros educativos que desean embarcarse en esta aventura pedagógico-solidaria. De hecho muchos centros han pedido asesoramiento para implantare el programa.

Magnificat no se ha desarrollado con la misma intensidad ni con la misma velocidad en todos los centros. Las claves del arranque hay que encontrarlas sobre todo en la designación de una persona responsable que dinamice, comience a dar los primeros pasos y se rodee de un buen equipo de colaboradores, sobre todo padres y madres de familia que acompañen a los alumnos en sus tareas de voluntariado. Aunque se han apuntado algunas otras dificultades como las posibilidades que ofrece el entorno del colegio, la situación y el contexto socio-económico del centro, etc., lo cierto es que la designación del responsable ha supuesto el arranque definitivo en todos los centros donde se ha hecho.

El programa Magnificat, pone su acento en el voluntariado de bachillerato aunque se trata de un proyecto transversal que debe comenzar desde Educación Infantil y reforzar ahí el Proyecto Ayuda y su continuidad hacia arriba (ESO-BACH) que tiene una amplia aceptación en los colegios marianistas. El programa, desde el punto de vista académico, se ha proyectado de dos modos: unos contenidos y experiencias formativas para todos/as los alumos/as; y una opción voluntaria para los que quieran comprometerse en proyectos de voluntariado social. La parte formativa es la que más versiones tiene, en relación con las caracteristicas de cada centro: en unos se vincula a la asignatura de Ética, en otros se concreta en tutorías, o en Formación Religiosa, etc. A la hora de proponer proyectos de colaboración a los alumnos, los centros suelen crear un espacio informativo en el que las ONGs se dan a conocer. En dos centros también se opta por un día de visita curricular a varias ONGs con alumnos/as y profesores/as y a partir de ahí se ofrece el voluntariado. Estas visitas son motivantes para los alumnos, pero lo interesante es que también lo son para los docentes, más que la visita de las ONGs al colegio: es bueno que el profesorado también salga de su entorno.

La formación de varios responsables de Magnificat en colegios que han participado en el curso de Especialista Universitario en Educación para la Solidaridad y el Desarrollo de FERE y Universidad Pontificia Comillas también ha sido clave para el enfoque y la sostenibilidad del programa en el tiempo. La propuesta de Magnificat desde la propia congregación (a través de la Fundación Educativa Marianista Domingo Lázaro) a nivel nacional como algo para todos los centros es novedosa con respecto a otras congregaciones de escuelas católicas que han preferido comenzar por una experiencia piloto en un centro y luego ir extendiendo a otros centros, con no pocas dificultades y discreto éxito, al faltar un programa marco definido y comunicado desde el comienzo a todos los equipos directivos. Además en Magnificat se piensa en ampliar el programa a los colegios marianistas de Chile.

*César García-Rincón de Castro es el Presidente de la ONG Homo Prosocius www.homoprosocius.org

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