Una parroquia abierta al barrio

granada.jpgCasería de Montijo es un barrio obrero de Granada, ubicado en una de las zonas más deprimidas de la capital granadina. El problema del paro siempre ha estado presente, pero ahora se ha instalado de forma permanente entre sus vecinos. Los senegaleses, los gitanos, los payos o los marroquíes que han elegido este lugar del planeta para vivir culpan a los profetas del ladrillo.

Santiago Cortés es una de las víctimas de la crisis, del paro, de la especulación, de la injusticia… Un buen día buscó al párroco de la Iglesia de las Mercedes de Casería de Montijo, Manuel Velázquez, para proponerle montar una asamblea de parados del barrio. Luz verde. No se presentaron a la sociedad granadina de brazos cruzados, sino pintando calles, arreglando los bancos de una plaza, limpiando las aceras. “No queremos limosnas, sino trabajo”, anunciaron en un emotivo acto, un caluroso domingo del pasado mes de octubre. Las parroquias del arciprestazgo de Cartuja, la HOAC, los vecinos y la plataforma de la zona Norte no quisieron perderse la presentación.
La parroquia de Casería se convirtió en el punto de encuentro de Babaka, de Miguel, de Santiago, de… un grupo integrado, siete meses después, por 260 parados. Las administraciones públicas elogiaron la iniciativa, pero poco más. Los bancos seguían pasando los recibos de las hipotecas y ya se sabe: tres meses sin pagar, embargo al canto. La parroquia no vive de espaldas a sus vecinos.

La torre de babel existente en esta barriada donde más del 10% de su población es inmigrante, senegaleses sobre todo, así como el elevado índice de fracaso escolar entre los más jóvenes con unas tasas superiores al 28% de abandono escolar, no puede dejar indiferente a nadie, menos aún a un inconformista como este sacerdote granadino nacido en plena posguerra (1943) y educado en un seminario que dejó una de las mejores canteras de curas obreros de este país.

Velázquez salió por las calles de este barrio en busca de adolescentes que habían dejado la escuela para invitarles a participar en un taller de forja. Él creyó en estos adolescentes. Ellos, ahora, creen en él. El taller de forja es conocido como ‘Guangosé’. “Lleva el nombre de un alumno de los primeros que tuvimos y que murió de un ‘shock’ fulminante cuando un día se encontraba en el portal de su casa. Su pérdida se sintió mucho entre nosotros, entre los vecinos de la barriada. Quisimos rendirle un pequeño homenaje. Debo confesar que él se llamaba Juan José, pero la forma de pronunciarlo de sus amiguetes era ‘Guangosé’ y así se quedó”, comenta Manuel Velázquez.

Un taller pequeño de espacio, pero amplio de miras y futuro. Ahora son chavalitos inmigrantes quienes están subiendo a probar, incluso uno de ellos se ha quedado de profesor porque en Senegal trabajaba la forja, y, según dicen, de sus manos sólo sale arte. Aquí no se le piden papeles a nadie: cuenta el ser y no el tener.

De Senegal a Granada

Si las casas de esta barriada simulan un arco iris, los rostros que asoman por sus calles también son multicoloridos. Un colegio ubicado aquí, el Miguel Hernández, recibió un premio nacional de multiculturalidad e integración hace más de seis años. No hay exclusión, sino inclusión. Ninguna religión es mejor que otra, todas unidas son más fuertes. Impera el respeto de unos hacia otros, de todos hacia su Dios. No puede ser de otra manera en un barrio donde los yihad (pañuelos que tapan la cabeza de mujeres musulmanas) forman parte del paisaje de cualquier parque, en las aulas también asoman.
Los senegaleses forman parte de la comunidad más numerosa en el barrio. Un grupo de 25 de ellos han constituido un grupo católico, ¡cómo no! impulsado por este gran hombre de la iglesia de Granada. Un mapamundi, pero no mudo, donde los intereses de estas personas que llegaron en patera o en los bajos de un camión, confluyen con los del resto de la barriada. Hace tres años se puso en marcha un curso para enseñar castellano a personas como Babaka, Mohamed, Sharina o Ilenia. La iglesia católica de las Mercedes se llena de musulmanes, en su mayoría, aprendiendo el castellano. “El objetivo del proyecto no es sólo ayudar al inmigrante a conocer el idioma, las costumbres y la cultura del lugar. Además nos proponemos crear un espacio de convivencia donde llevar a cabo una verdadera pedagogía del encuentro que ayude al conocimiento y enriquecimiento mutuo”.

santiago_cortes.jpgEl encierro

Por no dar la espalda a sus vecinos, la Iglesia de las Mercedes no le cerró las puertas a Santiago Cortés, el presidente de la asamblea de Parados de Casería de Montijo, cuando le dijo al párroco que quería encerrarse en huelga de hambre para exigir dos cosas muy sencillas: un puesto de trabajo y frenar el embargo de su casa por impago de recibos de la hipoteca. Este hombre de 38 años y con tres hijos inició el encierro el jueves santo, el mismo día que empezó el calvario de Jesús. “Santiago somos todos” fue el lema de sus vecinos, de la asamblea de parados del barrio, era el rostro de una crisis vergonzante que la están pagando con creces estas gentes, esos parados de las cuatro esquinas del país, los ‘sin papeles’, mientras los profetas del ladrillo, ahora, miran hacia otro lado. Su rostro dio la vuelta al país en periódicos y televisiones. Tras 22 días de calvario, logró frenar, de momento, el embargo de la vivienda. Y además, las administraciones han impulsado un proyecto para dar empleo a 57 parados de Casería Montijo. “Lo he pasado mal, pero ha merecido la pena”.

El padre Manuel Velázquez ofreció la comunión a este hombre el 1 de mayo, la fiesta de san José Obrero, la fiesta del trabajo. Se ponía fin a 22 días de huelga de hambre en una misa muy emotiva con la iglesia abarrotada de inmigrantes, vecinos, curas, Hoac, Movimiento Cultural Cristiano, lemas por la dignidad humana colgados de las paredes. David venció a Goliat, con la parroquia detrás, abierta a sus vecinos, apoyando… “El más débil ha sido el más fuerte”, resumió Velázquez.

Ahora se ha puesto en marcha otro proyecto, un taller de encuadernación, en otro espacio de la parroquia. El camino se anda, pero nunca acaba.

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