«El círculo»

254nortesur5.jpg “EL CÍRCULO” (2000). Irán / Italia.

 Duración: 90 minutos.

 Género: Drama. Director: Jafar Panahi.

 Guión: Kambuzia Partovi.

 Fotografía: Bahram Badakshani.

 Montaje: Jafar Panahi.

 Intérpretes: Maryiam Parvin (Arezou), Nargess Mamizadesh (Nargess), Fareshteh Sadr Orfani (Pari), Monir Arab (vendedor de tickets), Fatemef Naghavi (madre), Elham Saboktahin (enfermera), Mojgan Faramarzi (prostituta).

La película fue ganadora del León de Oro en el Festival de Venecia. Es la tercera película del director Jafar Panahi, que ya demostró en “El globo blanco” y “El espejo”, que es uno de los mejores realizadores iraníes.

El nacimiento de un ser humano es, normalmente, un acontecimiento conmovedor pero toma un cariz distinto en las primeras escenas de “El círculo”, donde el conocimiento del sexo del recién nacido: “Es una niña”, marca el tono de la película. A través de historias diferentes protagonizadas por mujeres, se refleja la crudeza y las situaciones de marginación que deben soportar éstas, para subsistir en una sociedad donde lo femenino ocupa un lugar secundario.

La estructura del film tiene carácter casi documental. Se utilizan planos muy largos, como si el realizador quisiera atrapar el tiempo. La cámara va de una mujer a otra, de una historia a la siguiente, de un drama que no se diferencia del anterior y así sucesivamente. El espectador no recibe ninguna explicación, lo que acentúa más la indefensión de estas mujeres. Unas mujeres que, sin embargo, a fuerza de coraje buscan encontrar la manera de sortear las injusticias y las desigualdades de un sistema fundamentalista.

El mundo urbano está muy bien reflejado a través de múltiples detalles de la vida cotidiana: mujeres completamente cubiertas, la presencia constante de policías que actúan de forma represora, la libertad de los hombres para tener varias esposas, el matrimonio como única posibilidad de realización femenina y la prostitución, tratada de una manera sutil, pues es un tema tabú en Irán. De hecho, la película está prohibida en este país. Como el propio director reconoce, la censura le exigió que cortara 18 minutos de metraje. En concreto, las secuencias en las que la mujer que abandona a su hija se sube a un automóvil como prostituta y algunas imágenes que hacían referencia a la policía.

Algunas de las actrices son profesionales y otras no. Varias de ellas han conservado sus nombres verdaderos en la película, lo que demuestra el grado de compromiso que han asumido. En una entrevista realizada a Panahi, sus palabras son muy reveladoras de cuál es el rol que cumple la mujer en Irán: “Su libertad es tan limitada que parecen estar en una gran cárcel y no sólo una clase determinada de mujeres, sino todas, como si cada mujer pudiese sustituir a otra en un círculo que las hace a todas iguales”.

Cuando la mujer cocina, limpia y accede a los deseos del hombre entonces sí tiene un rol definido. Jafar Panahi no oculta la intencionalidad de su película: es un alegato contra un sistema opresor que relega a unas en beneficio de otros. El cine es un medio que sirve para mejorar una situación y, como el director explica “(…) aspiro a un escenario democrático en el que no exista censura”.

Sin embargo, más allá de las situaciones particulares que narra, se muestra un mensaje globalizador, porque la discriminación sigue estando presente en muchos lugares del mundo. Incluso en aquellos que ya han conseguido cotas importantes de igualdad, todavía resulta cercano en el tiempo el recordatorio de que no siempre ha sido así.

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