nortesur3.jpgTender puentes allá donde otros los destruyen, escuchar a quienes nadie quiere que oigamos, estrechar lazos. Esas fueron las metas de la iniciativa “Puente a la otra orilla” que, el pasado mes de octubre, llevó a un grupo de políticos, periodistas, escritores, artistas y activistas a los campos de refugiados palestinos en el Líbano. Más de cuatrocientas mil personas malviven en ellos sufriendo restricciones de sus derechos humanos desde hace décadas. Conocerlos de primera mano y abrir el corazón y la mente a la realidad de las personas que allí viven, fue la finalidad del viaje impulsado por la ONG Cultura, Paz y Solidaridad.

«Hemos vivido una realidad que es la hermana pobre de los conflictos mundiales«, explicaba al regresar el portavoz de ICV a la Diputación de Barcelona, Arnau Funes, participante en el viaje. En Líbano existen doce campos de refugiados reconocidos por la ONU y alrededor de diez campos ‘ilegales’ establecidos en terrenos ocupados.

La comitiva española pudo visitar cuatro de ellos: Chatilla, Al Baddawi Naher Al Bared y Ein El-Hilweh. Estos dos últimos se encuentran rodeados de un muro de más de dos metros de altura con alambre de espino en la parte superior. Sus habitantes son sometidos a constantes controles militares y ven restringidos sus derechos laborales y civiles. El índice de pobreza es muy elevado y la población sufre carencias de todo tipo. Por ejemplo, en el ámbito sanitario, tan sólo hay tres médicos a dedicación completa para 85 mil refugiados, según datos de la ONG impulsora de la iniciativa.

Tal y como narra Teresa Aranguren, quien también tuvo oportunidad de participar en el viaje, “esta situación lleva siendo así desde hace décadas”. La única salida parte, según la periodista y escritora, de “la capacidad de la población palestina de sobrevivir y resistir”. Esta vitalidad se hace patente en el gran número de asociaciones que surgen en los campos de refugiados como una alternativa laboral para los jóvenes y que, además, sirven como entidades canalizadoras de inquietudes, valores culturales y artísticos que, de otra manera, sería imposible desarrollar.

nortesur3bis.jpgGuerra por el agua

Durante el viaje, los participantes también tuvieron la oportunidad de encontrarse con representantes del gobierno del Líbano –un país en el que conviven 17 confesiones religiosas– y de comprobar que el ideario político parlamentario libanés que es sumamente complejo. “Se hacen equilibrios de circo para poder mantener la estabilidad del país”, explica Nabil Mansour, músico catalán de origen palestino participante en el viaje.

Junto con el mosaico religioso, los propios recursos y materias primas forman parte del conflicto. “Es la guerra por el agua”, afirma Manuel Tapial, presidente de Cultura, Paz y Solidaridad. Para mantener la intensa producción agrícola, Israel necesita apropiarse de los recursos hídricos de la zona. “De ahí han venido las sucesivas guerras en el sur de Líbano y la ocupación de los Altos del Golán en Siria”, según el representante de la ONG.

Como fruto de este viaje, los participantes han elaborado un informe que será enviado a los gobiernos libanés y español, al Alto Comisariado de de Derechos Humanos de la ONU, así como a la Presidencia de la Unión Europea. En las conclusiones del informe, se pide a Zapatero que se comprometa en la defensa de los derechos de los palestinos. El documento, que puede descargarse de la web de la organización, también reclama a los organismos internacionales que condicionen los acuerdos con Israel en cualquiera de las materias al cumplimiento de las resoluciones de ONU.

Para más información:

www.culturaypaz.org
http://puentealaotraorilla.wordpress.com