Sudán del sur, el difícil alumbramiento de un nuevo país

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En 2011 el mundo está asistiendo al nacimiento de un nuevo país, Sudán del Sur. El camino hacia su independencia ha sido largo y ha estado lleno de dificultades y de violencia, especialmente hasta 2005, año en que se firmaron los acuerdos de paz. La región cristiana situada en el extremo sur de Sudán –el país más grande de África hasta el momento– celebró un referéndum de independencia del 9 al 15 de enero de 2011. Los resultados oficiales arrojaron un apoyo del 98,83% a los partidarios de la escisión. Finalmente, la independencia será proclamada el 9 de julio de 2011.

Tras el acuerdo de 2005, 82 congregaciones del mundo se unieron con el fin de apoyar un esfuerzo inter congregacional de cooperación para el desarrollo en el Sur de Sudán y crearon la Fundación Solidaridad con Sur Sudán. Desde esta organización se puso en marcha un gran programa educativo y sanitario que incluía la formación de profesionales para mejorar la atención de las necesidad básicas de la población en dichos ámbitos, imprescindibles para luchar contra la pobreza.

En España se creó la Plataforma “Solidaridad Sur Sudán (SSS)” compuesta por las ONGD SED, PROYDE y la Fundación PROCLADE para la búsqueda de financiación para este proyecto. Hasta la fecha se ha logrado el apoyo de la AECID, Cáritas y Manos Unidas con casi un millón de euros. Las tres organizaciones forman parte de REDES (Red de entidades para el desarrollo solidario), que lidera la campaña “África cuestión de vida, cuestión debida”.

En la actualidad ya son más de 180 congregaciones las que forman parte de SSS, en el terreno hay 29 misioneros, de 19 congregaciones distintas y 17 nacionalidades diferentes, repartidos por toda la región. Desde allí nos llega el testimonio de una religiosa filipense, que desarrolla su labor en la ciudad de Malakal.

Fotos. Solidaridad Sur Sudán.

Sueños que se van volviendo realidad

Luz Enith Galarza Melo

Durante la primera celebración en diciembre de 2008 que, como comunidad, reunió al grupo de misioneros enviados para iniciar la formación de sudaneses en las áreas de pastoral, salud y educación, en nuestro proyecto Solidaridad con el Sur de Sudán recibimos un valioso mensaje que resultó ser también la más valiosa enseñanza.
Monseñor Paulino Luku du Loro, obispo de Juba nos dijo: “Ustedes vienen a enseñar, pero lo primero que harán los sudaneses es leerles el corazón”; refiriéndose al hecho de que la gente sabe en realidad si el trabajo realizado con ellos y por ellos parte desde allí o tiene otro origen.

En estos casi tres años he tenido la posibilidad de ir entendiendo el sentido y la dimensión de estas palabras en lo personal, como grupo y de cara a tantos otros agentes externos que vienen y van, como han venido y se han ido tantos desde que se firmó el acuerdo de paz en el 2005.

El número de órdenes religiosas que integran nuestro proyecto se incrementa cada vez más y, evaluando de modo general lo logrado hasta el momento, se puede notar un crecimiento de aquel que a nosotros mismos nos sorprende, dado que las condiciones no son fáciles y las dificultades son muchas.

Somos misioneros y misioneras, aceptamos la invitación de los obispos para venir aquí y así lo elegimos, es una opción que, paradójicamente, se renueva ante cada obstáculo, pero últimamente aquello que más nos afecta es la incertidumbre ante los graves y repetidos (más 150 en lo corrido del año) brotes de violencia que tristemente ensombrecen la esperanza de un nuevo país que nace y queremos ver crecer.

Malakal por ejemplo, ha sufrido dos ataques desde comienzos de año. Durante el primero todavía no habíamos iniciado las clases con los maestros. Se enfrentaron dos de los tres ejércitos que hasta ese entonces estaban presentes aquí. El del norte, el del sur y el resultado de la mezcla entre los dos.

Posteriormente, junto a los mismos expertos de la UN que tenían que recogerlo y detonarlo en otro lugar, esperábamos que aquel misil hubiese sido fabricado en China o Rusia, no en Sur Sudán, dado que de ser así habría explotado al recogerlo originando daños de enorme dimensión.

El segundo ataque estuvo a cargo de uno de los grupos de milicias, cuyos líderes fueron formados por el ejército del cual formaron parte en algún tiempo y ahora buscan dominar sectores que entre ellos mismos se han repartido. También quieren armas, es decir, incrementar el número de las que ya poseen y que todos se preguntan quién les suministra; pero además, están transfiriendo sus conflictos al complejo plano de las rivalidades entre tribus.

En esa segunda ocasión estábamos a punto de iniciar la cuarta de semana de clases, en el ciclo de ocho que reciben los maestros. Esta vez nuestra edificación fue afectada por algunos impactos de bala. Los profesores asistieron media jornada durante una semana completa, dado su temor de dejar las casas solas pues las milicias saquearon lo que más pudieron de los sencillos hogares, incluidos los libros que recibieron de nuestra parte para su formación. Incluso en las calles paraban a la gente para solicitar todo cuanto ellos llevaran consigo… También golpearon niños, mujeres y cometieron otras atrocidades antes de dejar el poblado.

El aeropuerto funcionaba solo para que aquellos miembros de las diferentes ONG evacuaran el lugar. A nosotros también nos ofrecieron la posibilidad de hacerlo, pero no aceptamos. No podíamos dejar a los profesores en esas condiciones. De modo que después de asumir nuestra decisión personalmente, como grupo y como organización, nos quedamos con los maestros y gracias a Dios fue posible terminar nuestro ciclo de formación sin ningún otro contratiempo en Malakal.
A la semana siguiente viajé a Leer, porque allí también estamos formando maestros y esto implica que algunos de nosotros tengamos que desplazarnos. Este lugar queda cerca del sitio en donde se explota el petróleo y, tristemente, sabe también de muchos conflictos.
El último día de clase con los docentes allí, se apareció en la escuela un grupo del ejército que buscaba reclutar soldados; al parecer, habían tenido muchas bajas peleando con las milicias y querían hacerlo ellos antes de que éstas se les adelantaran y reclutaran personal para ellos.

También se llevaron algunos de nuestros maestros. Personalmente, esta es una de las vivencias más tristes y difíciles de asimilar que he tenido que afrontar hasta el momento. Se los llevaron por la fuerza, como a todos, junto con sus sueños, sus planes, su deseo de mejorar para aportar mejor. A ellos que soñaban con ser los formadores nuevos que este nuevo país tanto necesita.

Foto. Solidaridad Sur Sudán.Ante situaciones como esta no podemos hacer nada y la impotencia es algo con lo que hay que aprender a tranzar si no se quiere dimitir. Pero, por otra parte, las dificultades no han podido desanimarnos y hay mucha esperanza.

Vamos viendo resultados en los proyectos. Muchas vidas afectadas positivamente y mucha esperanza en el futuro de la educación de miles de niños y niñas en las escuelas, además de la posibilidad de promover la formación de la mujer, que solo en un 8% en todo Sur Sudán tiene acceso a la educación.

Sueños que se van volviendo realidad porque la voz ha encontrado eco en muchos que, como nosotros, deseamos contribuir en algo a la reconstrucción de esta nación tan golpeada por la violencia.

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