Cáritas y la Iglesia

En los últimos tiempos aparece en los medios la noticia contrapuesta de la mala valoración de la Iglesia y de la buena opinión sobre Cáritas, apostillada siempre por ambas instituciones con la aclaración de que Cáritas es la Iglesia y no una organización aparte de ella. Este hecho me ha sugerido la siguiente reflexión.

Como bien se sabe, Cáritas es el instrumento eclesial para la práctica de la caridad o, quizá más precisamente, de las acciones sociales. Sin duda hace falta la existencia de una atención organizada a las personas, que en el caso de la Iglesia se estructura a través de la red de parroquias. Pero la consecuencia es que en la realidad, a despecho de las declaraciones oficiales, por una parte está la “comunidad” parroquial y por otra, el grupo de Cáritas. La primera suele subvencionar al segundo de diversos modos -una colecta mensual, aportaciones por banco…- y, en el mejor de los casos, recibe de él un informe anual.

Junto a las ventajas de este sistema no cabe dejar de ver sus inconvenientes. El primero es que, en general, Cáritas no sale al encuentro sino que se limita a recibir a quienes se acercan a ella. El segundo es que depende de los recursos -en general limitados- y de la creatividad de las cinco o seis personas que allí trabajan. Finalmente, este grupo no puede librarse de cierto estilo burocrático. Y lo que es más importante: los fieles normales no se sienten Cáritas, a lo más colaboran con ella económicamente.

Pero, ¿qué ocurriría si hubiese un llamamiento permanente para que todos los cristianos, de la condición que sean, estén donde estén, sientan que ellos son Cáritas? No porque participen en un equipo formado para ese fin ni porque aporten una cantidad a la organización sino porque, allí donde se encuentren, ejerzan efectivamente la caridad. Si ese fuera el caso, sería verdad que la Iglesia y Cáritas no son dos entidades separadas.

No hace mucho he ido a una residencia de ancianos a visitar a una señora mayor, ciega desde hace pocos años y, en consecuencia, desvalida y depresiva. Salvo que haya una solicitud expresa, Cáritas de la parroquia cercana nunca irá a verla. Pero en la residencia habrá hombres y mujeres cristianos: ¿a alguien se le ocurrirá prestarle compañía, consuelo, ánimo? Sin duda que no, nadie les ha enseñado que deban hacerlo. Y es que la educación católica tradicional fue una educación para el culto y los sacramentos, no para la acción. Lo más, lo más, para la limosna.

Alguna vez he echado mano, para aplicarla a los cristianos, de una imagen que Jesús utiliza en el Evangelio. Es la del sembrador. Y he pensado que cada cristiano es alguien dispuesto, allí donde esté, a echar la semilla de la compañía, de la ternura, del consuelo, del apoyo de cualquier tipo. Para que eso suceda, hace falta: ser consciente de la propia riqueza, de los carismas que se poseen, tener una capacidad de atención, de escucha y, finalmente, haber desarrollado un hábito que nos anime a hacerlo.

Lo primero es quizá lo más fácil. La proliferación de libros de autoconocimiento y autoayuda han allanado el camino y hoy día cada uno debería saber, sin engañarse y sin falsa modestia, para qué sirve. La capacidad de atención al entorno y a las personas puede desarrollarse con un poco de práctica. La costumbre de rezar antes de acostarse, inculcada en la religiosidad tradicional, puede añadir ese examen. Más arduo es ponerse a actuar, porque el que siembra recoge: alegrías y experiencias positivas pero también angustias, zozobras, desilusiones. Eso es lo que hace que esquivemos nuestra labor de sembradores. Pero ya Jesús dijo: “El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí”. Y no sólo su cruz sino la de los demás. Eso es lo difícil y por eso preferimos delegar en otros. En Cáritas, por ejemplo.

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1 comentario en «Cáritas y la Iglesia»

  1. Cáritas y la Iglesia
    Sencillamente pienso que tienes toda la razón. Es un artículo que toca el corazón y nos invita a pensar en los demás, en sus necesidades de todo tipo: económicas, afectivas, compañia, etc…, i también a dejarnos de excusas y comodidades para ponernos en acción, en el dia a dia, con los que tenemos cerca o siempre que veamos la oportunidad de mejorar cualquier situación.

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