Carta abierta a Redes Cristianas

He leído el Manifiesto redactado después de vuestro VII Encuentro y me atrevo a enviaros unas cuantas observaciones críticas que esa lectura me ha sugerido.

La primera dice así: ese Manifiesto podría haberlo escrito un grupo creyente, agnóstico o ateo, su formulación podría reflejar el espíritu de cualquiera de ellos. Pero el hecho es que cada vez me reafirmo más en mi opinión de que hay un lenguaje específicamente cristiano, que es el de la lectura creyente. Fuera de él, los grupos cristianos repiten lo mismo que dicen otros, tocan los mismos temas y en nada se distinguen de ellos. Por decirlo con un ejemplo, cualquier redactor de El País habría escrito lo mismo.

El Manifiesto presenta enunciados sobre el medio ambiente, el sistema económico, la desigualdad, la situación de la mujer, la sanidad, la emigración (y hablando de la Iglesia, sobre la mujer, la pederastia y las inmatriculaciones). Son los temas que cualquiera trataría hoy día en un Manifiesto. En éste se echan en falta proposiciones originales, novedosas, creativas.

Esto me lleva a pensar que el Manifiesto podría haberlo escrito desde su despacho cualquier persona de Redes lo suficientemente espabilada, sin necesidad de reunir a muchas personas durante dos días.  Sin modestia alguna, creo que yo mismo, puesto a ello, habría redactado un texto parecido.

Y viniendo al tema de la Iglesia, ¿son la mujer, la pederastia y las inmatriculaciones los únicos temas o los más relevantes? Cuando, por ejemplo, está en marcha una reflexión seria y profunda sobre la espiritualidad, sobre su papel en una sociedad laica o sobre la relación del cristianismo con otras religiones, ¿no hubiera merecido la pena reflexionar sobre estos temas? ¿Es que no entran en el horizonte de Redes? ¿No tiene Redes Cristianas alguna propuesta novedosa sobre ellos?

Estas son mis principales objeciones, dichas, sin duda, con todo el respeto que me merece el hecho de que exista Redes Cristianas y con el deseo de que puedan ser un factor significativo en la Iglesia y en la sociedad.

P.D. Yo no estoy de acuerdo con las inmatriculaciones, sobre todo por la falta de transparencia y por el sesgo de algunas de las informaciones que se han difundido. Pero, tal como se formula el tema en el Manifiesto, creo que los redactores –y acaso los asistentes-  no tienen apenas información sobre ellas, sobre cuál ha sido su protocolo jurídico y por qué se han llevado a cabo. Si se piensa en celebrar una Asamblea sobre este asunto, creo que sería justo pedir información a los obispos. También ellos, como cualquier delincuente, tienen derecho a la presunción de inocencia, a ser escuchados y a una defensa justa.

Carlos F. Barberá
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