
Comprender qué hay tras las noticias fragmentarias y circunstanciales que llegan de América Latina requieren la larga mirada de un observador experto como el politólogo y sociólogo Rolando Ames, profesor emérito de la Pontificia Universidad Católica del Perú, de la que fue docente; senador por el Frente Izquierda Unida entre 1985 y 1990 y Comisionado de la Comisión de la Verdad y Reconciliación de 2001 a 2003. Es miembro del Consejo económico y social del Arzobispado de Lima y de la plataforma para la sociedad civil Iniciativa Resucita Perú ahora. Su trabajo se centra actualmente en el desprestigio de la política, sus causas y consecuencias en el Perú actual y sobre democracia en América Latina.
Pregunta.- En la mayoría de las elecciones más recientes, a escala mundial, se ha constatado que ha triunfado la derecha. ¿Qué le sugiere esta realidad?
Respuesta.- Siguiendo los hechos, yo no diría que la derecha dura esté ganando. Todavía no. Pero, efectivamente, ha aparecido con una fuerza y agresividad que no tenía antes. Lo que ocurre es que, por el desarrollo científico y tecnológico, el cambio de la vida social es tan intenso y rápido que abrió el espacio para que surja ese conservadurismo defensivo y violento. La idea de un orden estable, casi inmóvil, el sueño del conservadurismo torpe, ha desaparecido. Hoy sabemos que mañana puede pasar cualquier cosa, en la política y en lo personal también.
En la posguerra se instaló una apertura democrática profunda. Esa imagen de un mundo de paz y superior como factible se resumió en la Declaración de Derechos Humanos de 1948. El crecimiento económico y el mayor consumo hicieron progresar a los sectores medios, multiplicaron su capacidad de compra, su acceso a la buena educación, al bienestar. Sin embargo, una gran capa de sectores populares, sobre todo en los países del Sur, quedaron de espectadores, sin canales de movilidad social ascendente. En Europa y EEUU los de abajo empezaron a ser los migrantes del Sur, que eran muy distintos, demasiado “otros”. Las izquierdas conflictuaban con la derecha en aspectos importantes, pero quedaron todos dentro de un orden económico global común que se hizo muy fuerte sin dar prioridad a la democracia como objetivo.
En ese contexto, ¿qué está ocurriendo en América Latina, especialmente en los casos de Chile y Brasil?
En América Latina el siglo XX estuvo marcado también por la emergencia de grandes partidos de masas. Se hablaba de los movimientos nacional populares, que combinaban nacionalismo político y búsqueda de un desarrollo industrial autónomo de la región. Más que el liberalismo, creció la democratización, pero vivida desde lo individual y subjetivo.
Los partidos de masa ya no son posibles en los términos de antes, aunque hacen falta justo para trabajar por dar forma a las causas muy grandes que sólo la solidaridad colectiva puede conquistar
El Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil se fundó en 1980 y casi ganó las siguientes elecciones. Su mérito fue que surgió de la asociación directa entre los sindicatos y el movimiento urbano clase-mediero. La influencia de la Teología de la Liberación en ese país se citó mucho como un factor importante de su existencia. El PT ha regresado al Gobierno ahora, pero impulsado por ser la mejor defensa ante la amenaza de dictadura fascista si Bolsonaro era reelegido. Los retos de una política democrática siguen presentes para las izquierdas, pese al valioso rol internacional del Brasil.
Chile parte de una institucionalidad política más sólida y esto ayuda, pero se ha hecho visible que, buscando con lucidez mejorar su enraizamiento social, optaron por una Constituyente que no supieron conducir con realismo. Boric está sobreviviendo en el gobierno no mal, pero sin el sostén del proyecto cultural y político que buscó. Y, bueno, en Argentina la crisis del Peronismo hoy, aun siendo oposición de la mezcla de neoliberalismo autoritario con anarquía que es Milei, es ya la del derrumbe final.
Es interesante el contraste y la precisión de varios de sus puntos, ¿algo más sobre ese proyecto nuevo de izquierda que hace falta, antes de hablar del Perú?
Te agradezco tu presión por no salir de este tema clave. Los partidos de masa ya no son posibles en los términos de antes, aunque hacen falta justo para trabajar por dar forma a las causas muy grandes que sólo la solidaridad colectiva puede conquistar. Por eso es decisivo aprender a hacer política y de otro modo. El bien común tampoco puede ser sólo un término. El camino pasa por encauzar los conflictos, no por negarlos. Los retos de “la mejor política”, bien trazada por el Papa Francisco ya el 2020 (Fratelli Tutti), necesitan siempre entender el país como la totalidad que es. No basta la justicia de cada demanda particular, su legitimidad. El Perú tuvo tiempos en que la política fue representativa de sectores socialmente en conflicto; no sólo de intereses sino de ideas, y fue largamente superior a la presente. De joven viví esa experiencia directa y aprendí, que detrás de cada sector político, había un sector social representado. Ya no es más así.
En Perú que, en las últimas elecciones (junio 2021) eligió con abrumadora mayoría a un líder popular llamado Pedro Castillo como presidente, ¿qué está pasando?
Bueno, la situación peruana es hoy de gravedad extrema. Congreso y Gobierno ignoran el rechazo social del 90 % de la opinión pública. Y ese 90 % no tiene posibilidad institucional alguna de hacerse escuchar. Con esta división, que surja un espacio sólo para hablar entre las partes dependería de instituciones públicas, pero no del Poder Ejecutivo o Legislativo; además hoy, la vicepresidenta, que gobierna desde diciembre del 2023 con el apoyo de las derechas, repite limitaciones en su capacidad de gobierno que ya Castillo mostró.
Se hizo patente que el Perú sigue dividido territorialmente entre las regiones donde es mayor la población ligada a la economía más productiva y aquella que carece de los recursos de la modernidad
Los datos sobre el empeoramiento de las condiciones de vida de las mayorías fueron resumidas en su homilía por el arzobispo de Lima con ocasión del Te Deum para celebrar las Fiestas Patrias (28/7/24) “¿Cómo es posible que (…) nuestro pueblo siga necesitando urgentemente alimentación (43.1 por ciento de niños con anemia, 51% con o amenaza de hambre), agua (10 millones de peruanos pobres sin agua ni desagüe), medicinas, trabajo digno (18% jóvenes ni estudian ni trabajan), educación de calidad, seguridad ciudadana (60% de negocios pequeños sufren extorsión), ecología sostenible y sana; y, por supuesto, necesidad de consuelo, amistad, reconocimiento, respeto y promoción de la dignidad y justicia?”.
Pedro Castillo triunfó estrechamente. La gran sorpresa fue que el candidato de una izquierda pequeña y tradicional, de escasos recursos y de sectores andinos discriminados, le ganó a Keiko Fujimori, hiperconocida y con apoyo millonario. Se hizo patente que el Perú sigue dividido territorialmente entre las regiones donde es mayor la población ligada a la economía más productiva y aquella que carece de los recursos de la modernidad. Las primeras tienden a ser de mestizaje amplio, las segundas habitadas en mayoría por descendientes de los pueblos originarios. Este rasgo es único en Latinoamérica. Algunos de estos sectores al defender a Castillo tuvieron su primera experiencia de incidir con éxito en una decisión electoral fundamental.
Otra peculiaridad peruana es que un dirigente sindical aguerrido, pero de una región tradicional, como Castillo, puede tener poca idea de la complejidad, volumen y dificultad de manejar con eficacia el enorme aparato del Estado. Entonces se replegó a visitar sobre todo las zonas andinas donde era mejor recibido. Sobrevive en esos lugares más andinos una simpatía por Castillo por identificación. Como su triunfo quiso ser negado con una denuncia de fraude desde Lima, la lectura en esos lugares es que a Castillo lo engañaron para anunciar el “golpe de Estado”.
Este país tan rico, en medio de su desastre, es hoy lugar para que inversiones chinas y de Estados Unidos compitan por instalarse, sin que el Gobierno nacional defina políticas nacionales para poner sus términos propios
La vicepresidenta Dina Boluarte cambió de respaldar a Castillo a aliarse con sus adversarios directos ese mismo día. Esta alianza con Keiko Fujimori es ahora explícita, aunque con conflictos internos. Ellos no apuntan en ningún caso a apertura democrática; más bien las evidencias de corrupción no hacen más que crecer. La minería ilegal tolerada y el narcotráfico reinan. En verdad, este país tan rico, en medio de su desastre, es hoy lugar para que inversiones chinas y de Estados Unidos compitan por instalarse, sin que el Gobierno nacional defina políticas nacionales para poner sus términos propios.
El desorden político y el lado oculto y mafioso son tan grandes que, paradójicamente, tampoco es imposible que el razonamiento sano de un electorado antipolítico pueda derrotarlos en las elecciones del 2026. Núcleos democráticos y honestos del país existen y podrían recuperar presencia, pero la precariedad de su Gobierno requeriría enfrentar los problemas de fondo de la política y la democracia de los que hemos hablado aquí.
