España ¿vacía o vaciada? La España que es

España ¿vacía o vaciada? La España que es
Fuente Imagen de ddzphoto en Pixabay 

“La España vacía es un territorio extenso que, además, no tiene ciudades… en algo más de la mitad del territorio (el 53%) vive el 15,6% de la población”

El 84,4% de los españoles viven apretados en el 47% del territorio. Es decir, “la población española se reparte muy desigualmente: está muy concentrada en unos pocos puntos y es casi inexistente en una gran parte del país”. Todos son datos recogidos por Sergio del Molino, en La España vacía. Viaje por un país que nunca fue. (Ed. Turner 2016, 39-40).

Yo creo recordar que primero se comenzó a hablar de España vacía como un fenómeno sociológico, y poco tiempo después, al convertirse en un movimiento reivindicativo, se comenzó a denominar «vaciada» (La Revuelta de la España vaciada) para enfatizar el descuido y el abandono a que se había llevado gran parte de la España rural, especialmente la del interior de la península.

He vivido, por tanto, en primera persona los conflictos propios del éxodo rural hacia la ciudad, y también la vida en estos pueblos de la España interior que van perdiendo habitantes progresivamente, hasta llegar a un punto en que podemos considerar que su esperanza de vida no será de más de tres o cuatro décadas.

Además he vivido fundamentalmente en la Alcarria, al inicio de mi ministerio, y en la Serranía, en estos últimos siete años, las dos zonas más castigadas por el fenómeno de la despoblación y el abandono, dentro de nuestra provincia conquense.

La disminución de la población por movilidad no se va produciendo de una manera equilibrada, las personas que migran directamente se dirigen desde los núcleos más pequeños a la población de más de diez mil habitantes, con lo que no quedan espacios intermedios de habitabilidad.

Personalmente el medio que menos conozco es La Mancha, pero lo cierto es que, salvo la capital de la provincia, el resto de poblaciones que superan los cinco mil habitantes están en esta zona topográfica. Son poblaciones no sólo más densamente pobladas, sino con mejores vías de comunicación.

Los habitantes de los pequeños núcleos rurales son en su mayor parte de muy avanzada edad, las personas de mediana edad, básicamente se dedican al cuidado de los mayores y apenas quedan niños. Esto provoca que los servicios básicos cada vez se van alejando más de los pueblos más pequeños, por la escasa densidad poblacional, y se concentran en las poblaciones más habitadas, incrementando las distancias para poder acceder a determinados servicios; distancias acentuadas por la escasez de medios públicos de transporte.

La densidad de Celtiberia (el territorio situado en el reborde montañoso donde se encajan las cordilleras Ibérica y Central, es decir, la zona oriental de la Meseta Norte) “es inferior a ocho habitantes por kilómetro cuadrado. Sólo otras dos regiones europeas tienen una densidad tan baja: norte de Suecia y Laponia”, según Sergio del Molino en la obra citada más arriba.

También es importante la “desagrarización” del campo; las políticas agrícolas a base de subvenciones que potencian la plantación, pero no la producción, y la falta de protección estatal hacia los productos autóctonos, ha acentuado todavía más la falta de oportunidades laborales dependientes de la agricultura. Cabe hablar también de la proliferación de la ganadería intensiva de cara a la exportación, a costa de la ganadería extensiva autóctona. Toda esta situación se ha agravado en los últimos años debido a la “crisis económica” y posteriormente con la desgarradora “crisis pandémica”.

El problema de la despoblación es un círculo vicioso: al reducirse la población, se reducen, e incluso eliminan, los servicios públicos, y al desaparecer los servicios públicos, la población desciende porque la vida cotidiana se hace cada vez más complicada y más incómoda.

Se están intentando algunas soluciones como el proyecto “Arraigo”, promovido por la diputación conquense para diez municipios, entre los que están incluidos dos de los pueblos cuyas parroquias acompaño, Cardenete y Enguídanos, que pretende atraer a familias residentes hasta ahora en la ciudad, facilitándoles medios de vida en el entorno rural.

“Un programa ambicioso, minucioso y bien estructurado que espera frenar la despoblación en al menos diez municipios conquenses, que son los que se han adherido a esta iniciativa… Personas proactivas adaptables y profesionales que puedan llevar a cabo trabajos demandados en las zonas rurales… Técnicos del Proyecto Arraigo irán actualizando una base de datos con las demandas de trabajo que existen en los diez pueblos conquenses”. (Reina Manu, La Tribuna de Cuenca, 18 de febrero de 2022. Pag. 6).

Lo cierto es que es una situación muy compleja y dolorosa para quienes la experimentamos cada día que no se debe simplificar ni banalizar; sirvan estas líneas como una primera aproximación al problema.

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