Paso a Paso: un oasis de oportunidad y esperanza

En un rinconcito de Honduras, Centroamérica, en el corazón del sector Rivera Hernández, una de las zonas más estigmatizadas y empobrecidas del país, late un proyecto que desde hace 23 años se resiste al olvido, a la violencia y al abandono al que han sido sometidas las familias de las comunidades del sector: el programa socioeducativo Paso a Paso. En un entorno marcado por la disputa de territorio entre pandillas y maras, donde la infancia, juventud y mujeres son las mayores víctimas, este espacio comunitario se ha propuesto construir un futuro cambiando el presente.

Fotos: Paso a Paso

Aquí, cada día, alrededor de doscientos menores encuentran un lugar seguro donde estudiar, jugar, soñar, crecer y aprender. Además de cuidarlos, se les acompaña en su crecimiento integral, su desarrollo espiritual y académico, se escuchan sus voces, se fortalece su autonomía y se abren caminos de esperanza en sus vidas y las nuestras. Como decía Monseñor Romero, “la misión de la Iglesia es identificarse con los pobres, así la Iglesia encuentra su salvación”. Y desde nuestra labor hemos entendido que la Iglesia y la misión que nos encomienda Dios se hace en la acción con y para las comunidades vulneradas.

Nuestro trabajo se despliega en múltiples dimensiones, porque el empobrecimiento no es solo falta de ingresos; es también falta de oportunidades, de afecto, de tiempo libre, de alimento, de salud, de trabajo, de vivienda, de sentido. Por eso compartimos con los menores dos meriendas nutritivas al día, acompañamos su formación académica con becas de estudio y acompañamiento/refuerzo escolar, cubrimos gastos sanitarios, de transporte y médicos. Trabajamos en la prevención y atención del estado nutricional, y también generamos espacios de reflexión crítica, de creatividad, de arte, de trabajo colectivo buscando la transformación personal y social.

Nos organizamos en torno a ejes que sustentan y orientan nuestra práctica diaria: la educación, el buen trato, el feminismo, la defensa y cuidado de los bienes naturales y la no violencia. Promovemos el pensamiento crítico y la participación asamblearia como una necesidad para reconstruir ese tejido comunitario en un lugar donde este ha sido sistemáticamente roto.

Entre estos espacios se encuentran los grupos de trabajo donde cada integrante del programa de forma colectiva colabora, como el grupo de “Siembra”, que promueve el cuidado del espacio que habitamos, realizan acciones que fomenta la autosostenibilidad del Programa, el valor nutricional de consumir alimentos saludables y la defensa de los bienes naturales que nos proporcionan vida, cuidando el agua y el aseo diario.

Trabajamos desde un enfoque espiritual promoviendo la meditación como forma de sanación personal, celebrando la vida de quienes forman parte del programa y recordando a quienes formaron parte de nuestro caminar, que nos formaron y que con su actuar nos enseñaron a defender la vida en sus distintas expresiones, personas muy queridas que aunque ya no estén físicamente les tenemos presentes: Berta Cáceres, Elia Yadira Rodríguez, Teresita Campos de Pastor, Elia Moya y Juan López.

También tenemos el grupo de costura que impulsa la cooperativa “Sueños a mano”, donde mujeres de la comunidad confeccionan productos artesanales como una forma de autogestión, pero también como un acto de dignificación y recuperación del poder creador. Paso a Paso acompaña a menores y también a sus familias, especialmente a las mujeres, ofreciéndoles medios para el sustento y el desarrollo de sus talentos.

Como nos recordaba el Papa Francisco en Evangelii Gaudium, “prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades”. Paso a Paso ha optado por salir a la calle, por vivir en estado permanente de misión. En palabras del mismo Francisco, esto significa estar “dispuestos a ir más allá de las comodidades para tocar la carne sufriente de Cristo en el pueblo”. Y en el sector Rivera Hernández, esa carne sufriente son los cuerpos de personas que merecemos ternura, oportunidades, tiempo y justicia.

Nuestra apuesta es lenta pero firme. Como su nombre lo indica, Paso a Paso es un camino, lleno de tropiezos, pero también de hallazgos. Un proceso que creemos profundamente transformador. Se trata de compartir sueños individuales y colectivos, de construir juntos y juntas alternativas que dignifiquen la vida.

Estamos tejiendo vida y justicia social con hilos de afecto, con la sabiduría de las mujeres, con el juego de la infancia, con la tierra que sembramos y cuidamos, con los bordados que trabajamos y vendemos, con las redes que cultivamos, teniendo en la mente y el corazón la cita de Monseñor Romero cuando decía “Hay que cambiar de raíz el sistema”

Desde nuestro rincón en San Pedro Sula, en Honduras, queremos gritar al mundo que otro presente es posible, que el amor político tiene sentido, que la esperanza organizada transforma. Y lo hacemos desde lo pequeño, desde lo que algunos no ven. Pero ahí, justo ahí, creemos que comienza la verdadera esperanza.

“Paso a Paso construimos el futuro, cambiando el presente”.

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