Inicio este artículo con la música de Kany Garcia[1] como telón de fondo y su canción ‘Remamos’. Me resulta inspiradora en este tiempo incierto que vivimos y que nos urge en tiempos de pandemia a poner la vida en el centro y remar juntos y juntas hasta que todas las vidas valgan lo mismo. Durante este tiempo extraño que atravesamos me ha tocado despedir a más gente de la que hubiera pensado y también algunos proyectos. Nombro a dos de las personas más recientes: Rufino Velasco, teólogo inspirador de las comunidades de bases en España, que me ayudaron a dar a luz mi fe en la década de los 80 y Juan Luis Ruiz-Jiménez, hombre ético por excelencia, que desde el ejercicio de la medicina defendió la salud pública y universal como un derecho de los y las más pobres y con el que tuve la suerte de remar en los talleres de desobediencia de la plataforma Yo sí sanidad universal. También en este tiempo despedimos un ciclo de Alandar y alumbramos un nuevo comienzo. En el saber decir adecuadamente “hola” y “adiós” nos jugamos mucho en la vida: estancarnos en la nostalgia o el duelo o abrirnos a la novedad siempre sorprendente de un presente y un futuro que piden gestación colectiva.

Alandar forma parte de mi historia de vida desde su nacimiento en 1983. Por entonces yo estaba vinculada a una comunidad en el barrio de Usera y Rafaela, una compañera con la que vivía se encargaba de distribuirlo entre distintos colectivos. Lo repartía también al final de la misa de 12 en la parroquia donde participábamos. Alandar era recibido como un chirimiri imprescindible en los tiempos de sequía eclesial que atravesábamos, frente al azote de la ofensiva conservadora de Suquía. Años más tarde me siguió acompañando por otros lugares de la geografía española donde viví: Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha. Algunos de sus artículos los trabajamos en los colectivos en los que por aquel entonces participaba: Aulas de alfabetización de mujeres, Juventud Obrera Cristiana, Movimiento Rural, Mujeres y Teología, escuelas de madres y padres, catequesis familiar, asociaciones de vecinos,  etc. Recibirlo era una tormenta de alegría, esperanza y resiliencia frente al huracán sancionador, involucionista y peligrosamente eficaz que representaba la iglesia de Rouco Varela.

Leerlo nos hacía sentir que la Iglesia era mucho mayor que el aparato eclesiástico que intentaba apropiársela, que la Ruah creativa y liberadora de Dios no podía quedar prisionera en una jaula al servicio de los intereses del status quo, aunque su estrategias y tácticas fueran muy eficaces e intentaran hacerlo. Mes a mes Alandar nos hacía experimentar que no estábamos solas, que el Evangelio, y no el derecho canónico, eran el centro de la vida cristiana, que para el Dios de la Encarnación las periferias eran cita obligada y de ahí la apremiante llamada del Evangelio a insertarnos en organizaciones ciudadanas y a tomarnos en serio las implicaciones entre fe y política.

Con tantas dificultades como entusiasmo, cada mes Alandar seguía saliendo como un milagro del compartir siempre al filo del déficit y más allá de toda lógica económica, gracias al remar de muchos y muchas en medio de la tempestad de una Iglesia institucional devastadora y lo hacía como dice la canción de Kani García:       

Con la cara contra el viento,
con la valentía delante,
con un pueblo entre los dedos

Con la entrada en el siglo XXI Alandar siguió a la escucha de los nuevos signos de los tiempos e introdujo con fuerza en sus páginas las reivindicaciones y sueños feministas, los movimientos sociales y las luchas y propuestas de nuevos sujetos emergentes: migrantes, antirracismo, movimientos LGTB. También con esperanza, a la vez que con consciencia de todas las amenazas y resistencia que el efecto Francisco levantó y continúa haciéndolo dentro de la Iglesia, las páginas de Alandar se sumaron a la exigencia de reformas estructurales y conversión pastoral propuesta por Francisco y mucho más allá de ellas.

Alandar ha resistido tempestades y crisis como la del 2008 y nos ha ayudado a sus lectores y lectoras a hacerlo. Siguió remando entonces, como dice la canción que tomo como leit motiv, para este texto:

Sabiendo cuál es el precio

con los puños apretados,

sin pensar en detenernos.

Con el convencimiento tenaz que

donde hay dolor y falte luz

que mi garganta cante

que en la canción agarren fuerzas mis pies anclados.

Es en este contexto en el que me incorporo como colaboradora en una sección llamada inicialmente ‘Hay vida más allá de la crisis’ y más tarde ‘Decir haciendo’. En medio de mi aventura vital de compaginar teología y activismo, escribir para Alandar me ofrece cada mes una oportunidad que siempre agradeceré, la de pensar el presente desde las periferias y narrarlo teológicamente.

Alandar seguirá acompañándonos poniendo su granito de arena en generar cultura del debate, crear horizontes de deseos que alumbren utopías.

En esta travesía, en la densidad e incertidumbre de convivir cuidándonos en tiempos de pandemia y forzando un futuro inédito, Alandar acepta un nuevo reto: el desafío digital ante la crisis económica y del cuerpo a cuerpo que nos impone la pandemia. Declara “en cierre” su formato escrito “por resurrección“ y apuesta por formas alternativas de comunicación y organización colectiva en lenguajes digitales. Porque cambia todo cambia, como tantas veces hemos cantado con Mercedes Sosa, y porque como hoy nos sigue recordando una nueva generación de cantautoras latinoamericanas, se avecina otro comienzo.    

Alandar seguirá acompañándonos poniendo su granito de arena en generar cultura del debate, crear horizontes de deseos que alumbren utopías factibles; repartir la riqueza, los cuidados, hacer de la tierra una casa común habitable para todas empezando por las últimas y del mundo un banquete, una verbena popular permanente, recuperando así el sueño todo-cuidadoso de la Ruah juguetona y creadora de Dios sobre el mundo (Prv 8,30).   


[1] Nueva generación de cantautoras latinoamericanas https://es.video.search.yahoo.com/search/video?fr=mcafee&p=Remamos#id=1&vid=a87fac88aefd67cb84b1a927c01317c5&action=click