“Después de tres años del terremoto ya no se habla de Haití”

Foto. Intered.Hace tres años -el 12 de enero de 2010- la tierra propinó un “latigazo” sobre Haití, dejando alrededor de 300.000 personas muertas, cientos de miles de heridas y cerca de 2’3 millones de desplazadas. Las noticias sobre el terremoto en el país caribeño provocaron un torrente de solidaridad en la comunidad internacional, aunque no en todos los casos las promesas se han cumplido. Como dice Máxima Peña, cooperante y educadora dominicana, con más de 30 años de experiencia en la realidad haitiana, “el terremoto fue como correr la cortina para que el mundo viera lo que durante muchos años no se quiso ver de Haití”. Quizá esta cortina se ha vuelto a correr y el mundo no quiere ver las más de 7.000 muertes causadas por el cólera; ni la sequía y el huracán Sandy que arruinaron las cosechas, ni que más de 400.000 personas permanecen desplazadas, viviendo en las deterioradas tiendas que se levantaron tras el terremoto.

Es verdad que, con la ayuda externa y el esfuerzo de la propia población haitiana, más organizada de lo que cree mucha gente, se puso en marcha la reconstrucción de las zonas más devastadas, aunque los resultados no son todo lo buenos que quisieran quienes habitan la ex colonia francesa. Después de tres años, ha mejorado la atención sanitaria, han mejorado algunos centros educativos privados –los públicos son otro tema-, algunas vías de comunicación y ciertas infraestructuras.

Pese a estos pequeños signos de “esperanza”, la realidad es que 52 de cada 1.000 niñas y niños mueren en el momento de nacer y uno de cada ocho antes de cumplir los cinco años. La edad media de vida en los hombres es de 59 años y de 63 en las mujeres. La tasa de alfabetización de la población adulta no llega al 60% y la de niños y niñas que acuden a un centro escolar no supera el 50%. Más de medio millón de menores en edad escolar nunca han asistido a la escuela. “Como se puede comprobar, la educación continúa siendo una materia pendiente y urgente a solucionar en el país”, señala Máxima Peña, quien trabaja en la coordinación para la reconstrucción de escuelas y la recuperación emocional de mujeres, niños y niñas, así como del profesorado, con la organización local de InteRed “Centro Pedro Poveda”.

Proyectos poco reales

Después de todos estos datos, al plantearle cómo describiría la realidad de Haití, Máxima encadena palabra tras palabra: dolor, hambre, desnutrición, miseria, sufrimiento, angustia, incertidumbre, desolación, abandono… y termina afirmando que “ha empeorado la calidad de vida de las personas”. El sistema político, económico y social no funciona. También ha aumentado la corrupción, utilizando el dinero del Estado para proyectos sociales poco reales. Es el caso de los comedores populares “Mamita querida” o “Ti Manman Cheri”, en kreyol, el idioma originario haitiano, promovido por la mujer del presidente. O el proyecto “Ede Pép” (Ayuda al Pueblo), puesto en marcha por el primer ministro, Laurent Lamothe, que consiste en facilitar tarjetas de teléfono a la población.

Durante la fase de emergencia por el terremoto, Máxima Peña movilizó al Comité de Solidaridad con Haití y, por lo tanto, conoce bien todos los aspectos relacionados con la ayuda. Reconoce lo que se ha realizado, pero señala que las grandes promesas hechas por los distintos países se han quedado en palabras, discursos, cumbres de gobiernos en grandes hoteles, con gastos millonarios, mientras los problemas se agravan. Y afirma con rotundidad: “Ya no se habla de Haití. Sí, Haití ha sido olvidado”.

Sobre el papel de las ONGD, Máxima muestra su reconocimiento por aquellas que llevan años apostando por Haití y gracias a las cuales muchas personas han podido subsistir durante este tiempo. Otras han llegado tras el terremoto. “Cuando las ONGD se encarnan en el pueblo empobrecido y sufriente los recursos se multiplican, llegan a más personas y son más visibles los aportes que realizan. Si las ONG se constituyen en red para ejecutar obras en común se llegará a soluciones más significativas”, afirma esta mujer que lleva tres décadas en el mundo de la cooperación. Sin acusar a nadie y con tristeza añade que “se han dado casos donde los recursos no llegan como deben llegar y a quienes deben llegar”.

Desconfianza de la población

Con su trabajo, las ONGD están cubriendo unas necesidades que debería hacer el Estado pero, según Máxima Peña, el Gobierno del presidente Michel Martelly no tiene ningún plan concreto de reconstrucción del país y se corre el riesgo de profundizar aún más la crisis. Con el actual estado de destrucción en que se encuentra el país, Máxima cree que hace falta un plan de descentralización, porque todo en el país gira en torno a Puerto Príncipe, la capital.

Después de casi dos años de alcanzar el poder, el presidente-cantor (Martelly antes de dedicarse a la política era un músico muy conocido) parece que no ha encontrado el camino para sacar adelante a Haití, entre otras cosas por la falta de capacidad para alcanzar un pacto de gobernabilidad con otras fuerzas políticas, lo que crea un alto grado de desconfianza en la población. Además, la comunidad internacional está demostrando una gran falta de interés político para sacar al país de la situación en que se encuentra sumergido desde hace décadas. Para Máxima está claro que “solo se invierte en los países donde se puede sacar ventajas políticas y económicas”.

En la conversación surge también el tema de la acción de la Iglesia local, aunque Máxima prefiere hablar de Iglesias, ya sea católica o protestantes. Piensa que promueven una espiritualidad desencarnada, donde no se conjugan la fe con el compromiso con las personas empobrecidas de la Tierra. Aunque hay grupos eclesiales que realizan proyectos alternativos de seguridad alimentaria, educativa, sanitaria, “creo que en general tenemos unas Iglesias cristianas que, a mi modo de ver, no responden al proyecto de Jesús de que todos y todas tengan vida en abundancia”. Y recuerda que un día, después del terremoto, pasó frente a un obispado y preguntó al chófer qué decía la Iglesia ante esa situación. La respuesta fue muy descriptiva: “Monseñor está durmiendo y no sueña”.

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1 comentario en «“Después de tres años del terremoto ya no se habla de Haití”»

  1. “Después de tres años del terremoto ya no se habla de Haití”
    Sí, somos frágiles de memoria. Por eso, muchas gracias por recordarnos que Haití está ahí. Hace falta tenerlo presente.
    Por otra parte, toda crítica ha de ser escuchada, pero tengo que decir que el único obispo que he conocido en Haití no dormía ni siquiera soñaba despierto, estaba trabajando con peligro para su integridad para defensa de los que tanto habían perdido, y no solo a causa del terremoto. Creo que no es el único entre los religiosos.

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