“Mejor no señalar con el dedo, para no aumentar los desencuentros”

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pag24_personal_web-5.jpg¿Quién no conoce a Juan Masiá? Jesuita español afincado en Japón, aunque no deja de ser ciudadano del mundo… Esta vez nos lo encontramos en Barajas a punto de facturar y no se nos puede escapar, así que le abordamos allí mismo. Hay gente que le conoce por sus conferencias sobre bioética, otra por sus diálogos con budistas, pero no deja de ser alguien muy querido, admirado y reconocido en nuestro país.

¿Cómo se encuentra después de la jubilación?

Se deja un puesto por jubilación o cese y se deja un alimento por precripción médica. Pero hay dos temas que no admiten cese ni paro. Adivina cuáles…

¿Quizá hablar y escribir? No para con la lengua y la pluma.

Soy charlatán como mi madre y escritor como mi padre. Pero, ¿de qué serviría escribir sin pensar? ¿De qué serviría conversar sin querer a las personas? Para pensar y querer no hay cese ni paro. Si piensas con todo el cuerpo y quieres con toda tu vida, estás viviendo. Sin pensar ni querer, ya te has muerto.

¿Eso vale también para las Iglesias?

Prohibir pensar y querer sería asesinato a la vez que suicidio.
¿No tenía prohibido venir a su tierra y publicar en su lengua?
No está en vigor tal medida, porque no se podía dar la razón a blogueros inquisitoriales que infringen por internet el octavo mandamiento difamando.

Pero ya no reside en Madrid, sino en Tokio.

No estoy desterrado. Pertenezco a la Provincia Jesuita de Japón, que me envía a ministerios dentro o fuera del país.

¿Qué actividades?

Pastorales y académicas, clases de ética, colaboración con Justicia y Paz y la Conferencia Interreligiosa…

Todo eso en Tokio, amenazado por terremotos.

Mientras preguntabas se cortó la comunicación por un temblor. Un minuto después tranquilizan por radio: sólo nivel cinco sin peligro de tsunami. Muy organizados los avisos de emergencia.

Aunque en Fukushima no les dio tiempo. ¿Cómo supera Japón la tragedia?

Un desafío formidable, lejos de superarse. La Conferencia Internacional Antinuclear (Yokohama, 15 de enero, once mil personas) pidió el cese de plantas nucleares y de su exportación: “La explosión de Fukushima, declaraban, fue un golpe a la sociedad de consumo de Asia oriental, disipó las ilusiones sobre una fuente energética presuntamente segura. La catástrofe exige revisar los logros de una civilización edificada sobre la abundancia y el consumo”. En la sesión de clausura, monseñor Umemura leyó el mensaje unánime del episcopado japonés pidiendo el cese de las centrales nucleares.

Tras el seísmo de Fukushima, empresa eléctrica y gobierno alarmaron con cortes de corriente. Pero en el verano no hubo escasez, con solo seis de los 54 reactores funcionando. La agenda oculta de la “mafia nuclear”: venta de uranio enriquecido y plutonio a Estados Unidos y exportación energética y construcción de nucleares en Vietnam, India y Oriente Medio.

Desde Mongolia denuncian los proyectos nucleares en su país, que solo beneficiarían a la minoría rica gobernante. No se resuelve el problema de los desechos, herencia letal para el futuro. La protesta japonesa (ochenta por ciento de la población) no pide solo el cierre en el país, sino que clama contra la exportación del daño. Enterrar radioactividad fuera de sus fronteras es hacer basurero de ricos el patio del pobre.

Hablando de fronteras, ¿sigue con el tema de su libro más vendido?

Me preocupa el arraigo de la fe cristiana en la cultura japonesa. Monseñor Mori, obispo emérito de Tokio, señala la tensión: “Entre cultura de piedra y de madera, entre la ley y la piedad, abruma el peso de un cristianismo eurocéntrico, dogmatizante, moralizador y colonizador… más patriarcal que maternalmente”.

¿No se tropieza con semejante mismo obstáculo también en España?

Una Iglesia en crisis desaprovechó la oportunidad conciliar de reforma y pierde credibilidad por inmisericordia. ¡Qué contraste entre el Moisés y la Piedad de Miguel Ángel! Moisés, duro como las tablas de la ley, te congela. La Piedad, a pesar de ser mármol, te derrite las entrañas con calidez de madera.

Ese contraste de piedra y madera, ¿lo sugiere la cultura japonesa?

Sí: la novela Silencio, de Endo Shûsaku, un bautizado católico que vive su fe como un traje estrecho; ni lo desecha, ni puede reformarlo. Un Dios maternal y compasivo, contrasta con la divinidad mosaica como las maderas del templo oriental con la frialdad del mármol. No arraiga la imagen del Cristo occidental. Urge descubrir desde dentro raíces de preevangelización. En el siglo XVII se enfrentaban franciscanos y jesuitas, con enfoques de misión diferentes. Se repite la historia en pequeñas iglesias nipónicas agobiadas por la imposición del estilo fanático de algunos movimientos de espiritualidad oriundos de Europa.

¿A quiénes se refiere?

Mejor no señalar con el dedo, para no aumentar los desencuentros.

Pero insiste en el desencuentro de la piedra y la madera.

Sin aplicarlo a la letra a oriente y occidente, como si el primero fuera madera, mujer o mística y el segundo, varón, piedra o lógica. También Europa tiene dentro su “orientalidad” mística olvidada.

¿Juzgaría a nuestra Iglesia como inmisericorde?

“No juzguemos y no seremos juzgados” (Mt 7, 1), aunque duelan casos de inmisericordia: un jerarca proclama que “Dios es rico en misericordia”, a la vez que se porta inmisericordemente con alguien tan misericordioso con el mártir Óscar Romero.

¡Qué fuerte! ¿Puede darnos algunas muestras de otra Iglesia posible, algunas instantáneas de las que cuenta en tus ensayos desde el otro lado del globo?

Solo instantáneas rápidas por exigencias del guión:

  Inmigrante divorciada, violada en el extranjero y madre soltera, en nueva pareja con católico divorciado también inmigrante: no le negaron la comunión. Asunto resuelto resuelto en el “foro de la conciencia”.

  Una persona “salida del armario” honestamente y despedida por prejuicios del párroco extranjero es acogida en la comunidad del obispo local.

  Una inmigrante católica surasiática trabaja en cabaret. El cura extranjero le dijo: No puedes comulgar sin confesarte. En el centro de acogida le dijimos: “No des a Jesús el disgusto de no recibirle, te quiere más que los que te harán trabajar esta noche”.

  En su pastoral sobre la vida los obispos japoneses proponen moral sexual con tres preguntas: “¿Soy sincero conmigo mismo? ¿Soy respetuoso con mi pareja? ¿Soy responsable de las consecuencias de la relación?”. Sin más detalles, dejan la respuesta a la conciencia.

  El episcopado japonés participa, con grupos intrerreligiosos y movimientos cívicos en las campañas contra pena de muerte, rearme y centrales nucleares, defensa de la vida naciente o doliente, protección de la mujer, prevención del suicidio o amparo a minorías discriminadas, víctimas del sida y personas con dependencias o discapacidades.

  En su pastoral sobre bioética (2001) y sobre la Iglesia ante los problemas sociales (2012) los obispos japoneses proponen sin imponer y animan sin condenar, fomentando actitudes evangélicas compartibles con otras religiones y con la sociedad secular que defiende los derechos humanos. Al tratar sobre el divorcio de creyentes concluían: “No se les rechace en la Iglesia, acójaseles como Cristo les acogería y acompáñeseles en los pasos para rehacer su vida.

Da qué pensar, pero hay que cortar. Resuma en una línea como en el Twitter.

Jesús repetía al profeta (Os 6,6): “Misericordia quiero y no sacrificio” (Mt 9,13).

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