Escuela de Personas Adultas San Federico: La Paz en nuestras manos

La Escuela de Personas Adultas San Federico, uno de los más interesantes espacios de formación alternativos que existen en Madrid, impulsado por la parroquia homónima, celebró recientemente una jornada sobre militarismo y paz. La conclusión: en medio de este panorama global sombrío aún cabe la esperanza. Y es necesario transformarla en acción.

Oscuros e inciertos se presentan los tiempos, como señalaban los viejos manuales escolares refiriéndose al olvidado rey godo Witiza. Un orden mundial en crisis, guerras continuas de consecuencias aún imprevisibles, genocidios más o menos encubiertos, amenazas de agresión, la normalización creciente de la ideología belicista y el gasto militar…

En este contexto, la Escuela de Personas Adultas San Federico celebró el pasado 28 de febrero en Madrid una jornada que reunió a decenas de personas en torno a una pregunta sencilla y urgente: qué puede hacer cada uno para frenar la violencia, buscar alternativas al militarismo y abrir espacios de encuentro.

La respuesta no fue única, pero sí compartida: la violencia no es la única opción. En medio de este panorama global sombrío aún cabe la esperanza. Y es posible -y necesario- transformar la esperanza en acción. Porque la construcción de la paz no es asunto de solo unos cuantos. Es una tarea cotidiana que se construye con decisiones, actitudes y compromisos concretos. La paz está en nuestras manos y todas las personas tenemos algo que aportar.

La actualidad se coló desde primera hora. El día amaneció con el inicio de los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre Irán. Esto, sin embargo, reforzó el sentido de la jornada y esa esperanza se manifestó a través de distintas propuestas.

Paz sana y duradera

La primera de ellas fue la justicia restaurativa, con una mesa redonda en la que estuvieron presentes tres realidades muy distintas. O, por mejor decir, tres caras de la misma realidad: Khadija Amin, periodista y refugiada afgana, que ha sufrido violencia y se ha visto forzada a dejar su país; Tíscar Espigares, representante de la Comunidad de Sant’Egidio, que tiene una amplia experiencia de mediación entre países en conflicto; y Jesús Lavalle, diplomático experto en cooperación y actual vocal asesor de la Dirección General de Naciones Unidas, Organismos Internacionales y Derechos Humanos del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Pero, ¿qué es la justicia restaurativa? Es aquella en la que ambas partes asumen la responsabilidad de sus acciones y se comprometen a reparar los daños. Esto supone dar voz a las víctimas, promover la reconciliación en lugar de los castigos y reconstruir las relaciones políticas y sociales.

Así, exige la implicación de toda la sociedad y no solo de diplomáticos, dirigentes o agentes internacionales. No es nada fácil, pero, si tiene éxito, se consigue una paz sana y duradera, que acaba con los rencores y, por tanto, con la espiral continua de agravios y venganza.

Sobre todo, es un proceso que precisa de tiempo y se puede alargar durante años, señaló Espigares, que insistió en la propuesta del papa Francisco de una “paz desarmada y desarmante” que mueva conciencias. Con la dignidad humana siempre como referente y desde la humildad y la generosidad, como hizo el propio Francisco cuando se arrodilló en el Vaticano para besar los pies de los líderes de las facciones rivales de la guerra de Sudán del Sur suplicando la paz en el país.

Genocidio encubierto

Más que complicada se vislumbra la esperanza de reconciliación en Afganistán, donde el régimen de los talibanes está llevando a cabo, en palabras de Khadija Amin, “un genocidio encubierto” contra las mujeres. “Se les impide acceder a la educación y al empleo; se les prohíbe hablar en público; no pueden ser atendidas por médicos masculinos, pero no puede haber médicas, con lo que están condenadas; no figuran en las partidas de nacimiento de sus hijos con lo cual no se las reconoce como madres…”. Del mismo modo, a los hombres que abogan por ellas se les penaliza social y laboralmente, con lo cual no se atreven a cambiar la situación estructural.

Se trata de otro tipo de violencia -nada menos que contra la mitad de la población- que se ha cubierto de un velo de silencio. Al fin y al cabo, es un conflicto “interno” y la comunidad internacional bastante tiene con prestar atención a otros fuegos más llamativos. Pero la intervención de Amin no fue solo denuncia, sino también afirmación de resistencia. Por ejemplo, con la asociación que ella misma ha creado para ayudar a las mujeres que permanecen en su país, Esperanza de Libertad . Pese a todo, está claro que la esperanza se resiste a desaparecer.

Comunidad de vecinos

Aunque esas situaciones parecen mostrar la incapacidad de los organismos internacionales, Jesús Lavalle, que ha sido, entre otras funciones, representante permanente de España ante la ONU de 2019 a 2024, respaldó su utilidad. “La comunidad internacional”, explicó, “es como una comunidad de vecinos. Cuando hay una reunión, cada uno habla de lo suyo y defiende sus intereses, pero, a la vez, sabe que hay intereses comunes ineludibles que conviene proteger”.

En su opinión, las negociaciones multilaterales entre países son más necesarias que nunca, en tiempos en que las guerras o los conflictos armados no terminan ya nunca con derrotas militares totales, sino con acuerdos políticos más o menos estables de lo que alguien tiene que hacerse garante. No obstante, Jesús admitió que el orden mundial que hemos conocido hasta ahora está en crisis. Pero no hundiéndose. “Se está produciendo un reajuste” del que, reconoció, aún no se conoce el resultado final. Por este lado, a su juicio, también conviene mantener la esperanza.

Militancia divertida

Por su parte, Maripi Acha y Nacho Gómez, de la Asamblea Antimilitarista de Madrid, ahondaron en cómo el militarismo se infiltra en distintos ámbitos de la sociedad, desde la cultura a la economía. Con la ideología, que promueve la construcción de “enemigos” y la noción de que solo es posible defenderse mediante la escalada militar; con la utilización del ejército como un recurso de “salvación” en emergencias civiles; con la fabricación de armamento y los intereses económicos que se generan tanto en el conflicto como en los procesos de reconstrucción posterior, en los que participan gobiernos, bancos y grandes empresas… Sin olvidar lo obvio: la mayor parte de la financiación de todo esto sale de nuestros impuestos.

Una vez más, el panorama parecía desolador, pero quedó clara la importancia de mantener la motivación y el compromiso. Acha lo señaló en frase para enmarcar: “La militancia tiene que ser divertida”.

Educación y memoria

Dos experiencias concretas bajaron a tierra estas reflexiones. La primera se llama Hebras de Paz. Este proyecto, inspirado en el ejemplo de Juan Gutiérrez, mediador pionero por la paz en el País Vasco, se basa precisamente en la justicia restaurativa para rescatar y difundir historias reales de solidaridad y ayuda mutua surgidas en contextos de guerra, persecución o violencia. Las “hebras de paz” son precisamente esos gestos -a veces discretos, otras arriesgados- mediante los que alguien decide ayudar a quien es considerado enemigo o extraño, desobedeciendo las normas del propio grupo por razones éticas o humanas.

El proyecto subraya también el valor de la desobediencia moral: muchas de estas acciones implican saltarse las normas impuestas por el propio grupo o por un contexto de violencia para salvar o apoyar a otra persona. Estas decisiones individuales revelan una dimensión de la memoria basada no solo en el rechazo a la guerra, sino también en la construcción activa de la convivencia. El objetivo final es educar a las nuevas generaciones en una “paz positiva”, basada en la cooperación, la empatía y la responsabilidad personal frente a la injusticia.

Resistencia activa

Del mismo modo, el activista pacifista Pepe Ambrona defendió la resistencia civil no-violenta como una estrategia capaz de movilizar a amplios sectores de la población y generar cambios reales. A menudo incomprendido y tachado de ineficaz o «blando», el pacifismo plantea hoy la necesidad de «transarmar» la defensa militar hacia modelos civiles, que no dependan del ingente gasto militar que resta miles de millones al desarrollo social.

Ambrona citó estudios estratégicos como el de la politóloga estadounidense Erica Chenoweth, que confirman que la resistencia no-violenta es significativamente más eficaz que la violencia, con una tasa de éxito del 53% frente al 26% en conflictos analizados entre 1900 y 2006.

Seguir soñando

Y de mantener alta la esperanza se encargaron, al final, dos viejos conocidos de Alandar: el poeta y libreroMiguel Ángel Vázquez, antiguo director de esta revista, y el cantautor Luis Guitarra. La palabra y la música como drogas para elevar el espíritu y concluir un día especialmente necesario para recordar, como apuntó Lía García, una de las organizadoras, que “aunque seamos personas pequeñas, en un barrio pequeño, podemos seguir soñando y participando en cambiar el mundo”.

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