Ernesto Cardenal: Perseguido vivo o muerto

Traidor a su pasado, Daniel Ortega pretende borrar las huellas de los ideales que defendió y de las personas junto a las que luchó, la más conocida Ernesto Cardenal.

Foto: prensacelam

Desde el año 2007, Daniel Ortega es presidente de la república de Nicaragua, asociado diez años más tarde a su mujer Rosario Murillo. Una pareja de dictadores corruptos, asesinos, torturadores que reproducen los tiempos y los modos de Anastasio Somoza a quien él mismo, hace 43 años, como comandante del Frente Sandinista de Liberación Nacional, combatió y derrocó.

Ya se puede entender que, traidor a su pasado, pretende borrar las huellas de los ideales que defendió y de las personas junto a las que luchó. La más conocida, Ernesto Cardenal. En ese camino, la última medida ha sido la ilegalización de la Asociación para el Desarrollo de Solentiname.

Habrá muchos a quienes este nombre no diga nada especial y, sin embargo, fue un símbolo mundial de comunidad, espiritualidad y creación.

Después de sus estudios en México y Nueva York, Ernesto Cardenal viajó por Europa, volvió a Nicaragua, participó en el golpe de abril de 1954, que fracasó y llevó a la muerte a muchos de sus amigos. Una profunda experiencia mística le condujo a la abadía trapense Getsemaní, en Kentucky, donde Thomas Merton era maestro de novicios y se convirtió en su gran maestro espiritual.

En 1965 fue ordenado sacerdote y, acompañado de unos cuantos jóvenes entusiastas, se dirigió a Solentiname, un archipiélago sobre el lago Cocibolca, en Nicaragua. Allí convivió con los pescadores y campesinos, construyeron una capilla, inauguraron un centro médico, se dedicaron a alfabetizar, animaron talleres de creación artística dando lugar a un estilo propio de arte primitivista, todo ello dentro de un clima de espiritualidad. La influencia de su trabajo en las islas se extendió por todo el país. En 1975 se publicó El Evangelio en Solentiname, que multiplicó sus ediciones.

Ese mismo año, llegó Carlos Mejía Godoy, que compuso, con los campesinos del taller de música popular, la Misa Campesina.

Dos años después, 1977, se produjo el ataque al cuartel de la Guardia Nacional en San Carlos, que dio lugar a una represión brutal, centrada en Solentiname. Se destruyó la mejor colección de libros sobre Nicaragua existente en el país, se destrozó el taller de artesanía, se aniquilaron piezas precolombinas… Ernesto Cardenal, exiliado en Costa Rica, levantó su voz en una denuncia internacional.

Finalmente, en 1979, triunfó la revolución y Cardenal fue nombrado ministro de cultura. Tres años más tarde fundó la Asociación para el Desarrollo de Solentiname y aportó fondos para mantenerla.

La Iglesia de Solentiname, donde se estrenó la Misa Campesina. Foto: Carlos Herrera/Niú

El resto de la historia es conocido. En 1990 el Frente Sandinista perdió las elecciones. Cuatro años más tarde, Cardenal abandonó el FSLN denunciando el caudillismo y la corrupción imperante.

En 2007 Ortega ganó las elecciones y ha ido configurando una dictadura en beneficio propio y en el de su mujer, a la que asoció al gobierno en 2017. Corrupción, represión, encarcelamiento de disidentes, torturas… son el pan de cada día.

Como era de esperar, Ortega pretende borrar todas las huellas de su pasado revolucionario y persigue a sus antiguos compañeros. Entre ellos, como el de más prestigio, a Ernesto Cardenal. “Me persigue el Gobierno que tenemos, la pareja presidencial de Daniel Ortega y su mujer. Ellos son dueños de todos los poderes de Nicaragua. Tienen un poder absoluto, infinito, que no tiene límites, y ese poder está ahora contra mí”, en palabras de Cardenal.

Un edicto judicial dio la razón a la diputada Nubia Arcia y despojó de todos sus bienes a la Asociación por el Desarrollo de Solentiname.

En el 2018, Cardenal, ya enfermo, realizó gestiones internacionales para denunciar la deriva criminal de Ortega, quien reprimió con crímenes catalogados de lesa humanidad al pueblo sublevado, en particular a cientos de jóvenes.

El 1 de marzo de 2020 murió Ernesto y sus restos fueron llevados a la catedral de Managua para la misa de cuerpo presente, que congregó de manera espontánea a miles de personas que compartieron sus ideales. Sin embargo, pelotones de turbas orteguistas, aparentando ser feligreses, fueron enviados a la misa para gritar ante su ataúd: ¡traidor, vendepatrias! Más tarde, agredieron a participantes, en particular a periodistas de medios independientes. Ernesto Cardenal fue enterrado casi en secreto.

Además de su poesía y su sacerdocio rebelde y comprometido, Cardenal legó a los campesinos y pescadores del archipiélago la Asociación para el Desarrollo de Solentiname, con sus talleres de artesanía y pinturas, biblioteca, iglesia, dispensario, un centro comunal y un pequeño hotel, como instrumento para su propio sostenimiento. Todo en las paradisíacas islas en las que el poeta vivió sus momentos más sublimes, en contemplación y silencio.

El pasado mes de abril fue ilegalizada la citada asociación. Así se ha editado una nueva página de perversión de la dictadura orteguista contra el simbólico legado de uno de los poetas más brillantes en la historia cultural contemporánea de Nicaragua y América Latina.

Gran creyente, puso su vida al servicio de los pobres, como hizo su Maestro. Ahora Ortega quiere borrar su memoria. Los dictadores no son solo corruptos y criminales, sino también miserables y mezquinos. Sórdidos.

Carlos F. Barberá
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1 comentario en «Ernesto Cardenal: Perseguido vivo o muerto»

  1. Cuanto me gusta lo que escribes, Carlos y estoy totalmente en tu onda!! Estuve 20 años seguidos, un mes al año en Nicaragua y siento que hago parte de ese pueblo y de su historia. Como a Ernesto, nos han quitado 2 Onegés que trabajaba para la educación de hijos de campesinos. Sufro en la distancia por ese pueblo tan sufrido al que le están quitando su manera de existir…..

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