Arcadi Oliveres y el movimiento por la paz

La personalidad de Arcadi Oliveres fue rica en facetas y compromisos, pero uno de los más constantes y de más largo recorrido es el de la cultura de paz. Antoni Soler une a su calidad de presidente de Fundipau, una organización veterana que trabaja por la Cultura de Paz y la Noviolencia desde hace casi 40 años, la de haber sido amigo personal y compañero de empeños. 

Por Antoni Soler, presidente de Fundipau

¡Qué difícil me resulta escribir sobre Arcadi! Por una parte está la enormidad de su legado, de su vida, de su acción, la variedad de campos en los que ha incidido, siempre al servicio de la justicia, del bienestar y la dignidad de las personas, de la paz… Por otro lado su gran calidad humana, su afabilidad, su generosidad, su bondad… Si a todo esto añadimos el privilegio de haber podido gozar de su amistad, se entenderá el colapso de ideas, pensamientos y sobre todo emociones y sentimientos que se aglomeran ante el teclado y que dificultan escribir con fluidez y claridad.

Arcadi Oliveres retratado en Sant Cugat en febrero de 2021, pocos meses antes de su muerte. Foto: Frederic Esteve
Arcadi Oliveres retratado en Sant Cugat en febrero de 2021, pocos meses antes de su muerte. Foto: Frederic Esteve

A pesar de todo, intento trazar algunos rasgos que me parecen especialmente importantes, quizás por menos publicados. Voy a destacar tres aspectos.

Arcadi, pionero en el movimiento por la paz. Naturalmente Arcadi no fue ni el primer pacifista, ni el primer activista. Sin embargo, por allá a finales de los 60, cuando empezó su actividad pública, apenas existían  en nuestros entornos -ni durante los 70 ni los 80- estudios por la paz, ni datos, ni informaciones referentes al entramado económico-militar, o al gasto armamentístico. Arcadi en eso sí fue pionero. A su vocación pacifista y noviolenta unió su capacidad profesional como economista y profesor universitario para aportar conocimiento y datos que nos permitían apoyar nuestros discursos

Ya su tesis doctoral, La industria militar en España, fue por este camino. Desde entonces, sus clases en la universidad, sus libros y publicaciones, sus innumerables charlas y conferencias, no han dejado de ilustrarnos. Nadie que haya asistido a alguna de ellas, y somos muchísimos, podrá olvidar como, de forma divertida y amena, iba engarzando datos y vínculos entre personas, grupos financieros, empresas, armamentismo, etc. Una denuncia constante de alianzas y entramados escandalosos, que pasan inadvertidos a los ojos de la mayoría.

Arcadi, intransigente con el mal y coherente en su conducta. Su lucidez, su conocimiento del trasfondo de un sistema cruel y abusivo, que condena a la indigencia o a la muerte a un número creciente de personas, no se ha quedado sólo en la denuncia, sino que ha ido siempre acompañada de una conducta consecuente. No se puede contemporizar con esta perversión y si eso comporta renuncias personales o cambios en hábitos o estilo de vida, hay que hacerlos.

Debemos utilizar nuestro poder como consumidores, como ahorradores, como ciudadanos que pagamos impuestos, etc. Siempre hemos encontrado en Arcadi esta exigencia moral que despertaba nuestras conciencias adormecidas. En su discurso hemos encontrado siempre propuestas que él practicaba, como el comercio justo, el consumo responsable, la banca ética, o las diversas objeciones de conciencia (al servicio militar, fiscal, laboral, científica…). Todo un ejemplo predicado y practicado.

Arcadi, la bondad revolucionaria. Todos los que hemos tenido la ocasión de conocerle y de tratarlo, unánimemente coincidimos en que, además, ha sido un privilegio y un placer. Su generosidad, su proximidad amable, su empatía son distintas manifestaciones de aquello que en definitiva ha sido su bondad. Arcadi ha sido un buen hombre. Es esta misma bondad la que le daba esta fuerza capaz de arrastrar, de convencer. Es esta misma bondad lo que le hizo intransigente con el mal y la injusticia. Es esta misma bondad la que transformó su capacidad en revolucionaria. Porque la bondad, tantas veces denostada como sinónimo de ingenuidad ineficaz, muy lejos de esto, la bondad y solo la bondad puede ser revolucionaria.

Podríamos seguir sin fin. Pero espero que estos tres breves rasgos, considerados en conjunto y entrelazados, nos permitan entrever la grandeza y el valor que para tantas personas, tantas organizaciones, tantas causas ha tenido la vida de nuestro querido Arcadi. Ojalá seamos capaces de seguir su ejemplo y podamos disfrutar de vidas tan fecundas como ha sido la suya.

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