Callar y escuchar

  • por

pag12_quepunto1_web-10.jpg«Tenemos dos orejas y una sola boca justamente para escuchar más y hablar menos» (Zenón de Citio)

Más de dos mil años han pasado desde que el filósofo estoico pronunciara esta frase y aún nos cuesta enormemente ponerla en práctica. Quizá los primeros que deberían aplicarse el cuento son nuestros políticos… Eso daría para otro artículo, pero ahora me quiero centrar en las personas como tú y como yo, que no estamos todo el día en la palestra, pero que también deberíamos hablar menos y escuchar más.

Escribo estas líneas recién llegado del Camino de Santiago. Ha sido una magnífica experiencia, más aún cuando los compañeros de camino eran 20 jóvenes de mi Centro Juvenil. La frase que nos acompañó durante toda la peregrinación fue aquella de los discípulos de Emaús: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino?» (Lc 24,32). A lo largo de 190 km., estos jóvenes trataron de escuchar la voz de su corazón, la voz de sus compañeros y la voz de Dios que les hablaban por el camino. Fueron capaces de callar para dejar que hablase la vida, para dejarse sorprender por el Señor que salía a su encuentro en cada recodo del camino o en cada rincón de su propio corazón. Y al llegar a Santiago, emocionados por alcanzar la meta, se quedaron sin palabras, contemplando la catedral, dejando escapar algunas lágrimas o abrazándose en silencio a sus compañeros.

Después de un día en Santiago, en el que celebramos la misa del peregrino –con botafumeiro incluido– y en el que recorrimos las calles de esta ciudad tan universal, a la mañana siguiente nos dispusimos a buscar un rato de silencio en la catedral. La intención era poner en práctica la actitud de los de Emaús: repasar el camino andado y reconocer cómo el corazón había ardido a cada paso por su palabra y su presencia. La majestuosa iglesia catedral nos abría sus puertas, con esa belleza y grandiosidad que invitan a la profundidad y a la contemplación y los 20 jóvenes de mi grupo se distribuyeron por el templo para aprovechar esa oportunidad.
pag12_quepunto2_web-10.jpg
Doy fe de que lo estaban haciendo, hasta que poco a poco fue entrando una multitud de molestos e irrespetuosos turistas que les impidieron terminar su reflexión y oración. Con sus cámaras, sus voces, sus ruidos y cuchicheos rompieron la “magia” de ese momento que estos jóvenes buscaban. Parecía que estaban consumiendo una experiencia más. Y yo me preguntaba –mientras pedía silencio a uno de estos grupos de ruidosos– cómo es posible educar a los y las jóvenes en la belleza, la espiritualidad, la profundidad de la vida, la reflexión, mientras muchas veces los mayores se lo impedimos…

Quizá los que creemos tener más experiencia, pensamos que podemos pasar por cada lugar como si nada, hacer unas fotos y largarnos tan contentos. No dejamos que las personas o los acontecimientos nos hablen, no escuchamos el corazón, no nos paramos para que la vida pueda reposar… Decimos que la juventud es consumista, superficial e individualista, pero cada vez estoy más convencido de que les ayudamos bien poco a ser de otro modo. En el silencio se encuentran respuestas, se descubre lo profundo del corazón, se alcanza a oír la voz de Dios. Pero cuando llenamos la vida de palabras –muchas veces vacías– o de ruidos (que es peor), no se puede escuchar nada. Como mucho, a nuestro ego…

Al salir de la catedral, el propio grupo manifestó su malestar por lo ocurrido. Se quedaron con las ganas de sacarle más “miga” a ese tiempo de silencio. Hasta uno de ellos llegó a decirme que se acordaba de Jesús echando a los mercaderes del templo, porque aquello parecía todo menos una iglesia… Si algo necesita nuestro mundo desarrollado es silencio. Hablar menos para escuchar más, callar para hacer hueco a la voz de Dios, cerrar la boca para buscar sentido a las circunstancias de la vida –a veces tan complejas–, hacer silencio para escuchar las necesidades de nuestros hermanos y hermanas. No sé si mis palabras son demasiadas o excesivas para hablar precisamente del silencio. Mi pretensión era mostrar su importancia, nada más. Yo también tengo que hablar menos, para escuchar más. Lo intentaré…

Últimas entradas de Colaboración (ver todo)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.