Corina Mora

Nací en Cuenca. Crecí en mi parroquia, vine a Madrid a estudiar Periodismo, me encontré con muchas otras cosas y aprendí casi todo lo poco que se viviendo en Centroamérica. Soy voluntaria social desde que me acuerdo y creo en tantas cosas como personas hay en el mundo trabajando porque sea más justo. Me dedico a la comunicación social porque es el lugar de los procesos de cambio y transformación. He trabajado para diferentes ONG, fundaciones y entidades públicas de cooperación como la AECID, con el firme propósito de tener cosas interesantes y motivadoras que contar. Ahora, centrada en la acción social aquí, lo hago desde Solidarios. Me uní al camino de Alandar hace años con ilusión y con ganas porque somos tantas Iglesias que es necesario contarlas.

Cárcel. Foto: Hédi Benyounes. Unsplash

Un año que vale ¿por cuántos? Doblemente confinados en prisión

Desde el inicio de la crisis del COVID en marzo de 2020 las restricciones vividas en las cárceles han sido muy intensas: suspendidos los permisos, los “vis a vis” íntimos y familiares, suspendidas las comunicaciones orales, suspensión también de actividades desarrolladas por ONG con voluntariado externo…

La calidad de vida de las personas hospitalizadas por otras patologías se ve resentida por la pandemia. Foto: Pixabay

Covid-19: La otra presión hospitalaria

Hay un 93,2% de camas hospitalarias ocupadas por pacientes con otras enfermedades, lo que supone unas 125.404 personas. Pacientes hospitalizados que, desde marzo de 2020, son los que están soportando una verdadera presión en sus ingresos, con pautas de visitas y de estancia que afectan a su estado anímico.

Crónica del hambre anunciada

Como cada año la escasez llega con la estación de las lluvias a los países del Sahel, una de las zonas del planeta más expuestas al hambre. Cinco meses de hambre predecible y evitable que amenaza a más de 30 millones de personas. Mauritania, Mali, Burkina Faso, Níger y Chad entre los países más afectados donde la vulnerabilidad es crónica y se agrava por los conflictos y la violencia.

Una de cada dos personas vive en la pobreza en el Sahel. El cambio climático provoca sequías e inundaciones cada vez más intensas, frecuentes y menos predecibles que degradan el suelo, único recurso para una población que vive de la agricultura y ganadería de subsistencia. Esta situación significa que la población no puede sobrevivir en momentos de extrema precariedad porque ya arrastran enfermedades y desnutrición que los hace aún más vulnerables.