A lo largo de los doce años de Pontificado, que se cumplen precisamente este mes de marzo, y a diferencia de los papas anteriores, se citan a menudo frases de Francisco. Frases a veces coloquiales, a veces improvisadas, en ocasiones incisivas. Quiero con estas líneas ensayar una interpretación, a riesgo, ciertamente, de equivocarme.

En el año 1957 yo participaba en un viaje fin de carrera por Italia, que incluía, naturalmente, una visita a Roma y en ella una audiencia con el Papa. Llegada la hora de la cita, estábamos unos treinta estudiantes en un despacho del Vaticano y, en el momento fijado, entró Pío XII con un papel en la mano. Era una pequeña alocución que nos leyó. Después, se colocó para una foto con el grupo y desapareció.
He recordado aquel momento cuando he visto reportajes de audiencias del papa Francisco, y he querido hacer una pequeña reflexión sobre sus intervenciones informales, sobre los gestos improvisados o las frases no preparadas que, en gran medida, le han concitado la enemistad de personalidades clericales importantes acusándolo de haber destruido la seriedad y la solemnidad de la figura papal.
Estoy convencido de que una de sus decisiones más importantes ha sido la de abandonar los aposentos vaticanos para ir a vivir a una sencilla habitación de la residencia Santa Marta. Cuando alguien -como los anteriores Papas- vive solo, aislado, y participa únicamente en actos oficiales, se convierte en Papa, en una figura oficial que no pronuncia sino palabras pensadas de antemano, redactadas, medidas. Cuando alguien, como Francisco, come y cena con personas distintas, normales, sus palabras carecen muchas veces de la solemnidad oficial, aunque no dejen de ser palabras de una figura importante.
Es seguro que Francisco es el primer Papa de la historia que se ha dejado hacer selfies -aunque dice que su rostro es poco fotogénico-, el primero que ha contado chistes. Alguno bastante malo como el siguiente: “En un despacho suena el teléfono: Ring, ring. ¿Aló? ¿Es la embajada de Laos? Sí, señor. Pues mándeme uno de vainilla”. Otros han sido de mayor calidad y también más conocidos: “¿Cómo se suicida un argentino? Se sube a lo alto de su ego y se tira abajo”.
Cuando alguien, como Francisco, come y cena con personas distintas, normales, sus palabras carecen muchas veces de la solemnidad oficial
En otros casos, a mi modo de ver, sus palabras han reflejado su propia experiencia. Así, cuando visitó a los inmigrantes de Lampedusa y, a la vista de lo que encontró, rompió el discurso que llevaba preparado e improvisó uno más personal y directo.
No hace tanto, en una audiencia a los seminaristas de Navarra, Francisco les ha pedido que no dejen de ir a las cárceles: “Por favor, vayan a las cárceles, vayan, comprométanse”. Y les ha recordado que él, desde que es Papa, suele ir cada Jueves Santo a una prisión: “recuerdo que, en un lavatorio de los pies -en una cárcel de mujeres-, lavaba los pies de una de ellas y cuando iba a pasar a la otra, me agarró la mano, se me acercó al oído y me dijo: ´Padre, yo maté a mi hijo`. Los dramas internos en la conciencia de los que viven en una cárcel. Cuando sean curas, vayan a las cárceles, es una prioridad. Y todos nosotros podemos decir eso que yo siento: ¿Por qué ellos y no yo?”.
“Por favor, vayan a las cárceles, vayan, comprométanse”. Y les ha recordado que él, desde que es Papa, suele ir cada Jueves Santo a una prisión
Hay frases de más fuste sobre las que quiero esbozar una teoría. Los cambios en la Iglesia, sobre todo, en el campo de la doctrina y de la moral, son siempre difíciles. Tendrán que enfrentarse a los “guardianes de la ortodoxia”, que ahora se han vuelto especialmente beligerantes y agresivos.
Tras el Sínodo de la familia, temiendo que se autorizase la comunión a los divorciados vueltos a casar, un grupo de cardenales -entre ellos Rouco- se adelantó con un libro colectivo y amenazó con declarar hereje a Francisco si se atrevía a hacerlo. De hecho, lo hizo, pero con una redacción tan complicada que volvió a suscitar la demanda de si era así o no, renovando la amenaza de declararle hereje.
Tras el Sínodo de la familia, temiendo que autorizase la comunión a los divorciados vueltos a casar, un grupo de cardenales -entre ellos Rouco- se adelantó con un libro y amenazó con declarar a Francisco hereje
En este momento de la Iglesia, hay en el candelero dos temas de diverso calado en que esas frases de Francisco se han ido repitiendo: el lugar de la mujer y el de los homosexuales en la Iglesia.
“Si una persona es gay, busca al Señor y tiene voluntad ¿quién soy yo para juzgarla?” (2013).
“Las personas homosexuales tienen derecho a estar en la familia, son hijos de Dios, tienen derecho a una familia. No se les puede echar de la familia ni hacerles la vida imposible por eso (2020)”.
“El Vaticano aclara el apoyo del Papa a las protecciones legales para las parejas del mismo sexo.” (2020).
“En la Iglesia hay espacio para todos” (2023).
“No bendigo el matrimonio entre personas del mismo sexo. Bendigo a dos personas que se aman y también les pido que recen por mí” (2024).
“Las personas homosexuales tienen derecho a estar en la familia, son hijos de Dios, tienen derecho a una familia. No se les puede echar de la familia ni hacerles la vida imposible”
¿No es razonable pensar que el Papa va haciendo acercamientos al tema hasta que de prohibido e intocable se vaya convirtiendo en normal y aceptado?
Vayamos con la mujer:
“El genio femenino es necesario en todas las expresiones de la vida social. Por ello se ha de garantizar la presencia de las mujeres en el ámbito laboral y en los diversos lugares donde se toman las decisiones importantes, tanto en la Iglesia como en las estructuras sociales” (2013).
“Entre las tareas pendientes de la Iglesia está una teología de la mujer en la Iglesia y un papel más activo” (2013).
“La Iglesia debe preguntarse por la presencia que otorga a la mujer…” “A veces se confunde el servicio con la servidumbre” (2014).
“Sufro, y lo digo de verdad, cuando veo en la Iglesia o en algunas organizaciones eclesiales que la función de servicio de la mujer, que todos tenemos y debemos tener, se transforma en un papel de servidumbre”.
“La Iglesia debe preguntarse por la presencia que otorga a la mujer (…) A veces se confunde el servicio con la servidumbre”
“La mujer tiene la capacidad de tener juntos tres lenguajes: el de la mente, el del corazón y el de las manos” (2024).
Creo que es razonable pensar que éstas y otras frases semejantes quieren preparar el camino para cuando llegue el momento en que puedan tomarse decisiones institucionales. Y ojalá ese momento esté próximo, en el próximo recorrido del Sínodo.
