Premios Alandar 2025: Una noche en la ópera

Pie de foto: Las personas galardonadas con los Premios Alandar 2025, junto con miembros de la Junta directiva. Foto: Javier Baeza.

En verdad, no había ninguna ópera que representar, pero sí una sinfonía de voces a punto de poner nombre a lo que no se suele nombrar y de cuerpos prestos a arroparse.

Era ya tarde de invierno en el Colegio Mayor Chaminade. Uno de esos momentos para cantar a pleno pulmón que la esperanza pertenece a quienes poco más tienen y que florece, sin esperar a la primavera, en los márgenes de la andadura.

Por las cosas del directo, y las ganas de aprovechar el avance tecnológico para traducir la palabra a la jerga moderna, el sonido y los vídeos no terminaban de arrancar, como si fuera una metáfora de que en realidad la velada estaba preparada para llegar a los tímpanos de las conciencias y sacudir la anomia de nuestros huesos.

Nadie dudaba de que finalmente las voces inquilinas, palestinas y teólogas finalmente lograrían domar los cables y las conexiones, para hacerse clamor y abrazo, como así sucedió.

Iban subiendo las personas premiadas para dejarse entrevistar por la agrupación de infatigables periodistas que siguen al pie del cañón, tomándose su tiempo para explicar de dónde vienen y a dónde van, puede que lento, pero van.

En nombre de la “la movilización ciudadana” levantada contra la falta de acceso a la vivienda y a favor de este derecho reconocido en nuestra Constitución, sonaron los aplausos, y hasta hubo gritos, “¿qué pasa?, que hay gente sin casas”, para el Sindicato de Inquilinos e Inquilinas.

“Hemos recuperado la figura de la filiación de los sindicatos laborales”, dijo Elisa Molina, que junto a Lucas Vaquero, también del Sindicato de Inquilinas, se llevaron el merecido galardón.

Porque “da pertenencia, te vincula, te permite participar y avanzar en la construcción de una organización democrática”, explicó.

No acudió la teóloga brasileña Ivone Gebara, que envió un video agradeciendo la distinción que, en realidad, insistió, no la distinguía a ella sola, sino al “nosotras” formado por tantas mujeres que declinan su espiritualidad en femenino, como nuestra amiga Pepa Torres.

Fue ella quien subió al escenario en nombre de su “hermana, maestra y cómplice” en este “caminar a través de las sendas abiertas”.

Otras “nosotras” premiadas fueron las periodistas palestinas que han seguido transmitiendo el sufrimiento de su pueblo y su heroica resistencia, a pesar de que muchas han sido concienzudamente silenciadas por los disparos y bombas del ejército invasor.

Las manos del periodista palestino, nacido en Jericó (Cisjordania), afincado en nuestro país desde hace décadas, Mayid Dibsi, sostuvieron el galardón.

El sionismo no quiere el “testimonio real” que difunde ese periodismo desde el terreno que se hacer avanzadamente artesanal, ni mucho menos que se divulguen indicios, pruebas y evidencias que puedan llegar a la Corte Penal Internacional, explicó Dibsi.

Con el vibrante recordatorio de la importancia de no callar, que es la esencia del periodismo del bueno, y de buscar juntos y juntas las respuestas, que es la razón de la comunidad, se puso fin a la primera parte de la fiesta de los premios de este año.

No sin antes rememorar la gala de los 40 años de Alandar, celebrada en junio, con la proyección de la grabación, y de paso cantar, como entonces, que “sois la sal que puede dar sabor a la vida, sois la luz que tiene que alumbrar”.

Ya sí, pasamos al comedor de la residencia universitaria, donde cuidar de esos cuerpos que no se rinden y siguen su camino, de ponernos en comunicación para que nada bueno se pierda.

Apareció así una segunda metáfora, la que apunta a la fiesta como grano de arena que desgasta el engranaje, cortocircuito que apaga la pantalla para que veamos, al menos, por un instante, la luz del horizonte a la que llegar.

Fue un rato invisible a las hojas de cálculo, propicio para el intercambio de saludos, de estima y cortesía cívica; y también, ¿por qué no?, de citarnos para que la justicia, el cuidado y la igualdad se hagan costumbre. La esperanza se abrió paso, codo a codo, por las alamedas del gélido presente, si vamos juntas y al lado del “amigo de los débiles y crucificado por el poder”.

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