Un papa fuera de serie

Desde hace varias décadas, como periodista y creyente, he participado en varias charlas y debates sobre el papa Francisco. Siempre empezaba mis exposiciones afirmando, sin más, “este papa no es normal”. Ante la extrañeza de la mayoría explicaba de inmediato que, para mí, Francisco era un papa extraordinario, “un papa fuera de serie”.

El papa Francisco en Lampedusa, al inicio de su pontificado.

Efectivamente desde que lo nombraron, cada vez que hablaba, sorprendía, porque decía cosas que nunca se hubiera pensado que podrían oírse de boca de un papa. A los pocos días de iniciar su mandato, dijo que quería sacerdotes con olor a oveja y definió la Iglesia, no como una sociedad perfecta, madre o maestra, sino como un hospital de campaña para atender y curar a los heridos. Y manifestó que le gustaría mucho contribuir a que la Iglesia fuera pobre y para las pobres.

También nos invitó a todos, periodistas o no, a acudir a las periferias existenciales. Hasta entonces, en la sociología, el concepto de periferias se planteaba en términos estrictamente espaciales. Francisco, al referirse a las periferias existenciales le da otro vuelo: las periferias existenciales son las de aquellos que sufren vulnerabilidades de conciencia –psicológica o de sentido de la vida– o relacionales (como la soledad, las rupturas o el abandono). Además, Francisco no habla de un enfoque individual, sino de una “espacialidad” en la que se sufre y en la que se amplía la desvinculación. De manera que las periferias son, al mismo tiempo, máquinas de desintegración, pero también lugares de solidaridad y resistencia entre los desvinculados. 

Los ejes centrales de su pontificado

Como papa centró su prédica en grandes temas que enumeraremos así: a) el énfasis en un Dios que es misericordia, siempre dispuesto a amar, a perdonar y a brindar nuevas oportunidades; b) una nueva Eclesiología, la de la Iglesia Pueblo de Dios, planteada en el concilio Vaticano II y, en la práctica, olvidada hasta que Francisco le dio nueva vida; c) la denuncia de una sociedad del descarte centrada en el capital y dominada por el consumismo, en la que los pobres, los pequeños y los humildes son considerados sin valor, prescindibles y desechables; d) una población mundial transida por el egoísmo, los enfrentamientos, los conflictos bélicos y la muerte de miles de seres humanos a la que Francisco se refirió como una “tercera guerra mundial a pedazos”; y, finalmente, e) la defensa del derecho a migrar y la condena de los que cierran sus puertas a los migrantes mediante la violencia y la represión como ocurrió en Lampedusa cuando un barco atestado con más de 500 mujeres, hombres y niños se hundió frente a la costa italiana; como ocurrió otras muchas veces en diversos lugares del mediterráneo. El papa estuvo allí en Lampedusa, lloró, se conmovió y calificó la situación como una vergüenza para la humanidad.

Ecología integral

Pero el tema que más distinguió a Francisco como líder, no solo religioso sino ético y mundial, fue su llamada de alerta por este planeta nuestro que camina a su destrucción final por el despilfarro, el descuido y el egoísmo de la mayoría de sus habitantes, según declaró en su encíclica Laudato Si’, “Alabado seas, mi Señor”. La tierra toda: seres humanos, mares y montañas, atmosfera, plantas y animales fueron, según la Biblia, confiados a la pareja humana para cuidarlos y para compartir con otras personas y otras generaciones.

Sin embargo, lo que ha ocurrido a lo largo de la historia es que los seres humanos han confundido cuidar con dominar y ello ha conducido a la explotación del planeta por parte de las sociedades más ricas y poderosas, en desmedro de las más humildes revelando una doble injusticia: los países más desarrollados son los que mayores cantidades de basura y de CO2 producen y los que más agua, madera, minerales y oxígeno consumen y todo ello genera los peores efectos en el medio ambiente de los países más pobres. La gravedad de esta situación es tal que los científicos han puesto fecha a los avances más destructivos que esto va generando en el planeta con el riesgo cada vez más cercano de una destrucción global.

Lo anterior desafía la responsabilidad humana y exige una serie de cambios, en la vida de las personas y de los países. Por ello esta encíclica se dirige a todos los seres humanos, no solo a los creyentes. Todos los habitantes de este planeta debemos sentirnos concernidos y actuar en consecuencia. Es lo que en términos pastorales llamamos la ecología integral, que implica cuidar simultáneamente la vida del plantea y de los más pobres. Porque, como decía Francisco “todo está relacionado”. La opción por los pobres y la defensa del planeta son dos caras de una misma medalla.

El papa del diálogo

Francisco fue un papa muy moderno en términos comunicativos; después de Juan Pablo II (que concedió una en Méjico), fue el que más entrevistas ha concedido hasta la fecha; pueden contarse por decenas. Al poco tiempo de haber sido elegido nos sorprendió con la primera entrevista, hecha por un jesuita como él, el padre Spadaro, que muchos leyeron con avidez y agrado. Durante más de una década nos fuimos acostumbrando a consumir con gusto esos acercamientos al papa a cargo de hombres y mujeres de distintos medios. Anteriormente, cuando un pontífice consideraba importante un asunto, lo más frecuente era que escribiera unos textos denominados generalmente encíclicas. También podía tratarse de constituciones apostólicas, cartas apostólicas, motu proprio o exhortaciones apostólicas post-sinodales, entre otros. Los límites de esos textos consistían en que no favorecían una comunicación dialogante porque venían unidireccionalmente, de arriba abajo y, además, eran textos muy orientados a un público especializado como obispos, teólogos y cardenales, por lo que la mayoría de los creyentes los sentían lejanos y difíciles. El papa Bergoglio produjo cuatro encíclicas. La primera, iniciada por Benedicto XVI fue Lumen Fidei (2013), “La luz de la fe”; la segunda y de mayor novedad y envergadura fue Laudato Si’ «Sobre el cuidado de la Casa Común» (2015); Fratelli Tutti «Sobre la fraternidad y la amistad social» (2020); y Dilexit Nos, «Sobre el amor humano y divino del corazón de Jesucristo» (2024).

Las entrevistas fueron para Francisco, entre otras formas de comunicación, la expresión de una Iglesia que, más que “un misterio”, quería ser comunidad, diálogo. En esa línea dialogal inició su pontificado convocando a un sínodo sobre la familia, e invitó previamente a todos los creyentes que lo desearan a responder un extenso cuestionario sobre esta realidad humana. Algunos analistas valoraron la “valentía” del papa por escoger como primero este tema ligado a la sexualidad en momentos en los que, del lado eclesial, empezaban a conocerse los primeros casos de sacerdotes que habían abusado de niños y adultos, mientras que, desde los creyentes, muchos disentían con la postura de la Iglesia sobre los métodos de regulación de la natalidad planteados en la Humanae Vitae (1968). La familia era en ese momento un tema que los periodistas calificarían de caliente. Hasta entonces, un grupo de obispos y cardenales, todos célibes, tomaban la iniciativa de definir en qué consistía la familia y lo que era correcto o no dentro de una relación matrimonial. Esta vez fueron los creyentes los primeros invitados a definir qué significaba para su vida cristiana la familia y de qué manera se esforzaban en las situaciones difíciles, por buscar en cada caso diferentes formas de construirla de acuerdo a su fe y en libertad. A partir de estas respuestas, después de dos sesiones sinodales, el Papa publicó el texto “Amoris Laetitia” (2016), sobre la alegría del amor.

Sensus fidelium

Respecto a esta decisión de consultar a los fieles sobre diversos aspectos de la vida en relación con su fe, Francisco reafirma con ello lo que escribió en su encíclica Lumen Fidei en la que se refiere al sensus fidei (sentido de la fe), también llamado sensus fidelium (sentido de los fieles), ya mencionado en el Vaticano II. El catecismo de la Iglesia Católica lo define como la apreciación sobrenatural de la fe por parte de todo el pueblo; es decir: Dios se revela también a través de cada creyente. Ello da base para que pueda afirmarse que todos los bautizados hacen Teología, no exclusivamente los teólogos. En ese sentido, los creyentes, y no solamente los obispos, los cardenales y el papa, deben ser considerados por la Iglesia garantes de la revelación.

Una mirada crítica a la Iglesia

Mientras que los jerarcas eclesiásticos, desde los primeros tiempos, cuando hablaban del mal y del pecado, señalaban con su índice al mundo, de un momento a otro esa mirada cambió. Y la Iglesia empezó a hablar de sus males internos, que hasta entonces no parecían existir: El primero en alzar la voz fue Benedicto XVI, ese papa teólogo que un día nos sorprendió con su dimisión (2012), señalando que era necesario y urgente poner orden dentro de la estructura eclesial y que él no se sentía capaz de hacerlo. Así fue como, sin precisar situaciones todavía, los creyentes entendieron que el afán de poder y de riqueza estaba enfermando hace años a la Iglesia por dentro.

Simultáneamente se generalizó la denuncia de abusos sexuales contra menores. Y el papa Francisco, ya elegido, tuvo la claridad de señalar que la raíz de todos esos males que corroían a la Iglesia por dentro era el clericalismo;es decir,la apreciación errónea de que el sacerdocio confiere a quien se ordena un poder para prevalecer sobre los demás y hacerse servir por todos. Eso quiso decir el papa Francisco cuando habló a los pocos días de ser elegido de que quería sacerdotes con olor a oveja y fue también lo que le movía a aconsejar a obispos y cardenales que, a partir de sus nombramientos como tales, debían ser cada día más humildes, vivir austeramente y respetar a los demás seres humanos.

Los abusos sexuales de algunos sacerdotes y obispos preocuparon seriamente al papa y decidió denunciar públicamente los casos que fue conociendo y solidarizándose con las víctimas. Lamentablemente algunos obispos de diferentes países no le brindaron información clara y precisa. Fue lo que ocurrió durante su visita a Chile (2018), cuando varios obispos le dieron información distorsionada e intentaron disimular la gravedad del problema. La postura de Francisco fue rotunda y enérgica. Aunque todavía subsiste en muchos países un actitud encubridora frente a los abusos, el papa Bergoglio será recordado como el primero que tomó medidas fuertes para enfrentar este problema.

Reformas estructurales

Otra cuestión interna que lo ocupó seriamente fue lo concerniente al banco vaticano, o Banco Ambrosiano. Ahí tuvo que exigir transparencia a los directivos y tomó medidas contra algunos, cuyos criterios económicos estaban reñidos con la transparencia y la pulcritud que debe guiar las decisiones de la Iglesia en ese ámbito. Por ello prohibió aceptar capitales que estuvieran ligados, directa o indirectamente, al narcotráfico o a otras operaciones ilegales. De otro lado tomó medidas para equilibrar ingresos y gastos en la economía vaticana y decidió no generar mayores egresos que los permitidos por los ingresos legales. Ello lo llevó a tomar decisiones difíciles, y nunca antes ejecutadas como, ante la bajada de ingresos, reducir el sueldo a aquellos cardenales y superiores de congregaciones religiosas que recibían una remuneración del Vaticano. Cuando informó a la curia de esta decisión enfatizó que a pesar de la difícil situación presupuestal no rebajaría jamás, ni un céntimo, del sueldo de cualquier otro trabajador que tuviera una familia a su cargo, ya fueran trabajadores laicos administrativos o miembros de la Guardia Suiza.

El grupo de los 9

Francisco también asumió la reforma de la curia, la que realizo con el consejo del G9 o grupo de los 9. El objetivo principal del G9 fue asistir al papa en el gobierno de la Iglesia, ofreciéndole consejo y asesoramiento tanto como grupo como de manera individual. Sus miembros, nombrados y renovados por el papa en marzo de 2023, fueron: Peter Erdő, Reinhard Marx, Marc Ouellet, Pietro Parolin (secretario de Estado de la Santa Sede), Robert Prevost, Robert Sarah, Christoph Schönborn, Luis Antonio Tagle y Matteo Zuppi. El G9 se reunía regularmente para discutir asuntos importantes de la Iglesia y del mundo y abordó diversos temas como la reforma de la Curia, la colegialidad, el papel de las mujeres, el Sínodo y la protección de los menores. En lo referido a la curia algunos de los cambios estuvieron orientados a que los sacerdotes y religiosos que sirven en ella permanecerán solo cinco años, un mandato que puede ser renovado por otros cinco. Después deben volver a sus diócesis u órdenes religiosas. Varios consideraron que la medida era positiva, como un golpe al carrerismo, y porque insistía en la importancia del vinculo pastoral con la respectiva iglesia local.

Temas que planteó pero siguen pendientes

Las mujeres. En la primera entrevista (2013) que le hizo Spadaro, Francisco tomó la iniciativa de plantear la necesidad de una mayor presencia de las mujeres en la Iglesia, sobre todo donde se toman las decisiones. Y a lo largo de su pontificado nombró a mujeres en puestos importantes. Ya hay un dicasterio eclesial presidido por una mujer, el de la Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, liderado por la hermana Simona Brambilla. Es la primera mujer en la historia en asumir el cargo de prefecta en la Curia Romana. En ese sentido el comportamiento de Francisco es muy distinto al de los papas anteriores. Así, tanto en el Sínodo de la Amazonía y, sobre todo, en el más reciente, el de la sinodalidad, la presencia de varias mujeres, con voz y voto, constituyen avances importantes.

Pero el asunto del acceso de las mujeres al sacerdocio o a otros ministerios no ha sido estimulado por Francisco a pesar de los argumentos de las feministas actuales y de que las llamadas “diaconisas” cumplieron un rol relevante en los comienzos de la Iglesia. Ha habido poco interés del papa en este asunto. Francisco comparte además la opinión crítica sobre el género de obispos y cardenales muy conservadores. El papa Bergoglio ha dicho que el género es una ideología, como si al definir así esa palabra le quitara validez y pertinencia a priori para hablar del tema al interior de la Iglesia. Según Francisco el término género persigue finalmente borrar las diferencias entre hombres y mujeres y ello conlleva a una comunidad humana carente de variedad y riqueza.

Los nuevos ministerios frente a nuevas realidades. Tanto en el Sínodo de la Amazonía como en el de la sinodalidad surgieron muchos temas que interesaban a la mayoría de los participantes. Ninguno en principio fue rechazado, pero varios quedaron sin mayor profundización. Eran temas que preocupaban a muchos creyentes de los cinco continentes, como el celibato sacerdotal libre y/o temporal, la actitud de la Iglesia hacia las personas con diferente tipo de opciones sexuales, el acceso a los sacramentos de los divorciados, los ministerios para las mujeres, y otros puntos también importantes que no pretendemos ahora enumerar exhaustivamente.

Cuestiones abiertas. Si queremos comentar finalmente que el hecho de que estos temas no hayan culminado en medidas doctrinales, estructurales o pastorales no les priva de la oportunidad de que vuelvan a ser planteados posteriormente por la comunidad eclesial. Lo cierto es que en dos importantes eventos eclesiales recientes, presididos por el papa, la comunidad los ha planteado y ninguna voz con autoridad ha prohibido su mención; de modo que son temas, en este momento, abiertos. Y esta apertura, importante, aunque insuficiente, se debe en gran medida al Papa Francisco.

Nuevos horizontes. Conviene no olvidar los puntos que Francisco, a lo largo de su pontificado, planteó con verdadera pasión; son algunos temas actuales “grandes” que forman parte del panorama mundial actual y futuro: la sinodalidad, la preferencia por los pobres y la convicción de que ningún ser humano es “descartable”; la paz, la fraternidad y el cuidado del planeta. Uno de los acontecimientos eclesiales más importantes de los meses finales de su papado ha sido el inicio del Año Jubilar con el lema “Peregrinos de la esperanza”. Esos horizontes, como camino y como meta, constituyen el legado del papa Bergoglio, por esas rutas quieren transitar los que sienten que, a través de su ministerio pastoral, aprendieron a conocer mejor al Dios de Jesús.

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