Parece que comer sano gana adeptos, si observamos los argumentos de venta de la publicidad. Sin embargo, nuestro menú esconde sustancias nocivas para la salud, venenos invisibles cotidianos que comemos y respiramos.

En los alimentos que consumimos los españoles hay hasta 130 sustancias derivadas de los plaguicidas que sobrepasan los límites legales y ocasionan graves problemas de salud, según el informe de Ecologistas en Acción “Directo a tus hormonas”. En él se afirma que existen 49 plaguicidas disruptores endocrinos que interfieren en las hormonas y que gran cantidad de «químicos eternos» que, como su nombre indica, permanecen durante mucho tiempo en el medio ambiente. El estudio precisa que el 37% de los alimentos contienen plaguicidas, una cifra que aumenta al 41% en el caso de frutas y verduras.
Las citadas sustancias tienen un impacto muy negativo en el desarrollo de los niños y en las personas adultas. Frecuentemente, están asociadas a problemas de infertilidad, cáncer de mama, endometriosis u ovario poliquístico, descenso en la calidad del semen, cáncer de próstata… Los expertos las consideran un problema de salud pública.
El sistema actual de producción de alimentos no está protegiendo a la infancia, aludiendo a un lobby industrial que estaría detrás del hecho de que «los disruptores endocrinos no sean considerados tóxicos por su actividad hormonal».
“Comer alimentos sin tóxicos es un derecho de toda la población, no el privilegio de una élite”
Los autores del informe recomiendan elegir alimentos de proximidad y de temporada, “sin plaguicidas, pero sin olvidar que comer alimentos sin tóxicos es un derecho de toda la población, no el privilegio de una élite”. El Gobierno, subrayan, debe actuar para limitar un modelo de producción que utiliza plaguicidas nocivos para la salud humana.
Los pulmones tampoco están adecuadamente “alimentados”. El 64% de la población española, aproximadamente 31,2 millones de personas, respiró durante 2024 aire contaminado por encima de los límites que establecen las normas de la Unión Europea. La contaminación del aire es la segunda causa de cáncer de pulmón y cánceres respiratorios, después del tabaco. La Agencia Europea de Medio Ambiente eleva a 300.000 las muertes prematuras asociadas a contaminación atmosférica en Europa, 20.000 de ellas en España. Los costes derivados de esta enfermedad superan los 100.000 millones de euros anuales en Europa.
La Agencia Europea de Medio Ambiente eleva a 300.000 las muertes prematuras asociadas a contaminación atmosférica en Europa, 20.000 de ellas en España
Los plásticos esconden otro veneno. Cada año se producen en el mundo más de 400 millones de toneladas de plásticos, la mitad de los cuales están diseñados para utilizarse una sola vez. Menos del 10% se recicla. Anualmente, unos 11 millones de toneladas acaban en lagos, ríos y mares.
“La contaminación por plásticos está asfixiando nuestro planeta, dañando los ecosistemas, el bienestar y el clima”, en palabras del secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres.
A medida que se descomponen en partes cada vez más pequeñas, se infiltran en todos los rincones de la tierra y penetran en los alimentos, el agua y el aire. Los microplásticos llegan a los humanos: los inhalamos, los comemos, alcanzan el torrente sanguíneo y se esparcen por nuestras entrañas. Se calcula que cada habitante del planeta consumimos más de 50.000 partículas de plástico al año. Se han encontrado micropartículas de plástico en diversos tejidos y órganos humanos, como la sangre, los pulmones, la placenta, el hígado, los riñones, el intestino y en la leche materna.
Se calcula que cada habitante del planeta consumimos más de 50.000 partículas de plástico al año
La comunidad científica no tiene todavía pruebas concluyentes del impacto en la salud de estos minúsculos materiales que pueblan nuestro organismo, pero hay indicios de que provocan daños en el ADN de las células y pueden contribuir a numerosas dolencias, desde inflamatorias hasta cardiovasculares.
Ante tantos frentes que nos envenenan el día a día, resulta muy inspiradora la encíclica Laudato si’ del papa Francisco; en ella nos anima a realizar cambios profundos en nuestros estilos de vida, en los modelos de producción y de consumo, así como en las estructuras de poder. Con tales mimbres, individual y colectivamente, podríamos contribuir a erradicar los venenos que deterioran nuestra casa común, nuestro planeta.
