
En el Día de los Derechos Humanos, 10 de diciembre, Naciones Unidas nos recuerda que son una fuerza transformadora, el hilo conductor que nos une para fomentar la paz y que, al defenderlos, protegemos nuestro futuro. Precisamente de derechos humanos y de futuro trata el Pacto para el Futuro aprobado por la Asamblea General en la Cumbre del mismo nombre el 22 de septiembre de 2024
La profunda transformación mundial a la que estamos asistiendo nos aboca a “riesgos catastróficos y existenciales, muchos de ellos causados por nuestras propias decisiones”. Hay que enderezar el rumbo, según Naciones Unidas ante el fututo disfuncional que se nos presenta:
“Asistimos en estos momentos a una profunda transformación mundial. Nos enfrentamos a crecientes riesgos catastróficos y existenciales, muchos de ellos causados por nuestras propias decisiones. Hay seres humanos que padecen terribles sufrimientos. Si no enderezamos el rumbo, corremos el riesgo de estar abocados a un futuro disfuncional en el que las crisis serán constantes.”
El Pacto para el Futuro es un documento al que se debería dar la relevancia que merece porque supone un compromiso por el que “los Jefes y Jefas de Estado y de Gobierno, en representación de los pueblos del mundo, nos comprometemos a emprender 56 acciones en los ámbitos del desarrollo sostenible y la financiación para el desarrollo, la paz y la seguridad internacionales, la ciencia, la tecnología y la innovación y la cooperación digital, la juventud y las generaciones futuras, y la transformación de la gobernanza global, con el objetivo de proteger las necesidades y los intereses de las generaciones presentes y futuras”.
Sumidos en el actual panorama global, poco dado a consensuar pactos en favor de la cooperación y la convivencia pacífica o la defensa de los derechos y la dignidad de las personas, la aprobación de acciones concretas por los Estados miembros de Naciones Unidas plantea dudas ante el reiterado incumplimiento de las mismas por parte de quienes las firman. Con frecuencia, oímos y leemos críticas referidas a la actuación de este organismo, cuyas resoluciones en demasiados casos pasan a engrosar la larga lista de incumplimientos por parte de Estados miembros. Muchas son las voces que, desde dentro y desde fuera de la organización, reclaman su puesta al día, la ineludible reforma a fondo, acorde con los constantes y acelerados cambios que estamos viviendo, con el objetivo de lograr un mundo pacífico, justo, igualitario, inclusivo, sostenible y próspero.
En el actual panorama global, poco dado a consensuar pactos en favor de la cooperación y la convivencia pacífica o la defensa de los derechos y la dignidad de las personas, la aprobación de acciones concretas por los Estados miembros de Naciones Unidas plantea dudas ante el reiterado incumplimiento de las mismas por parte de quienes las firman
En el Pacto para el Futuro los 193 Estados firmantes prometen “el inicio de una nueva era para el multilateralismo. Las acciones que figuran en este Pacto tienen por objeto garantizar que las Naciones Unidas y otras grandes instituciones multilaterales puedan hacer realidad un futuro mejor para las personas y el planeta, ayudándonos a cumplir nuestros compromisos actuales y, al mismo tiempo, estén a la altura de los retos y oportunidades nuevos y emergentes”.
Según consta en el documento, todos los compromisos suscritos son acordes con el derecho internacional y se reafirma la Declaración Universal de Derechos Humanos y las libertades fundamentales consagradas en ella. El objetivo fundamental es aumentar el pleno disfrute de los derechos humanos y la dignidad de todas las personas. Así consta en el texto: “Respetaremos, protegeremos, promoveremos y haremos realidad todos los derechos humanos, reconociendo que son universales, indivisibles, interdependientes y están relacionados; defenderemos y propugnaremos de manera inequívoca la libertad de todas las personas para vivir sin temor y sin miseria”.
“Respetaremos, protegeremos, promoveremos y haremos realidad todos los derechos humanos, reconociendo que son universales, indivisibles, interdependientes y están relacionados; defenderemos y propugnaremos de manera inequívoca la libertad de todas las personas para vivir sin temor y sin miseria”
Llama la atención el cambio que se observa en el lenguaje utilizado. Además de ser inclusivo, por lo que respecta al tiempo de los verbos, se emplea el tiempo presente y el futuro simple en lugar del condicional simple, tan reiterado en muchos documentos de la organización: “los países firmantes nos comprometemos a emprender 56 acciones” que encontramos reunidas en los siguientes epígrafes:
- Desarrollo sostenible y financiación para el desarrollo
- Paz y seguridad internacionales
- Ciencia, tecnología e innovación y cooperación digital
- Juventud y generación futuras
- Transformación de la gobernanza global
Resulta cuando menos arriesgado destacar unas determinadas acciones frente a otras porque cada una de ellas tiene un peso específico en el Pacto, al tiempo que están interrelacionadas. Además, los desafíos globales deben ser abordados personal y colectivamente, y en todos los ámbitos porque tales desafíos -el desarrollo sostenible, inclusivo y justo, el cambio climático, la cooperación digital, los derechos humanos, la igualdad de género, el papel de la juventud y de las generaciones futuras y la transformación de la gobernanza global- implican a muchos actores públicos y privados. Para ello se necesita movilizar financiación y en el Pacto se rescata, nada más y menos, el incumplido y casi olvidado objetivo de dedicar el 0,7% del ingreso nacional bruto de los países desarrollados a la ayuda oficial al desarrollo (AOD).
El sistema multilateral tiene como centro Naciones Unidas y uno de los temas prioritarios que debe afrontar sin demora es la reforma del Consejo de Seguridad, “reconociendo la urgente necesidad de que sea más representativo, inclusivo, transparente, eficiente, eficaz y democrático y rinda cuentas”, con la cuestión del veto como elemento clave.
Transformar la gobernanza global es un punto esencial, según Naciones Unidas, para evitar que se esfumen los avances positivos conseguidos en las últimas décadas. Para ello es necesario revitalizar y reforzar el multilateralismo y estrechar la cooperación internacional. El sistema multilateral tiene como centro Naciones Unidas y uno de los temas prioritarios que debe afrontar sin demora es la reforma del Consejo de Seguridad, “reconociendo la urgente necesidad de que sea más representativo, inclusivo, transparente, eficiente, eficaz y democrático y rinda cuentas”, siendo la cuestión del veto un elemento clave en la reforma.
Los firmantes del Pacto reconocen que los retos globales no son fáciles de abordar y que “construir sociedades pacíficas, justas e inclusivas no dará fruto a menos que redoblemos nuestros esfuerzos por promover la tolerancia, asumir la diversidad y combatir todas las formas de discriminación, como el racismo, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia y todas sus abominables formas y manifestaciones contemporáneas”.
Como dice Francisco: “La dignidad de todo hombre y toda mujer debe ser nuestra preocupación central mientras buscamos construir un futuro en el que nadie quede atrás”
En palabras del papa Francisco, “la dignidad de todo hombre y toda mujer debe ser nuestra preocupación central mientras buscamos construir un futuro en el que nadie quede atrás”. Una tarea nada fácil a la que también debemos contribuir mirando al horizonte con esperanza porque “La esperanza es nuestra ancla y nuestra vela”.
