“El 15-M quiso una democracia radical, también económica y cultural, de contrapoder de la sociedad civil frente a los poderes fácticos”

El décimo aniversario del 15-M coincide con un auge electoral de la derecha y de Vox. La cultura de la solidaridad no se ha impuesto frente al individualismo consumista. Dos de los principales protagonistas de la nueva política, Iglesias y Rivera, se han retirado. Y soportamos a diario un debate político agrio y agresivo. El profesor Rafael Díaz Salazar reflexiona para Alandar sobre aquel fenómeno. En esta primera entrega se centra en qué significó y qué queda de aquel movimiento. En los próximos días publicaremos la segunda parte de esta interesante entrevista.

Foto: Rafael Díaz Salazar

¿Crees que el 15-M abrió realmente un cambio de era en lo político y lo social?

Lo que manifiesta y expresa el 15-M en el año 2011 es una segunda crisis de la democracia en España. La primera fue la del desencanto tras el proceso constitucional, las primeras elecciones y el intento de golpe de estado el 23-F en 1981. Las personas y los colectivos que habían luchado contra el franquismo esperaban que la democracia transformara más radicalmente nuestra sociedad.

El 15-M constituyó un fuerte rechazo a la democracia de élites. Su máxima expresión fue “la llaman democracia y no lo es”. Se percibió que la democracia existente estaba secuestrada por poderes económicos y mediáticos. Se constataba que estaba vaciada de su sentido originario como soberanía y poder popular y era incapaz de expandirse como democracia económica. Había una conciencia de las insuficiencias de la democracia de representación y de delegación. Se necesitaba ir más allá del Parlamento e instaurar una democracia radical en la vida cotidiana: trabajo, vivienda, salud, educación, fiscalidad, etc..

En cuanto a su manifestación externa, el 15-M introdujo una nueva forma de intervención basada en la noviolencia activa generadora de confrontación y conflicto social. Hubo una toma del espacio urbano y una ocupación del mismo con asambleas ciudadanas directas. Los partidos y sindicatos estaban burocratizados. No entendieron nada y se vieron sobrepasados. Hubo fortísimas críticas contra ellos y sus prácticas corruptas. 

¿A quién representan los activistas del 15-M?

Los nuevos protagonistas fueron jóvenes formados y de izquierdas, fuera del sistema tradicional de partidos, e indignados con la situación social sin un perfil ideológico definido. La frustración en esas generaciones era muy fuerte. Es muy significativo que uno de los grupos impulsores del 15-M se llamara Juventud sin Futuro. Los hacedores del 15-M no pertenecen a la cultura leninista y no desean derribar la democracia parlamentaria. No quieren ser sólo votantes. Reclaman una democracia que no sea partitocrática y que refuerce la soberanía popular sobre los poderes económicos y mediáticos. Pretenden construir una democracia interactiva con la sociedad civil de los de abajo y un contrapoder frente a los grandes poderes corporativos.

Exigen también una rendición de cuentas de los gobiernos y los partidos políticos. Ya no vale que esta se reduzca a la realizada ante los medios de comunicación, muchos de ellos cooptados por poderes económicos y partidos. También critican a unos sindicatos burocratizados e incapaces de tener una acción sindical eficaz entre los trabajadores precarios y los parados. 

El 15-M fue una manifestación de indignación social, pero de él no surgió un sujeto revolucionario, ni incidió en muchos sectores como se pudo constatar en las elecciones que tuvieron lugar al poco tiempo del estallido de ese profundo malestar social. 

¿Podemos decir que el 15-M lo protagonizaron jóvenes con estudios en su mayoría?

Los sujetos del 15-M son más bien jóvenes sin futuro, universitarios que acaban y saben que tienen que emigrar. Constituyen una variante ilustrada del precariado. Los nuevos emigrantes son hijos de la clase media que han alcanzado un capital cultural importante y se tienen que ir fuera, en muchos casos para trabajar en empleos de bajo nivel. Hay también muchos que no están satisfechos con unas condiciones laborales que les incapacitan para poder planificar su vida a largo plazo. También estuvieron presentes adultos y mayores. 

Hay que destacar la presencia de muchas mujeres jóvenes que impulsan un nuevo ciclo feminista en España. Casi siempre hemos tenido un feminismo burgués. Ahora nos encontramos con mujeres jóvenes que sufren exclusión social en el ámbito laboral y económico y experimentan en la vida cotidiana macro y micro machismos. Una de las mejores herencias del 15-M es la nueva generación feminista. 

Foto: Antonio Cansino / Pixabay 

¿Y quiénes fueron los ausentes del 15-M?

La clase obrera, el mundo inmigrante, los jóvenes trabajadores explotados y precarizados. La generación “ni, ni” compuesta por quienes ni trabajan, ni estudian y viven en barrios empobrecidos no estuvo allí. No hubo presencia de los chabolistas, de los sin techo, ni representantes de los jóvenes que se pudren en las cárceles y en la drogadicción de un nuevo lumpen. Tampoco estuvieron los sectores agrícolas más lúcidos, los de la “España vaciada”. Esto es muestra de cierto elitismo de los que lo protagonizaron. Su activismo social estaba conectado con su capital cultural. Eran, salvo excepciones, hijos de las clases medias y de la pequeña burguesía y veían que su destino vital estaba abocado a constituir la gama alta del precariado

Iglesias y Rivera, creadores de los dos partidos que desafiaron el bipartidismo, han abandonado el juego. ¿Qué herencia nos ha dejado el 15-M en el sistema de partidos?

Un municipalismo de nuevo tipo, reflejo de nuevas alianzas ciudadanas, del tejido social innovador en ciudades y pueblos. Muchos de los activistas del 15-M, que habían desertado de los partidos, crean nuevas coaliciones ciudadanas. Las nuevas alianzas municipales surgen de movimientos sociales y de ciudadanos indignados. Se ganaron gobiernos municipales en Cádiz, Galicia, Barcelona, Valencia, Madrid y en otras ciudades y en pueblos. 

Podemos, fundado en enero de 2014, es la articulación política, a nivel de partido, del 15-M. Con sus luces y sus sombras, con grandes aciertos e inmensos errores ha marcado un antes y después en la democracia. Rompió el bipartidismo y expresó reivindicaciones de los indignados.

¿Hay también una herencia del 15-M en cuanto a nuevas demandas sociales?

La vivienda, junto a empleos y salarios justos, constituye el gran problema de los jóvenes adultos que no pueden independizarse o  pagan demasiado alquiler, porque la democracia jibarizada ha dejado la vivienda en manos del mercado. 

Otras demandas se relacionan con políticas ecológicas en el transporte urbano, de ahí el auge de la bicicleta. Se reivindica la ciudad para el paseo y el encuentro de los ciudadanos y no para los coches. También están los temas de la pobreza energética, las energías alternativas, la nacionalización de empresas energéticas, el fortalecimiento de la enseñanza y la sanidad públicas, etc. Temas vinculados a la vida cotidiana de la gente. En estas reivindicaciones han sido fundamentales las Mareas, la blanca y la verde, especialmente.

Se plantean demandas sobre la renta básica y la banca pública. La irritación ciudadana por el rescate con dinero público de bancos y cajas ha sido y es grande al constatar que no hay perspectivas de devolución y los partidos son incapaces de convertir a entidades financieras en banca social pública muy vinculada a la economía del tercer sector y a pequeñas y medianas empresas. 

Las demandas feministas relacionadas con las violencias contra las mujeres son relevantes. 

¿Qué reivindicaciones estuvieron ausentes del 15-M?

Foto: Capri23auto / Pixabay 

No hubo internacionalismo. Tampoco fue central el tema de políticas alternativas sobre las migraciones. Eran reivindicaciones muy centradas en España que reclamaban un mejor Estado del bienestar. El mundo de los empobrecidos en África, América Latina y Asia no apareció en el discurso y en las reivindicaciones. Herederos del 15-M como Podemos, que han entrado en el Gobierno, crean una Secretaría de Estado sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Ahora bien, organizaciones y personas que llevamos muchos años dedicados a las desigualdades internacionales y a las políticas de justicia global sabemos que esa no es la vía para disminuir el empobrecimiento absoluto que mata y condena a malvivir a miles de millones de personas. Tampoco hubo reivindicaciones relacionadas con el impacto negativo en ámbitos ecológicos y laborales de la actividad de las empresas transnacionales españolas en América Latina.

¿No crees que el 15-M trajo cambios que nos afectan a todos, en nuestro modo de percibir  la realidad, por ejemplo?

Ha ayudado a agudizar la mirada social. Gracias al proceso del 15-M somos más conscientes del deterioro de lo público, especialmente en sanidad y enseñanza, de las condiciones de vida de barrios empobrecidos y pueblos olvidados, de la existencia de mucha pobreza urbana y rural y enormes desigualdades, de la vivienda como negocio mercantil antisocial. 

Hemos aprendido a indignarnos con la precariedad laboral mientras existen inmensos sueldos entre ejecutivos y crecen las grandes fortunas sin que existan cambios sustanciales en las políticas fiscales, ni haya demasiadas cortapisas para que nuestros millonarios tengan parte de sus bienes en paraísos fiscales. Estamos ante una democracia impotente ante esta realidad. 

¿Cómo se explica ese auge de Vox?

Por el auge del independentismo catalán y por el rechazo a los partidos que en España apoyan un referéndum de autodeterminación, especialmente Podemos. También por la traición del PP, según Vox, en temas relacionados con modelos de familia, homosexualidad, aborto, feminismo. Esto lleva a reactivar un españolismo tradicionalista que también se alimenta del odio a los emigrantes a los que se les culpa del deterioro de las condiciones de vida de los españoles. Es un movimiento antisistema de extrema derecha que ya tiene más diputados y millones de votos que Podemos en el Congreso y en parlamentos de Cataluña, Madrid y otros.

Puedes leer la segunda parte de la entrevista con Rafael Díaz-Salazar aquí.

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