Ignacio Dinnbier

Jesús en su resurrección nos regala libertad

Resurrección e insurrección

Desde el momento en que empezó a correr la voz de su presencia resucitada, se desencadenó en aquel primer grupo de discípulos una experiencia que no podían dejar de relacionar con lo que le había pasado a Jesús. Irrumpió lo nuevo, lo inesperado. Jesús ha resucitado y estaba actuando en aquel primer grupo de discípulos. Y es que en la resurrección de Jesús hay que considerar una doble vertiente. Como explica Manuel Gesteira, “«algo sucedió en Jesús», muerto y crucificado; pero también «algo sucede en los discípulos», en su comunidad, por la resurrección” [1].

Hasta la Pasión de Jesús comenzó con una Fiesta, comentario al evangelio de Ignacio Dinnbier SJ.

Todo comenzó con una fiesta

Todo comenzó con una fiesta. No será la primera vez que encontremos a Jesús festejando y celebrando. Sabemos que no escatimaba en proximidad, en afecto y ternura, en fiesta, en canto y corazón agradecido.

Alrededor de la mesa fue restañando heridas, acogiendo historias, rehaciendo humanidad. Los evangelios lo presentan como a un hombre al que le gustaba celebrar la vida con esa medida tan propia del Espíritu, remecida, rebosante. Aquello le trajo más de una crítica: «Comilón y borracho» llegaron a llamarle, «amigo de recaudadores y pecadores», con quienes comparte de igual a igual el pan de la vida.

Reflexiones sobre las lecturas dominicales del mes de marzo por Ignacio Dinnbier, SJ

Hay miradas que matan

En la memoria de Israel había quedado grabada la historia de Ana, una mujer que no podía tener hijos y que se veía sometida a los insultos y el desprecio de Feniná, la otra mujer de su marido Elcaná (1 Sm 1:1-10). Ana es una mujer afligida, con una amargura en el alma que la deshace en un llanto desconsolado. Su vida desgarrada se transforma en una oración conmovedora. Cuando el profeta Elí la vea orar en el Templo la tomará por una mujer que debía estar borracha y la tratará como a tal, recriminándole su actitud. La mirada de Elí, el hombre religioso, es una mirada de la que sale juicio y rechazo.

A bandazos

  En el imaginario religioso y espiritual está muy extendida la imagen de la vida cristiana como un camino hacia la perfección. Un camino lleno… Leer más »A bandazos

San José, en las lecturas de la natividad del evangelio de MAteo es una figura a destacar.

Glorioso patriarca San José

Hay que reconocer que no le hemos hecho mucha justicia. Adornado por la virtud de la castidad de un anciano benemérito, lo hemos desdibujado tras una serie de títulos honoríficos que la piedad le ha ido otorgando a lo largo del tiempo: “glorioso patriarca”, “guardián de la Virgen” o “padre putativo de Jesús”.

No parece que esa fuera la intención de los relatos evangélicos, al menos el de Mateo que, a diferencia del relato lucano, da un protagonismo a José que no pasa desapercibido, presentándolo como un hombre justo.

Retomar el camino

Hace ya algunos meses se estrenó la película Llena de gracia. En ella se narra los últimos días de María y los primeros de la comunidad cristiana. Es un contraste fuerte el que presenta la película: la serenidad luminosa de María que alumbra el desconcierto y la desolación por la que pasa Pedro.

Toda la película es una gran narración de lo que María conservaba allí donde arraiga lo que nos vivifica. Es de ahí de donde María va ofreciendo, a los discípulos desorientados y confusos, aquello que les devuelva luz y claridad.

En una de las escenas, contemplamos a María rodeada por los primeros. En un diálogo vibrante se dirige a Pedro y le conduce hasta los recuerdos de aquel encuentro en el lago de Galilea.