Ignacio Dinnbier

El bueno, el malo y el tonto

Este tiempo de Cuaresma nos sitúa ante una realidad convocada a la conversión: nuestras imágenes de Dios. Lo hará recordándonos aquella historia de un padre que tenía dos hijos a quienes les dio la parte de la herencia que les correspondía.

Ilustración del comentario al evangelio de enero de 2016 por Pepe Montalvá

En casa de Cornelio

Con la fiesta del Bautismo del Señor terminamos el tiempo de Navidad. Es el domingo en que escucharemos las palabras de Pedro en casa de Cornelio…

La bandera de nuestra vida

Dentro ya del tiempo de Adviento, nos disponemos a recorrer un itinerario de profecías y esperanzas que volverán a resonar contundentes. Es el tiempo de la promesa que pervive en los pequeños y últimos, en quienes no cuentan cuando -en realidad- son quienes sostienen, en medio de su debilidad y pequeñez, el curso de la historia. Es a estas personas a las que se dirigió Francisco en su discurso durante el II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares celebrado en Bolivia el pasado mes de julio: “Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas”.

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