¿Va la vencida con el papa Francisco?

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Ilustración de Gabriel Ippoliti publicada en diario ClarínDesde la llegada de Jorge Bergoglio al pontificado, de golpe y porrazo, la imagen pública de la Iglesia está ganando enteros de la mano de un hombre sencillo que habla claro y pone el dedo en la llaga. Por el momento, no ha habido grandes giros doctrinales –no hay novedad más allá de la elección, el tratamiento y los acentos en los temas que aborda–, tampoco reformas espectaculares –no llegan a tanto los cambios en los cargos o la creación de nuevos equipos–. Sin embargo, el “rechinar de dientes” de algunos significados estandartes del inmovilismo, al menos, parece indicar que se abren caminos que se pensaban intransitables.

Con su habitual genio y sin abandonar la profundidad crítica que le caracteriza, el jesuita José Ignacio González-Faus escribió en el blog de CiJ el artículo Moderación papal, llamando a la calma en relación al fervor con el que se festeja cada nuevo pronunciamiento de Bergoglio, que “a lo mejor, en lugar del ‘Juan Pablo II, te quiere todo el mundo’, ahora se llenan las calles de progres que gritan algo así como ‘Francisco, Francisco, estás armando un cisco’”, ironizaba el teólogo.

Para poner los pies en la tierra y aterrizar en reivindicaciones concretas, alandar ha querido pulsar la opinión de algunas personas pertenecientes a colectivos y sectores cristianos que, hasta ahora, vivían condenadas al ostracismo por la Iglesia más oficialista, para indagar en las oportunidades y probabilidades abiertas tras la irrupción de Francisco en el Vaticano. No son ilusiones particulares, ni ganas de revancha –sentimientos, por otra parte muy humanos–, lo que nos mueve, sino el ánimo constructivo, la mirada amplia y plural, la denuncia profética ante el dolor y la injusticia allí donde se produzcan –incluida nuestra amada Iglesia– y la necesaria utopía evangélica a la que aspiramos. Nuestros interlocutores han sido nuestros interlocutores: un cura casado, una laica separada, una cristiana lesbiana, un provincial religioso y una teóloga joven, además del experimentado jesuita al que antes nos acabamos de referir. A ellos y ellas les hemos lanzado dos preguntas: una sobre sus legítimos sueños de cambio y otra sobre la vía pragmática para avanzar hacia ellos.

Vida religiosa

Revitalizar la vida consagrada parece, de primeras, uno de los desafíos que mejor conoce Bergoglio por su condición de jesuita. Óscar Martín Vicario, provincial de Compostela de los hermanos maristas, es claro al respecto: “Tenemos la gran suerte de que el papa Francisco, como es religioso, entiende muy bien la identidad y sentido de la vida consagrada. Lo mejor que puede hacer es, justamente, lo que ya ha comenzado, llamarnos a la conversión para que, en verdad, volvamos a la esencia de nuestro ser: hombres y mujeres profundamente humanos, de Dios, al lado de los más pobres, liminares y proféticos, capaces de gestos de generosidad y radicalidad, con una fraternidad que sea significativa, con una castidad fecunda y no de solterones o solteronas, denunciadores de la injusticia y no instalados”. Ya es algo que está ocurriendo, piensa Óscar: “Gracias a Dios, muchos religiosos ya lo viven así…, otros tenemos que caminar, convertirnos, crecer…”. Para pasar de las buenas intenciones a los hechos, este religioso propone “simplificar estructuras, quitar burocracias, dejar comodidades, escuchar más al corazón, a los signos de los tiempos, a Dios”.

Óscar, según la respuesta que nos envió por e-mail, parece ver signos de una nueva época para las órdenes religiosas y, sobre todo, una referencia bien explícita. “Él es el primero en dar ejemplo con su estilo de vida sencilla, su cercanía y humanidad. Y ojalá nos ayude en el ámbito estructural a simplificar, desprendernos, abrir fronteras… en la línea que ha comenzado. Ya ha hablado de las casas vacías de los religiosos, de las distancias, de los conventos cerrados, de los pastores que no están junto al pueblo,… y está siendo muy claro”, escribe. Termina su correo con toda una declaración de principios: “Qué buena sería una Iglesia y una vida religiosa sin tanto poder ‘civil’, sin ser Estado, sin influencias. Y mucho más marial, circular, sencilla, con rostro de acogida y compasión. Eso, en el fondo, es una conversión, una refundación, un renacimiento de la Vida Religiosa…”.

Personas separadas y divorciadas

Las esperanzas sobre los cambios que afectan a los cristianos y cristianas que se han separado, divorciado y casado de nuevo se han disparado, desde que el papa Francisco sugirió un abordaje más compasivo. Más aún, si cabe, tras la convocatoria de un Sínodo de la Familia para octubre de 2014. “Hay que agradecer al Papa las declaraciones que le he leído sobre las personas divorciados. Es la primera vez que me siento acogida y comprendida en la situación tan difícil y dolorosa que he tenido que vivir. Además, mi agradecimiento es doble por ser mujer, dado que también ha dicho que hay que darle a la mujer un papel diferente hasta el que ha venido desempeñando hasta ahora en la Iglesia”, contestó a nuestro requerimiento telefónico Concha Badía, perteneciente a la Comunidad Shekiná y separada desde hace años. Sin duda la situación de estas personas genera un gran sufrimiento, que la Iglesia del siglo XXI no debería ignorar. Esta profesora no los confirma: “A mí me duele especialmente ver a compañeros y compañeras que no van a comulgar porque un cura sabe que se han vuelto a casar y les ha pedido que se abstengan de participar de la comunión para que no den escándalo. Se autoexcluyen con el sufrimiento que supone. Esta realidad hay que ir cambiándola, que no te salga bien un primer matrimonio no debe acarrear una condena eterna”.

Cuando le pedimos que sueñe despierta, una vez confirmado el alivio que Francisco, con sus amables palabras sobre los divorciados y divorciadas, le ha proporcionado, Concha nos responde, al otro lado del teléfono, que le gustaría que “tomara medidas para que podamos seguir sintiéndonos así, que pase de las palabras a los hechos, para que nadie piense que está condenada, además para siempre, por ver frustrado su matrimonio y que encuentre una fórmula para que quienes encuentren otra pareja puedan vivir esa nueva experiencia también desde el amor de Dios, como lo fue, en el principio, su primer matrimonio; que se pueda dar ese paso también dentro de la Iglesia, porque la fe no se va solo por el hecho de haber tenido que pasar por esas circunstancias, como tampoco se pierde la capacidad de amar. Habría que conseguir que las personas separadas, divorciadas y vueltas a casar puedan sentirse más amadas por Dios. He de decir que, cuando pasé por esa situación, yo me vi así. Cuando más necesitada y débil se encuentra una persona, más querida por Dios puede llegar a sentirse”.

Para empezar a cambiar, Concha sugiere que “como mínimo hay que hacer lo que ya se está haciendo en algunas parroquias, crear puntos de encuentro y acogida para acompañar a esas personas, como se hace en otras situaciones que generan mucho dolor y sufrimientos. Al menos en los dos primeros años de duelo hay que encontrar un cauce para que experimenten que la Iglesia las acoge como personas y no las juzga; también hay que ver la manera de que puedan sentirse uno más de la comunidad y de que participen de igual a igual”. Claro que no podemos obviar las resistencias: “Me temo que los cambios que pueda impulsar serán muy lentos y que habrá gente que se resista a aceptarlos, si llegasen a ese punto. Pero, desde luego, es urgente rebajar el peso normativo e impulsar la tendencia hacia una práctica de acompañamiento y acogida de la persona entera, incluida su vivencia de la fe, sus creencias y sus posibilidades de participación”, explica.

El papel de las mujeres

No menos esperanzas ha despertado el obispo de Roma con su pronunciamiento sobre el papel de la mujer en la Iglesia. Sobre este particular hemos preguntado a la joven teóloga y madre Silvia Martínez Cano. En su correo electrónico, nos dice: “Como mujer y teóloga que soy, quisiera que revisaran, no sólo él, sino también los obispos y los laicos y laicas, la presencia de las mujeres en la vida de la Iglesia y las comunidades, con voz y con voto, el acceso a los ministerios y a los lugares de decisión y formación, la revisión de temas relacionados con el cuerpo de las mujeres, donde se consulte a mujeres y no a célibes sin experiencia. Que se revise la visión de la familia, desde la realidad actual. Que se vuelva a los márgenes sociales como lugar teológico y evangélico”. Su breve, pero contundente declaración, se completa con una opinión más que relevante sobre la necesaria democratización del funcionamiento de la Iglesia, al ser preguntada por sus anhelos. En este sentido, apunta que el papa debería reconducir “el proceso de apertura del Concilio Vaticano II y aplicara todo aquello que quedó escrito en esos textos maravillosos”. Como habíamos insistido en darle alas a los sueños, Silvia no se conforma y matiza: “Eso no sería suficiente”. Así que se detiene un poco más: “El mundo ha cambiado y hay otras necesidades y retos para la sociedad y para la Iglesia. Para la sociedad, el problema de la pobreza, de la desigualdad y la justicia. Quisiera un papa que impulsase a la Iglesia a indignarse ante los desequilibrios sociales y abanderara un movimiento de denuncia y de acción participativa de los cristianos y cristianas en la sociedad. Para la Iglesia, una nueva reorganización eclesial, que rompa el dualismo jerarquía y laicado y dinamizara unas comunidades plurales en ministerios y carismas, preparadas para un nuevo milenio, en las que el lema fuera: ya no existe ni hombre ni mujer, ni libre ni esclavo, ni judío ni griego, sino uno en Cristo. Quisiera una descentralización del papado y una colegialidad real de los obispos, que fueran elegidos por el pueblo de Dios, para el pueblo de Dios”. A corto plazo, descendiendo al terreno más pragmático, espera Silvia que sucesor de Pedro “revise la estructura política y económica del Vaticano, revise las estructuras jerárquicas de la Iglesia, revise el papel del papa como símbolo de unidad. Puedo esperar que sea papa de verdad, esto es, obispo de Roma y no cabeza de la Iglesia, ya que la única cabeza es Cristo”. El resto de sus deseos, señala como despedida, “habrá que rezarlos…”.

Diversidad sexual

Menos entusiasmo, a pesar de la gran diligencia a la hora de devolvernos el cuestionario enviado, parece generar la figura del papa Francisco en Juani, de la asociación de creyentes lesbianas Nueva Magdala y del Área de Asuntos Religiosos de la Federación Española de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales. Quizá porque ve más difícil una apertura real en esta materia dentro de la heterodoxia vaticana. Después de todo, siendo arzobispo de Buenos Aires, como bien recordó el todavía portavoz de la Conferencia Episcopal Española, Juan Antonio Martínez Camino, se refirió a la regulación del matrimonio gay como una “ley de Satanás”. Más recientemente, en la mundialmente difundida entrevista de Civiltà Cattolica, escogió palabras más amables para dirigirse a las personas homosexuales, a las que calificó de “heridos sociales”, que “sienten que la Iglesia les ha condenado”. Entonces, aclaró que “la Iglesia no quiere eso”. Juani condensa en una palabra lo que le pediría al papa argentino: “Respeto”. De paso, hace una sugerencia expresa para que “excluya de la doctrina la definición que dan de las personas con una orientación sexual diferente a la mayoritaria y que simplemente bendiga todas las relaciones y que las relaciones homosexuales las considere como un acto de amor, al igual que las heterosexuales”.

Por lo pronto, es buena señal, al menos, que se haya acordado de este colectivo. Así lo piensa Juani, quien cree que “como de lo que no se habla no existe, si deja de hablar de ello quedará solapado y tapado, al igual que el tema de las mujeres y todo lo demás”. No es que la integrante de Nueva Magdala opine que el pontífice “tenga que estar continuamente hablando del tema”, sino que sueña con que “repase la doctrina y vaya haciendo inclusiones y no exclusiones. Al final y al principio todas y todos somos hijas e hijos de Dios Madre y Padre, no concibo a Éste excluyendo del Reino a sus hijos. Al fin y al cabo, la Divinidad nos creó así”. Después de todo, confiesa que ella, “al igual que muchos y muchas, no hemos elegido ser homosexuales, simplemente somos. Simplemente se es y ya está bien de tener que estar dando explicaciones. ¿Es que somos coches y nuestros padres han elegido el color? Somos personas que nos enamoramos de otras personas de nuestro mismo sexo. Sí, somos minoría, al igual que los zurdos en España o los que tienen ojos azules… ¿Las vamos a excluir a todas?”. Su mayor aspiración es que “si el papa Francisco no juzga, como dijo, que quite o cambie de la doctrina el tema de la homosexualidad”, aunque teme que “pasará muy poco”, por más que “la ilusión es que pase mucho y de verdad se ponga al lado de los marginados”.

El sacerdocio

“No quiero que suban al altar las mujeres, casados y casadas, homosexuales…”, contesta Andrés Muñoz de Miguel, del Movimiento por el Celibato Opcional (MOCEOP), por correo electrónico, después de una breve conversación telefónica para plantearle el motivo de nuestra consulta. La explicación a la frase anterior está en que, en su opinión, “hay que bajar del altar, hay que suprimirlo, como el púlpito”. Líneas antes había escrito: “¡Claro que quiero que las mujeres tengan la misma igualdad que los hombres, que los casados, que los homosexuales, para poder acceder al sacerdocio!”. Lo que le gustaría a este jubilado autosecularizado es que “todos pudiéramos coordinar, celebrar, predicar, santificar, sacramentar, si la comunidad así nos lo pide. Y esto en las comunidades de base que participo ya lo estoy viviendo. ¿Sería mucho pedir que Francisco lo intentara por ahí, aunque solo fueran intentos de caminos venideros?”. No le bastaría con un cambio cosmético del presbiterio, “lo del sacerdocio de las mujeres y la supresión del celibato me parecen arreglos menores, ya que no solucionan nada”, apunta.

De hecho, leemos en su respuesta, su anhelo sería que “el papa Paco, o sea, el obispo de Roma, suprimiera el sacerdocio tal cual está hoy concebido y apresado por la jerarquía. Los ‘clérigos’, por el bien de la Iglesia, deben desaparecer. Hoy se necesitan servidores de la comunidad, elegidos por la comunidad, nombrados por la comunidad para el tiempo necesario y para los servicios que la comunidad necesite”. Así que nos transmite que “Francisco tiene mucha tarea en este campo; no sé si se atreverá a ni siquiera iniciar una revolución en el sacerdocio. Hay muchos intereses, muros, doctrinas difíciles de cambiar”. Es más, añade, “estoy convencido de que todo esto no lo va a poder hacer Francisco”, por lo que propone, al menos, que “acabe con el clásico binomio medieval curas-laicos. Todo debe ser participativo, democrático, igualitario. Los servidores –me gustaría no llamarles más sacerdotes, eso suena a casta– serían gente del pueblo, que viven con el pueblo, que huelen a pueblo”.

Al “Siervo de los siervos de Dios”, otro de los títulos papales, Andrés le pide ir introduciendo “una teología nueva de la comunidad, no del sacerdocio o del laicado. Hay que dar voz a teólogos, creyentes testigos que tienen un mirar cristiano diferente del oficial y así ir creando una mentalidad de Iglesia pobre y comunitaria en la que los miembros de las comunidades, todos laicos, tuvieran voz, presencia, voto y profecía en el entramado eclesial y fueran tapando, enterrando, lo clerical y eclesiástico. Bocetos de estas líneas de actuación creo que tenemos derecho a esperar que se vayan viendo. Otro detalle que cabría esperar y desear es restablecer la dignidad a tanto cura casado al que se le ha ignorado y ninguneado; asimismo, a tantas mujeres víctimas del celibato obligatorio”.

La Iglesia de Jesús

“Lo que nos importa a todos no es tener razón, sino que Jesús tenga la Iglesia que se merece”, nos dice González-Faus, en unas líneas enviadas por e-mail en las que prefirió darle la vuelta a nuestras preguntas, recordándonos aquella famosa frase de Kennedy “no preguntes lo que tu país puede hacer por ti; pregunta lo que tú puedes hacer por tu país”. Para nuestra sorpresa, leemos en su correo electrónico que Francisco “necesita ser ayudado, porque temo que esté ocurriendo algo parecido a lo que cuenta el capítulo 3 de san Marcos cuando, tras una curación de Jesús, se juntaron fariseos y herodianos (enemigos irreconciliables) ‘para discurrir cómo perderlo”. Reconoce que “no sé si los que se juntan son la CIA, la KGB, Alkeda, la Curia romana o Wall Street. No creo probable que esta vez lo maten porque se ha sabido rodear de una muralla humana muy fuerte y sería el descrédito total de los asesinos. Pero buscarán otros modos de quitarlo de en medio”.

Nos insiste en que “la mejor manera de ayudarlo es aparcar las propias reivindicaciones personales. Olvidar eso tan hispánico de “¿qué hay de lo mío?” y no pedirlo todo y ahora mismo”. Para terminar de enfriar el entusiasmo que puede haberse desatado a las primeras de cambio, nos confiesa: “No comparto declaraciones hechas estos días pidiendo “ya” el ministerio de la mujer y la supresión del celibato. Compartiendo esas propuestas, creo que hay en la Iglesia cosas más urgentes y más importantes. No caigamos en aquello que alguien calificó de “enfermedad infantil del izquierdismo”, porque eso pone palos en las ruedas”. El jesuita insta a “saber perdonar a quienes nos maltrataron” y lo ilustra con una jugosa anécdota: “Recuerdo que oí a un compañero, recién acabado el Vaticano II, a propósito de un artículo veladamente crítico con el Concilio: ‘Estos han perdido el Concilio y ahora lo que tienen que hacer es joderse’. Eso no me parece evangélico y prefiero lo que se decía tras la revolución nicaragüense: ‘Incansables en la lucha, generosos en la victoria”. Consciente de que habrá personalidades eclesiásticas muy influyentes desconcertadas o irritadas, que pueden estar siendo destino de no pocos ajustes de cuentas aprovechando el aire fresco que corre por las dependencias vaticanas, nos dice: “Quiero que sepan que no tengo nada contra ellos”.

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1 comentario en «¿Va la vencida con el papa Francisco?»

  1. ¿Va la vencida con el papa Francisco?
    Muy buena idea y un buen artículo. Dice, bien dicho, lo que casi todos pensamos sin cauces para expresarlo. Los temas elegidos son prioritarios a tener en cuenta y el urgente la pobreza que creo pasa por una denuncia del nuevo apartheit actual que es la economía según se ha ido escuchando en algunos lugares estos días. Muy importante también el tema del sacerdocio según está expresado en el artículo.
    Enhorabuena!!!!

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