Católicos y judíos: memoria y acción

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Foto. Benjamin Bardak/Ciric (La Croix)El Comité internacional de relación entre católicos y judíos, órgano de diálogo entre las altas instancias del judaísmo mundial y los representantes del Vaticano, se ha reunido en París. Buena ocasión para hacer un balance de cuarenta años de diálogo judeo-católico en Francia, en Europa y en el mundo.

Nacido en 1970 por deseo de la Santa Sede y de varias organizaciones internacionales representativas del pueblo judío, reagrupadas en el seno del Comité judío internacional para las consultas interreligiosas (iJCiC), el Comité internacional de relación entre católicos y judíos celebra estos días en París sus 40 años de existencia.

Numerosas personalidades católicas y judías llegadas del mundo entero se encuentran para este evento en el Colegio de los Bernardinos. En la primera reunión de la Comisión celebrada en París en 1971, el gran rabino Jacob Kaplan dijo: «Quisiera recordar la palabra de uno de los maestros de la tradición judía, una palabra que se encuentra en el Talmud y también en las Escrituras cristianas: si lo que ocurre en este momento, si la discusión que se va a abrir no es leshem shamaïn (en el Nombre del Cielo), se truncará por sí misma y no tendrá futuro, mientras que si es leshem shamaïm, permanecerá
«. En su libro de entrevistas con el cardenal Barbarie (Le Rabbin et le Cardinal, Stock 2008) Gilles Bernheim, gran rabino de Francia, explica el sentido de este mensaje: «El gran rabino quiso explicar que entre judíos y cristianos lo que debe existir no es la controversia de la Edad Media, en la que cada uno quería ganar la convicción y la adhesión del otro, sino lo que se llama en hebreo lamahloqet, es decir, un lugar donde cada uno descubre la verdad del otro en el intercambio y el encuentro». «Nada sería más falso que hablar de estos encuentros como de momentos de dialogo teológico», advierte el P. Patrick Desbois, director del Servicio Nacional para las relaciones con el judaísmo de la Conferencia de obispos de Francia. L´IJCIC reúne no sólo a los representantes de las tres ramas principales del judaísmo – ortodoxa, «conservadora» y liberal -, sino también a los judíos que no son religiosos». El diálogo no es solamente ético y antropológico, sino también religioso ya que descansa sobre una visión común del ser humano -creado a imagen de Dios- y sobre una exigencia moral necesaria para la vida en comunidad que tiene su origen en la revelación del Sinaí: el don de la ley y los mandamientos.

«En estos últimos años, confirma el P. Desbois, se ha afirmado la voluntad de cooperación práctica a partir de lo que los diez mandamientos implican. La palabra de Benedicto XVI recordando que los diez mandamientos son el lugar principal en el que judíos y católicos pueden encontrarse, ha sido bien recibida. A partir de ahí ha surgido una cooperación para luchar contra el sida en los encuentros del Cap. en 2006, como también una cooperación financiera para luchar contra la pobreza en los suburbios de Buenos Aires en 2004».

«El diálogo judeo-cristiano ha podido tomar un nuevo impulso a partir del momento en que se ha dado en el seno de la sociedad civil», recuerda por su parte Richard Prasquier, presidente del Crif y miembro del Comité de diálogo. «Esto no ha ocurrido por azar, sino que las personas que iniciaron este diálogo, especialmente Jules Isaac, no eran religiosos. [Jules Isaac (1877-1963) fue un historiador y escritor francés, de convicciones profundamente laicas y republicanas. Escribió «Jesús e Israel». Después de haber perdido a sus seres queridos en Auschwitz, fundó la Amistad judeo-cristiana y acudió a Pío XII y más tarde a Juan XXIII para que la enseñanza del respeto suceda a la del desprecio.] Al desarrollarse después la Shoah, interpelaba a unos y otros a abrir una reflexión sobre la capacidad del ser humano para ceder ante el mal. Hoy luchamos juntos por la causa del hombre, de su dignidad y de sus derechos, y por la libertad religiosa puesta en peligro por los avances integristas. Esto abre un gran campo de acción común».

El balance de cuarenta años de diálogo que realizarán los participantes durante los tres días que dure el encuentro debería reflejar esta actitud y poner en evidencia el cambio radical que se ha dado en la naturaleza del diálogo entre católicos y judíos después de la guerra, gracias a la declaración Nostra ætate (1965) -que abrió la puerta al reconocimiento mutuo entre judíos y cristianos- y gracias a la enseñanza y a las iniciativas de gran contenido simbólico del papa Juan Pablo II: reconocimiento por parte de la Santa Sede del Estado de Israel en 1993, visita a la gran sinagoga de Roma en 1986, peregrinaje a Jerusalén, oración en Yad Vashem y en el muro occidental del templo en 2000.

«Hoy, asegura Richard Prasquier, la mayoría de judíos saben que la Iglesia ha renunciado a la teoría de la sustitución de la antigua por la nueva alianza, que reconoce la existencia de raíces comunes entre judíos y cristianos, condena toda forma de antisemitismo y reconoce que el antijudaísmo predicado durante siglos ha anestesiado numerosas conciencias cristianas en la Europa de la guerra». La participación de muchos obispos franceses en los encuentros debería ser el signo tangible de la persistencia de este compromiso.

A pesar de los riesgos de interferencias vinculadas principalmente al Oriente Medio, de las tensiones relacionadas con la Memoria de la Shoah, de la actitud de la Iglesia y del Papa Pío XII en relación con aquel drama, un gran trabajo se ha hecho realidad tanto en los espíritus cristianos como judíos», afirma Richard Prasquier. «Incluso los espíritus más hostiles, indiferentes o escépticos lo reconocen».

(*) Artículo publicado en el diario La Croix el 28 de febrero de 2011. Traducido del francés al castellano por Dolores Aleixandre.

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