Izquierdas, utopías y humildad

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Puede decirse más largo pero no más claro. Soy un militante socialista que abandonó la vida activa (institucional) hace 7 años. Puede decirse que asistí, tras catorce años al frente de un ayuntamiento, al nacimiento del término «sostenible» pasando a ser una cuestión más de marketing que una realidad que digiriéramos y metabolizáramos.
Pero son los codiciosos y sus instrumentos los que han provocado una “mascotización” del término como era su objetivo y una falsa visión de que es una cantinela más para los ecologistas. Por lo cual, una vez etiquetado, deja de ser un peligro. Los que quieren ganar más en el menor tiempo posible, hijos y nietos de los que realmente mandan en el mundo (ninguno es político) y a los que final les seguimos el juego.
El eurocasino, con su vergonzosa polémica autonomista de dónde lo ponemos, es uno de sus mayores exponentes de fiasco y fraude general. Nunca sabremos del todo los bienes públicos que se acabará tragando la iniciativa lúdica/salvadora, porque los que se han puesto a correr para conseguir semejante desarrollo en sus territorios lo esconderán bajo la alfombra roja de las salas de juego. Bienes públicos que deberían ponerse al servicio de las mejores iniciativas sostenibles.

Nos falta humildad para reconocer en lo que nos hemos equivocado y valentía para empezar a cambiar de verdad las cosas. La sostenibilidad en palabras mayúsculas debía de ser una asignatura desde primaria hasta la universidad y los nuevos políticos progresistas deberían ser sus predicadores e impulsores. Para ello también debemos mirarnos sin complejos y ver cuántos de los que se han llamado socialistas no han sido más que unos oportunistas y meros imitadores de los codiciosos de este mundo.

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