Consejos vendo y para mí no tengo

Una conocida empresa de aparatos auditivos dice en uno de sus artículos: Escuchar significa prestar atención a lo que se oye. Sin embargo, oír se define como percibir con el oído los sonidos. Por tanto, la diferencia entre las dos acciones tiene que ver con la voluntariedad y predisposición”. Y mira por donde no puedo estar más de acuerdo con ellos en esta ocasión, no siempre ha sido así. Pero centrándonos en lo que hoy querría tratar: la escucha. O como la ha llamado Francisco en la pasada Jornada de las Comunicaciones Sociales “La escuchoterapia”.

Estoy segura de que pocas serán las personas que estén en desacuerdo conmigo si afirmo que estamos rodeados de ruido, de palabrería… de un exceso de información que normalmente nos lleva a la desinformación. Hablamos, hablamos… y escuchamos muy poco. Con frecuencia los diálogos se convierten en monólogos. Por ejemplo: estoy con unos amigos y me preguntan cómo me encuentro. “Fundamentalmente bien, pero este codo sigue dándome un poco la lata”, contesto. A continuación, empieza una perorata de los dolores personales de mis amigos, de los amigos de mis amigos y sus personas allegadas a quienes yo ni conozco. Y así podemos pasar más de 30 minutos en los que no he sentido ninguna acogida a lo primero que les comuniqué. Resumiendo: cada vez con más frecuencia encuentro a personas centradas en sí mismas, con muy poca capacidad de escucha y con mucha necesidad de ser escuchadas.

Estos días he leído, no sé bien dónde, que la escucha es uno de los mayores gestos de solidaridad. Si no escuchamos, no conoceremos la realidad que otra persona está viviendo y, si no la conocemos, difícilmente empatizaremos con ella.

Y ¿qué significa empatizar con la persona? “La empatía es la intención de comprender los sentimientos y emociones, intentando experimentar de forma objetiva y racional lo que siente otro individuo. La empatía hace que las personas se ayuden entre sí”.

Aquí es a donde yo quería ir a parar mediante esta serie de definiciones. Hace mucho tiempo que siento que el mundo iría mejor si fuéramos capaces de empatizar con la otra, con el otro, si fuéramos capaces de ponernos en lugar de las otras personas. Y para eso es necesario comunicar, no sólo oír, sino también escuchar.

“Escuchar con los oídos del corazón” es el bonito lema que la Iglesia ha elegido para la Jornada de las Comunicaciones Sociales en la Iglesia, celebrada el domingo de la Ascensión. No sé por qué, pero enseguida me vino un refrán, (¡qué sabio es el refranero español!) “Consejos vendo y para mí no tengo”. Y pienso en la escucha activa (léase un cierto retintín) de la Iglesia institución ante ciertos colectivos: 

Escuchar a las mujeres que clamamos a voz en grito por la igualdad en la Iglesia.

Escuchar a los que han sido abusados en la Iglesia y que reclaman justicia y reparación.

Escuchar a gais y lesbianas que quieren sentir que la diversidad dentro de la Iglesia es una realidad

Escuchar a las personas más pobres y excluidas, las preferidos de Jesús de Nazaret; abrirles las puertas, aunque no vengan de Ucrania, sin exclusiones de ningún tipo.

Escuchar, siempre escuchar.

Dicen los obispos de la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales: «La propuesta de la Iglesia es, más que nunca, una escucha con el corazón que cuando habla no insulta, no calumnia, no engaña, no manipula, no viene a imponer ni a traicionar, sino que viene a aportar su grano de arena en la construcción del bien común». Amén. Así sea. Que no se queden en bla,bla,bla,bla…Y otra vez el refranero español: “mucho ruido y pocas nueces”.

Escuchar, comunicar, empatizar…, solo así seremos creíbles.

Autoría

  • Charo Mármol

    Nací hace ya mucho tiempo en la huerta murciana. Cuando apenas daba los primeros pasos me trajeron a Madrid y aquí se ha desarrollado toda mi vida, personal, académica y profesional. Hoy estoy felizmente jubilada y jubilosa. Gracias a mi profesión, comunicadora, he tenido la oportunidad de viajar bastante: América, África, Asia, Europa… he conocido distintas culturas, distintas realidades… y según iba aumentando mi conocimiento, iban cayendo mis seguridades, esas que cuando eres más joven te hacen creer que son inamovibles y las únicas verdaderas. He visto de primera mano las injusticias, las desigualdades… por tener distinto color de piel, distinta opción sexual, por ser pobre y sobre todo por ser mujer. A lo largo de mis ya muchos años me he encontrado con mucha gente buena que trabaja por otro mundo posible y distinto. A ellas y ellos uno mi voz y mi trabajo, en la iglesia y en la sociedad, antes y ahora. Hasta que el cuerpo aguante.

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