Fiestas de precepto

Mi tía María Luisa, la última de su generación en la familia, murió con 96 años y la cabeza todavía muy bien puesta. Era muy habladora y mi impresión en sus últimos años era que el mundo en el que vivía ya no era su mundo. Ni lo entendía ni sus juicios eran ya relevantes.

Viene todo esto a cuento del obispo de Ciudad Real que el pasado 17 de julio distribuyó un documento encabezado por su escudo, su nombre y sus títulos: Gerardo Melgar Viciosa, obispo de Ciudad Real, prior de las órdenes militares de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa.

Ya todo eso empieza a dar mala espina: ¿qué son y a quién interesan esas órdenes y qué significa ser prior de todas ellas?

Pero lo peor viene a continuación: el obispo recuerda que el día 25 de julio, aun siendo laborable en Castilla-La Mancha, es fiesta de precepto y, por tanto, hay obligación de asistir a la Eucaristía. Sin embargo, según el canon 1247 del Código de Derecho Canónico, se dispensa a quienes no puedan compatibilizar dicho precepto con su trabajo.

Está claro que este obispo no sabe ya en qué mundo vive y no se ha enterado de que los fieles dejaron a un lado hace ya mucho eso de las fiestas de precepto.

Por su parte, la teología argumentó –también- la contradicción de que la Eucaristía, un espacio religioso de acción de gracias, se hubiera convertido en un mandato jurídico con consecuencias penales. De tal modo que, si alguien lo cumplía -se regulaba cuándo había que llegar, podía uno salirse durante la homilía-, había “cumplido” y todo estaba en orden. No importaba que durante la celebración estuviese pensando en otra cosa, se fuera a confesar o rezara el rosario. Todo estaba en regla según el precepto.

Pero, si por el contrario alguien, pudiendo hacerlo, no asistía a la Eucaristía, cometía un pecado mortal y si esa noche moría iba al infierno.

Frente a todas esas contradicciones, el sentido de los fieles -ese sensus fidelium reconocido en la tradición cristiana- abandonó ya hace tiempo ese recurso al precepto. Menos el obispo de Ciudad Real que, incluso, se cree en la obligación de citar un canon para decir que quien el día 25 no pueda asistir a la misa está dispensado (?) de hacerlo.

Don Gerardo Melgar va a cumplir pronto 76 años y en consecuencia hace casi un año que presentó la correspondiente renuncia. ¿A qué espera para hacer un favor a sus fieles y a él mismo, de modo que pueda instalarse en ese mundo suyo que ya no es el mundo de la mayoría de los creyentes?

Cuando hace ya mucho publiqué en Alandar, en forma de comic, la historia de la diócesis de Madrid-Alcalá, casi al comienzo tuve que contar que al primer obispo de Madrid lo mató de un disparo a la salida de misa un cura llamado Galeote. Mi comentario final fue: “Un acto injusto y criminal… y sobre todo inútil; muerto un obispo, enseguida nombrarán a otro”.

Aceptada la renuncia de D. Gerardo Melgar pondrán otro obispo, pero ojalá sea uno que sepa que vivimos en un mundo de diversidad, de enfrentamientos, de desigualdad, con muchas víctimas, con miles de menores que llegan a nuestro país y nadie quiere acoger, un mundo que necesita cuidados. Y un obispo que, a la vez, haya leído el Nuevo Testamento y sepa que para la libertad nos liberó Cristo y que donde está el Espíritu de Dios allí hay libertad.

Autoría

  • Carlos F. Barberá

    Nací el año antes de la guerra y en esta larga vida he tenido mucha suerte y hecho muchas cosas. He sido párroco, laborterapeuta, traductor, director de revistas, autor de libros, presidente de una ONG, dibujante de cómics, pintor a ratos... Todo a pequeña escala: parroquias pequeñas, revistas pequeñas, libros pequeños, cómics pequeños, cuadros pequeños, una ONG pequeña... He oído que de los pequeños es el reino de los cielos. Como resumen y copiando a Eugenio d'Ors: Mucho me será perdonado porque me he divertido mucho.

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