Silencio

Acabamos de pasar un tiempo -el de Navidad- en el que las redes, los whatsapps, los mensajes en los teléfonos se han multiplicado, se diría que con vida propia.

De pronto, personas con las que no has tenido contacto a lo largo de todo el año, incluso a lo mejor más tiempo, te invaden con mensajes de amor y felicidad, de buenos deseos «reenviado muchas veces», personas que no ponen una sola palabra personal y, si tú lo haces, interesándote por su vida o por su salud, ni se molestan en contestar. Bien es cierto que este año, al menos yo, he recibido un número inferior de este tipo de mensajes comparado con años anteriores. Quizás provocado por la situación mundial que estamos viviendo que no da para muchas alegrías.

Las redes, permanentemente, nos invaden con informaciones, unas veces verdaderas y otras muchas falsas. Y sin darnos cuenta vamos entrando en esa espiral de información/desinformación, ruido, alboroto, griterío, algarabía que nos va impidiendo el silencio, la profundización, la interiorización que nos ayuda desentrañar lo que vemos y oímos.

Estos días he vuelto a leer el libro de Luis Aranguren “Tiempo emergente. Meditaciones desde la ética del cuidado”. Lo recomiendo porque ayuda a repensar muchas de las cosas que hemos vivido, especialmente en el tiempo de la pandemia, y lo hace desde la ética del cuidado, desde la persona como un ser en relación, no como un ser aislado y autosuficiente. Hoy he leído el capítulo “La riqueza de mis adentros”.

Comienza hablando de la pandemia: “La experiencia de la pandemia nos ha descolocado. Los seres humanos nos construimos en el encuentro y en la relación personal. Y precisamente hemos vivido demasiado tiempo en el apagón del abrazo, en la precariedad del encuentro… Y, sin embargo, bien pudiera convertirse en el cultivo de una soledad enriquecedora… La soledad puede ser uno de los motores de una vida plena que nos ayude a orientarnos con los pies en la tierra…” Esa soledad podría haberse convertido en un “tiempo propicio para hablar con aquel que llevas dentro de ti”.

Por mi experiencia creo que este tiempo, al menos para la mayoría de las personas, no ha sido así. Los zums, los wasaps, los hangouts… han invadido nuestro aislamiento y han tenido un papel predominante. A veces nos ha impedido entrar en nuestro interior, adentro, “un adentro cultivado nos permite estar con los demás con una mejor predisposición y atención”. Por miedo a la soledad nos hemos llenado de reuniones, conversaciones, palabras y más palabras…, ruido.

Todo este ruido, esta prisa, este alboroto… dificulta muchas veces el contacto con nuestro yo más profundo, con nuestro verdadero yo, con esa fuerza interior que es la que nos hace superar los momentos más duros porque, como señala Aranguren “Un adentro cultivado nos permite estar con los demás con una mayor predisposición y atención”. Y continúa: “De lo contrario contagiaré quejas, desesperanza y confusión”.

He escuchado muchas quejas en personas cercanas, también en los medios y en las redes… Seguimos viéndonos y considerándonos el ombligo del mundo, personalmente, como país, como Europa… A veces siento que nos instalamos en la queja continua incapaz de escuchar a quienes, verdaderamente, están siendo las víctimas y los grandes sufridores de este momento de la historia.

Y me pregunto ¿no será el momento de callar más, de adentrarnos, de escucharnos, para salir y ampliar nuestra mirada al mundo que nos rodea?

Autoría

  • Charo Mármol

    En 1953 en Cuba un grupo armado revolucionario liderado por Fidel Castro ataca el cuartel Moncada en Santiago de Cuba. Fue un intento fallido para derrocar al dictador. Ese mismo año en la URSS muere Stalin y, en Inglaterra, Isabel II es coronada Reina. Además nací yo. Fue en Murcia, pero enseguida me acogió la capital del Reino, Madrid. Ya madurita empecé a viajar por los países del Sur y desde entonces me considero ciudadana del mundo. Un mundo en el que me gustaría que reinase la paz, la justicia y la igualdad. Y a esto he dedicado la mayor parte de mi vida: a trabajar por el Reino de Jesús aquí y ahora.

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