Martín Valmaseda, genio y figura hasta la sepultura

En la mancheta del primer número de alandar ya aparecía el nombre de Martín Valmaseda, que también firmó uno de los dos Folletos que iniciaron la colección en 1985. Julián del Olmo, compañero en el equipo iniciador y primer director de la revista, comparte lo que ha sido –es y será- para este colectivo.

Presentación de los primeros Folletos alandar. De izquierda a derecha, Saturnino Rodríguez, Martín Valmaseda, Julián del Olmo, el obispo Alberto Iniesta, Javier Fernández y Carlos F. Barberá.

Martín llegó a alandar cuando dirigía el ECOE-V (Equipo de Comunicación Educativa de Vallecas) y la revista estaba dando sus primeros pasos. Fue una bocanada de aire fresco para la redacción y un quitamiedos para el equipo promotor de la revista por la oposición de los sectores más conservadores e influyentes de la Iglesia de Madrid, que no veían con buenos ojos que estuviera alineada con el taranconismo. Traía un lenguaje audiovisual fresco y desenfadado que enseguida cautivó a los lectores.

En los años ochenta este lenguaje era novedoso y “sospechoso” cuando se empleaba para ciertos temas relacionados con la teología y con la Iglesia. La manera como Martín contaba las cosas, con un lenguaje de andar por casa y encima con un toque de humor, encantaba a los lectores de alandar, pero a algunas personas bienpensantes les parecía poco serio para tratar temas intraeclesiales. Ahí están algunas de las obras inmortales de Martín publicadas en la colección Folletos Alandar: “Catecismo Alandar”, en colaboración con los teólogos Goyo Ruiz, Julio Lois y Carlos F. Barberá, y sus trabajos individuales: “Cuando tú dices Dios…yo me huelo otra cosa”, “Que nos devuelvan a la Señora María”, “Para que no nos tiren de los hilos”, “He tenido un sueño”, “¿A que no sabes rezar el Padre nuestro?”… 

Martín Valmaseda ha sido un “alandariego de pro” y “Premio Nobel de Literatura Popular” en las primeras etapas de alandar, en las que fue asiduo colaborador. Su lenguaje, tan peculiar como inteligente y eficaz, fue el idioma que empleó, no sólo para escribir sino también para “misionar”, como religioso marianista, con la palabra hablada y escrita, vocación a la que dedicó media vida en España y otra media en Guatemala.

Hace unos años, visité a Martín en un suburbio de Ciudad de Guatemala, aledaño a “Los Barrancos”. Traía, en una bolsa de plástico, unos cuadernillos impresos, preparados por él, para la formación bíblica de las comunidades populares cristianas de Guatemala y, por extensión, de Sur América. Los ojeé y me apropié de unos cuantos. En la larga y agradable conversación que tuvimos, recordamos aquellos ilusionantes años de Madrid, compartiendo sueños que se hicieron realidad, y comprobé que Martín seguía siendo el mismo de siempre: entusiasta, conversador, humilde, creativo, crítico, creyente, soñador y con sentido del humor. ¡Genio y figura hasta la sepultura! Descanse en paz.

Autoría

2 comentarios en «Martín Valmaseda, genio y figura hasta la sepultura»

  1. Me fijo en la foto. Reconozco a Carlos Barberá y al obispo Iniesta, aunque ni a este último ni al resto he tenido ocasión de conocer personalmente. Pero reflexiono: ¡ qué importantes son las fotos ! ¡ Qué importantes conservarlas como elementos de memoria y reflexión!

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