Orgullo (y prejuicios)

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pag22_culturaeideas2_web-2.jpgPride
Dirección: Matthew Warchus
Gran Bretaña, 2014.

¿Qué tienen en común un grupo de gais y lesbianas londinenses con unos recios mineros del Gales rural? Ese es precisamente el punto partida que atrapa el interés y pone a quien mira a la expectativa de sorpresas y situaciones chocantes.

En 1984, Margaret Thatcher hacía de las suyas. Entre otras, desmantelar la minería. Durante la cabalgata del orgullo gay en Londres, unos cuantos gays y lesbianas (LGSM: “Gays y lesbianas en apoyo de los mineros”) acuerdan recolectar dinero para ayudar a las familias afectadas por el cierre de las minas. Recolectan, pero el primer problema se plantea cuando no encuentran quien quiera su dinero. La Unión Nacional de Mineros siente vergüenza de obtener fondos de semejante colectivo. Deciden, pues, dirigirse directamente a las familias mineras en vez de a su sindicato y consiguen dar con un pueblo en el Gales profundo dispuesto a aceptarlo… ¡más o menos! Así comienza una historia cuyo aliciente inicial es el choque entre dos comunidades muy diferentes que, como es previsible, da lugar a numerosas situaciones sorprendentes y divertidas.

En la senda de Tocando el viento, que retrata la misma época, Full Monty, Café irlandés, Pan y rosas o La camioneta, Pride es una de esas películas que fija la mirada en unas gentes que, como mucho, suelen jugar en el cine el papel de paisaje. Aquí son personas, colectivos que sufren las políticas de unos poderes que no aparecen en los títulos de crédito, pero que, en la película y en las vidas de las personas, son una ciega losa que oprime y ahoga (tienen ojos y no ven; tienen oídos y no oyen).

Pride cuenta el desarrollo a lo largo de un año de una historia real, de esas que parece mentira que no sean archiconocidas, pero que no son contadas, hasta que caen en las manos de Stephen Frears, Ken Loach, Matthew Warchus o algún otro director de similar ralea. Además de ser interesante, divertida, aguda y hacer que salgas con un buen rollo estupendo, pone de manifiesto algo fundamental: todas las luchas son la misma lucha, porque en definitiva se trata de la justicia. Una justicia integral, que reclama, como en un momento se canta (magnífica banda sonora), el pan y las rosas.

¿Qué tienen en común un grupo de gais y lesbianas urbanos con unas familias mineras del Gales rural? ¿De verdad que no es evidente? No se la pierdan y corran la voz.

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