Utopía compartida a cuatro manos

La utopía compartida
Joaquín Sánchez Sánchez
Fernando Bermúdez López
Alianza Convida-20. 2023

Portada del libro de Joaquín Sánchez y Fernando Bermúdez.

En tiempos de incertidumbre y de comienzo de un nuevo año no viene mal acercarse a las reflexiones de buena gente que, día a día, está al cabo de la calle con las personas empobrecidas. En este caso, además, con tiempo para compartir sus convicciones, dudas y creencias.

Hablar de Joaquín Sánchez Sánchez (Vilanova de Sau, Barcelona, 1962) y de Fernando Bermúdez López (Alguazas, Murcia, 1943) es hacerlo de dos amigos y compañeros en mil batallas por la solidaridad y el compromiso. Habitualmente aparecen en medios de comunicación, bien como destacados columnistas o como activistas frente a los desahucios, concentraciones en favor de las personas refugiadas, los derechos humanos y la cercanía a quienes son descartados por el sistema. 

Joaquín Sánchez es la bondad personificada, portador de un corazón tan grande para amar que a veces le juega una mala pasada, capellán de prisiones y de centros de salud mental y de mayores. Fernando Bermúdez, con su barba cana, es la imagen de quien un día llegó a América Latina y se enamoró de su pobreza y rebeldía, de su pasión para vivir la fe de una manera distinta a la que estaba acostumbrado y para dialogar con personas de diferentes credos desde una posición de igual a igual.

En La utopía compartida entablan un diálogo epistolar repleto de reflexiones sobre todo aquello que les inspira en sus diferentes opciones de vida. Desde el sentido de la acción sociopolítica a la crisis de la ética, desde la conversión y el sentido de la propia vida a la corrupción y, paradójicamente, a los signos de esperanza o al reino de Dios. Del diálogo interreligioso a preguntarse si las religiones sirven para algo. Por supuesto, sin dejar pasar la Iglesia que sueñan, los retos ante la vida y la declaración de que el amor vence los discursos de odio.

El libro, a lo largo de sus 18 capítulos de relación epistolar, breves pero intensos, es una afirmación de que la utopía es bondad por su natural inclinación a hacer el bien y que es posible. Su lectura es una invitación a participar en ella. Una aproximación a La utopía compartida que llega con el prólogo del laico Bernardo Pérez Andreo, profesor ordinario del Instituto Teológico de Murcia (OFM), quien presenta una declaración de intenciones que invita a la inmersión en el texto.

Este trabajo, animado por la estructura pregunta-respuesta, es una constante y lúcida reflexión, honesta, sin equidistancia y con mirada compasiva, sobre temas como la política, el capitalismo, la ética, la esperanza, la libertad, la religión, la Iglesia, la educación, el miedo, la cultura, la fraternidad… Sin embargo, conteniendo estos temas, entre otros, no es un libro al uso sobre aspectos de filosofía, ni de teología, ni de política, ni de modos de vida… Tampoco es un ensayo que los englobe; tampoco es un mero análisis cuando nos proporciona datos, como ocurre en los capítulos del segundo al sexto.

Es, precisamente, la clave estilística que adopta el libro, en forma de cartas, la que pone ante el lector la posibilidad de acceder a la revelación de un misterio que hasta el momento de su publicación era conocido sólo por ellos dos: el misterio de la fraternidad. En esa “conversación sincera en ausencia” hay una complicidad notoria con los lectores, ya que sólo las palabras desnudas de gestualidad son su herramienta, sabiéndose protegidos en ese recinto sagrado de la amistad. Y esto lo convierte en un libro de “verdad”, auténtico”, en el que la sencillez de la estructura alberga una honda complejidad.

Hay una gran valentía al rescatar el término “utopía” y resulta muy esperanzador adjetivarla de “compartida”.

Ambos autores, al tiempo que nos advierten del desaliento, se muestran convencidos de que hay personas que ya están empujando para que la utopía pueda ser. La utopía que nos trasciende, siempre en ciernes desde nuestra perspectiva histórica, realizable y realizándose.

Joaquín Sánchez y Fernando Bermúdez protagonizan un acto de generosidad, porque “nos han hecho partícipes” de unas cartas “suyas” en las que se reafirman en la creencia y confían en la construcción del reino de Dios en la Tierra. Además, como afirma el papa Francisco, “No hay que perder nunca la memoria del pasado ni la esperanza en el futuro”, reconocen tener con muchas personas algo en común: la lucha para lograrlo. Un gran gesto de confianza.

Y para culminar este libro escrito a cuatro manos, un regalo tras este intercambio de cartas: su credo. Una confesión repleta del alimento de la fe y la esperanza de que este mundo tiene sentido, bajo el impulso de la utopía en la búsqueda de nuevos horizontes. Desde sentir a Dios como una fuerza espiritual, trascendente, en el corazón del universo, infinitamente mayor que cualquiera de las religiones que lo hacen suyo. Una declaración de fe en Jesús de Nazaret, de su encarnación en los últimos y de su anuncio de la buena noticia y esperanza para las personas empobrecidas. Una proclama acerca del reino de Dios en la historia presente que es capaz de convertir los corazones agrietados de los hombres y mujeres en semillas de liberación, en una Iglesia nueva soñada que ama a María que “sacó a los poderosos de sus tronos y puso en su lugar a los humildes”.

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