El día que los ciudadanos volvieron a interesarse por los impuestos

En 2010 un discurso había ganado la partida en el imaginario colectivo. El pulso empezó en 2005 con un presidente del gobierno afirmando aquello de que “bajar impuestos es de izquierdas” y con sus consecuentes reformas fiscales regresivas. Y culminaba en Cataluña con un partido que ganaba las elecciones con su más aplaudida promesa electoral: la eliminación del impuesto de sucesiones y, en consecuencia, menos recursos públicos para afrontar la crisis… ¿Qué estaba pasando?

Un conjunto de entidades de la sociedad civil catalana (sindicatos, asociaciones de vecinos, entidades ecologistas, cívicas, de carácter religioso,…) vimos claro que hacía falta reapropiarse de un discurso sobre los impuestos que defienda su carácter progresivo, eficiente y equitativo y no su destrucción en aras de un modelo de sociedad donde no existe ninguna responsabilidad colectiva y sólo se esgrimen responsabilidades individuales. Si queríamos (y queremos) rescatar el Estado de bienestar hacía falta cambiar el foco: no queríamos hablar más de recortes, el problema es de falta de ingresos públicos para poder sostener una educación, una sanidad y unos servicios sociales universales y de calidad.

Nos pusimos manos a la obra y se elaboró un primer documento: La Fiscalidad que queremos, un texto programático que se ha ido desplegando y concretando en el ámbito de la fiscalidad ambiental, de la lucha contra el fraude fiscal y los paraísos fiscales, de la fiscalidad municipal, etc. Todo con un triple objetivo: que la ciudadanía entienda que necesitamos tener impuestos si queremos cohesión social y menos desigualdad; que los políticos actualicen sus propuestas hacia políticas fiscales más justas y progresivas escuchando no sólo la voz de lobbies empresariales y patronales, sino la de la ciudadanía organizada; y que las grandes fortunas y grandes empresas entiendan que dedicarse a minimizar su factura fiscal con prácticas poco éticas no les va a salir gratis.

cristianos por una fiscalidad justa

En estos más de cinco años de vida han tenido lugar apariciones públicas, participación en debates, comparecencias en el Parlament de Cataluña para debatir sobre nuevos impuestos a los depósitos bancarios o en la comisión de fraude fiscal y corrupción política, denuncias de prácticas de elusión fiscal por parte de personalidades públicas, una jornada ciudadana con la participación de 200 personas y decenas y decenas de charlas y foros en más de diez ciudades del Estado explicando nuestra experiencia.

El camino es largo y sabemos que será necesaria mucha pedagogía para conseguir nuestros objetivos. Sin embargo, creemos que es nuestro deber como ciudadanos trabajar por unos impuestos y un sistema fiscal que nos beneficien a todos.

¿Y por qué una entidad como Cristianisme i Justícia apoya la Plataforma? Lo hace con la convicción de que un sistema impositivo justo y progresivo es la única vía que tenemos, en el actual sistema económico, de hacer viable aquello que afirmamos del “destino universal de los bienes”. Organizar y gestionar colectivamente “el bien común” pasa por pedir a aquellos que más tienen, que aporten más. Sería el tránsito de la benevolencia a la fraternidad cristiana: una sociedad que se preocupa y ocupa de los que menos tienen compartiendo aquello que es de todos.

Creo sinceramente que en la lucha contra el egoísmo institucionalizado que significa la existencia de paraísos fiscales o las prácticas de fraude y elusión fiscal, la Iglesia debería ir unida, hacer un frente común y defender con uñas, dientes (y el Evangelio) un sistema fiscal más justo, que ayude a repartir la riqueza y disminuir las desigualdades.

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