Mucho antes de que las imágenes de cientos de personas sirias, iraquíes o afganas cruzando el Mediterráneo golpeasen nuestras conciencias, un grupo de personas, allá por los años 60, abrían en Madrid la delegación de la entidad norteamericana International Rescue Committee. Su fundador, el mismísimo Albert Einstein, creó esta red de apoyo en 1933 para ayudar a los europeos a escapar de la barbarie nazi. Por tanto, su fin era, y sigue siendo, el apoyo a personas refugiadas y en situaciones de conflicto o postconflicto y que se encuentran en un proceso de reconstrucción de sus vidas, en un proceso de crear y comenzar un nuevo camino.
En España, tal y como nos cuenta su director, David Palomo, “Rescate ayuda a minimizar el impacto psicológico que sufren todas aquellas personas refugiadas y/o a los solicitantes de asilo que han tenido que huir de sus países de origen por miedo a ser perseguidos por cuestiones de raza, género o nacionalidad o por ser víctimas de conflictos bélicos, políticos o desastres naturales”. Para ello, Rescate ofrece distintos programas personalizados, centrados en la asesoría jurídica y en el apoyo psicosocial. Se trata, al fin y al cabo, de dar una atención completa, cercana y humana a las más de 150 personas, con sus nombres, apellidos e historias que, de media, atienden cada año y que buscan integrarse como ciudadanos y ciudadanas de pleno derecho en nuestro país.
[quote_right]Rescate ofrece distintos programas personalizados, centrados en la asesoría jurídica y en el apoyo psicosocial[/quote_right]
En los países de origen que sufren o han sufrido algún tipo de conflicto o acogen a poblaciones refugiadas de alguno de sus países vecinos, Rescate también lleva a cabo diferentes proyectos de emergencia, reconstrucción y cooperación al desarrollo. «Asistimos a personas refugiadas, desplazadas y víctimas de conflictos o desastres naturales, siempre prestando atención a la población más vulnerable: las mujeres, la infancia, la juventud y las minorías”. A todos ellos se les ofrecen las herramientas y la formación necesaria para recuperarse por sí mismos y generar sus propios ingresos en caso de verse nuevamente afectados por alguna catástrofe.

Como os podéis imaginar, el día a día en la sede de Rescate, situada en la calle Padre Damián de Madrid, es un no parar. Desde primera hora de la mañana el teléfono recibe decenas de consultas y demandas de ayuda que se intercalan y compaginan con las labores asistenciales más personales realizadas en la propia oficina y centradas, sobre todo, en tramitar las solicitudes de asilo. «Cuando un refugiado llega a España lo primero que tiene que hacer es solicitar el estatuto de asilado». Es un proceso largo y difícil durante el cual Rescate está presente ofreciendo un acompañamiento a aquellas personas que sueñan con tener un futuro mejor. El apoyo psicológico, por tanto, “es fundamental en el proceso de construcción de su historia. Cada persona viene con sus propias vivencias -algunas realmente duras- y necesitan ese apoyo para facilitar su proceso de integración». La labor desempeñada por los trabajadores sociales también es vital. Y es que, durante el periodo de la tramitación de su asilo e, incluso, después “la persona tiene una serie de necesidades que hay que atender, empezando por las necesidades más básicas como manutención y alojamiento”.
En cuanto a los programas de cooperación internacional, Rescate trabaja, codo con codo, con organizaciones locales y con la población beneficiaria, haciendo frente a las dificultades e imprevistos que aparecen diariamente. Desde los años 90, Rescate ha estado presente en las zonas castigadas y golpeadas por las peores guerras y desastres que se han conocido nunca. Desde Albania, Bosnia-Herzegovina y Kosovo, pasando por Sierra Leona, Burundi o Sudán, hasta Ruanda, Etiopía o República Democrática del Congo. Más recientemente, pero sin abandonar los proyectos anteriores, Rescate está llevando a cabo diversos proyectos en Afganistán, Jordania, Siria y Líbano. Es, precisamente, en el Líbano donde la organización, junto con la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo), realiza diversos trabajos con familias palestinas refugiadas en Líbano. Su finalidad es fomentar la convivencia pacífica entre ellos y la población libanesa en cuestiones relacionadas con el acceso al empleo y a la vivienda.
[quote_right]Desde primera hora el teléfono recibe decenas de consultas y demandas de ayuda que se compaginan con las labores asistenciales más personales[/quote_right]
Respecto a la terrible situación que atraviesa Siria, David reconoce que «el conflicto y la posterior llegada de refugiados a Europa ha movido muchas conciencias. Hemos visto el interés de la gente por lo que está sucediendo y la voluntad de ayudar y echar una mano en aquello que haga falta”. Si hubiera que sacar algo positivo de todo esto, sería que, por fin, se “ha puesto de manifiesto el problema al que se enfrentan diariamente organizaciones como Rescate. La situación actual es una tragedia, la peor y más grave crisis de refugiados desde la segunda guerra mundial. Las necesidades de las víctimas de las guerras o conflictos son ingentes”. Son personas que lo pierden todo: sus enseres, su familia, su vida y hasta su dignidad como seres humanos. David nos cuenta la historia de Fatmeh, una mujer siria de 57 años y de su familia. Su ciudad, Dara, fue arrasada; sin embargo, tuvieron la suerte de poder huir a Líbano. Desde 2013 ella y 23 miembros más de su familia viven en una casa a medio construir en el campo de Al-Farah, uno de los 400 campos que hay en el valle de la Beka´a justo en la frontera con Siria. “Es la familia más pobre de todo el campo, y ya es decir, puesto que hay tres personas ciegas y un niño con epilepsia. Sólo uno de ellos trabaja en carga y descarga de mercancías en tiendas y mercado. El resto, es ayuda que les proporciona Rescate: kits de higiene, ropa, comida y apoyo psicosocial.
Esta situación se agrava más, si cabe, en España. En un país con más de cuatro millones de parados, es muy difícil encontrar un empleo y recuperar la autonomía. Por eso, “en Rescate hemos puesto en marcha el proyecto Befriending, con el que llevamos una pequeña andadura de casi dos años, y con el que pretendemos apoyar la integración de nuestros beneficiarios asignándoles un voluntario que hace las veces de mentor y que les apoya y ayuda en la generación de redes sociales; algo que antes de la crisis económica podían conseguir más fácilmente a través de la consecución de un empleo”. Finalmente, otro de sus nuevos proyectos es la película Nómadas. 52 fragmentos, 52 paradas a través de un largo camino por la vida de los pastores de Malí con el único objetivo de visibilizar la realidad de las comunidades pastoras en la zona del Sahel, para despertar nuestra conciencia de lo que ocurre mas allá de nuestras fronteras y, por qué no, sacarnos de nuestra zona de confort y hacer que despertemos.
