La deriva envenenada de la red X (antigua Twitter), desde que en 2022 el tecnomagnate Elon Musk la adquiriera por 44.000 millones de dólares, no ha hecho más que avanzar hacia la máxima degradación. Esta red social se ha convertido en un foro donde prima la propagación de los discursos de odio, de señalamiento de minorías, de máxima expresión de la machoesfera y por tanto un nido de bulos y desinformación. Eso sumado a que el propio Musk se ha convertido en figura clave de la extrema derecha internacional, apoyando a partidos ultras públicamente allá dónde se han celebrado elecciones. Ha orientado los algoritmos para que prime propaganda y perfiles extremos, eliminando los resortes de verificación externa y dejando en manos de notas que hace la comunidad de usuarios el contraste de las publicaciones.
Alandar, publicación que ha tratado de aportar informaciones reflexivas para transformar la sociedad y la Iglesia, durante cuatro décadas, como medio de comunicación horizontal (a través de La asociación), ha decidido dejar de publicar de forma paulatina en esta red social. El abandono es fruto de una discusión interna de la Junta directiva y del Consejo de la revista durante varias semanas. Otros medios y profesionales de la información lo han anunciado antes. El primer diario internacional fue The Guardian y en España fue La Vanguardia. A partir de ahí la cascada de cierre de cuentas se cuenta por miles.
Sin querer compararnos, tenemos una responsabilidad para con nuestras lectoras, base social y con la sociedad dónde impacta lo que publicamos. Apostamos por la esperanza y por la necesidad de otro ecosistema social, tanto de redes como en que en medios de comunicación, apostando por una sociedad menos desigual más feminista, inclusiva y diversa. Y eso ahora mismo está lejos del mundo virtual y en concreto de la antigua Twitter. Queremos contribuir a la derrota de los discursos del odio y trabajar en otros espacios de encuentro con la base social para combatir la ofensiva reaccionaria que avanza de forma global poniendo en jaque los derechos humanos, sociales, y los servicios públicos.
Reconocemos nuestras contradicciones al transitar a una publicación digital, dependiendo de la tecnología que se ha convertido en una suerte de nuevo imperialismo. La concentración empresarial con poder reducido a muy pocos hombres, ha generado una casta tecnofeudalista, que en pro del negocio se pliegan a reducir el pensamiento crítico y se han convertido en cómplices con el neofascismo.
Pero vamos a seguir en la brecha. Publicando en nuestra web, combatiendo las mentiras, tejiendo complicidades con personas y colectivos «invisibles». Queremos seguir siendo un medio crítico con los poderes, trabajando por estrechar las brechas de desigualdad, por cambiar la percepción del mundo y promover una fraternidad universal. Y reclamando la renovación de la Iglesia, apostando por su base. Seguiremos en otras redes como Facebook, hemos abierto una cuenta en Bluesky (una nueva red creada por parte de los fundadores de Twitter), aunque vigilantes para abandonar en caso de que se conviertan en el mismo lodazal. Nuestra apuesta es ampliar el número de asociadas, para que el proyecto editorial siga siendo viable.
No tenemos miedo de esta decisión porque lo consideramos parte de nuestra misión de denuncia profética.
