La presidenta de la Comisión Europea Úrsula Von der Leyen acaba de alabar como extrapolable el modelo de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, para recluir a solicitantes de asilo en Albania. Ello a pesar del revés que ha propinado la justicia italiana a la deportación de 16 personas migrantes en un buque de guerra. Cuatro regresaron a Italia al día siguiente: dos por ser menores y otros dos porque declararon haber sido víctimas de violación en campos de concentración de Libia. Y un tribunal negó el permiso para que se retengan al resto. La Guantánamo italiana en Albania hoy está vacía aunque el gobierno populista se ha apresurado a cambiar el marco jurídico. Italia construye, en suelo albanés, que no forma parte de la UE, dos centros donde encerrarán a 3.000 personas, cuyo coste de construcción rondaría los 670 millones de euros, y dónde servirán de carceleros hasta 500 policías italianos. Hace unas semanas había sido el primer ministro de Gran Bretaña, el laborista Keir Starmer, el que respaldaba ese mismo patrón sobre la inmigración, en una visita oficial al país alpino. Quería ver de primera mano “el éxito” de Meloni.
La Unión Europea ha dejado de ser tierra de acogida. El derecho de asilo, que el continente potenció tras la II Guerra Mundial, se está resquebrajando. Polonia plantea abiertamente suspenderlo. Hungría, con la presidencia de turno de la Unión, y con Víctor Orban a la cabeza, apoya toda medida restrictiva de entrada de migrantes. El espacio de libre circulación, Schengen, cuenta cada vez con más fronteras para calmar los clamores de los partidos de ultraderecha y derecha tradicional. Francia y Alemania, con un presidente liberal y un canciller socialdemócrata, respectivamente, apuestan por la misma medida de recuperar el control de fronteras. La Europa blindada por muros, que deshumaniza a las personas migrantes, y envía a los solicitantes de asilo a terceros países (para no verlos ni asistirlos), va tomando forma, reforzando los mecanismo de deportación.
El Mediterráneo es un gran cementerio de embarcaciones que no son rescatadas o zozobran. Según UNICEF, en 2023 más de 11.600 niños realizaron la peligrosa travesía hacia Italia, Grecia o España sin sus padres o tutores legales. Y casi 1.000 personas habían desaparecido ese mismo verano.
En España la modificación del reglamento de la Ley de Extranjería, en fase de borrador, contempla mayores facilidades para obtener residencia y trabajo en nuestro país. Se reduce de tres a dos años el plazo en que los extranjeros deben estar en situación irregular para poder solicitar sus papeles. La norma abre una vía de regularización transitoria a los que les denegaron la petición de asilo. Mientras, los promotores por la Iniciativa Popular Legislativa (ILP) por la regularización de 500.000 personas, premio ALANDAR 2022, promovida por más de 200 colectivos de defensa de las migrantes, ven con cautela la reforma porque podría dejar en un “limbo jurídico” algunas situaciones. El cambio de la Ley de Extranjería no debería suponer que decaiga la regularización complementaria.
Estas mejoras no dulcifican la lamentable dejación de responsabilidades de Gobierno y Comunidades autónomas en la acogida de menores migrantes. Las denuncias de vulneración de los derechos fundamentales en los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIES), como el de la Zona Franca de Barcelona, cuya vigilia es objeto de un artículo en nuestra revista, convocada por Migra Studium. O las devoluciones en caliente en la valla de Ceuta y Melilla o tragedias como la del Tarajal nos recuerdan el perentorio trabajo de la sociedad civil exigiendo dignidad y justicia para todas las personas, independientemente del origen.
En ALANDAR denunciamos el desvío moral de los responsables políticos que “compran” los discursos del odio y fomentan políticas represivas (amplificando los objetivos de la derecha extrema). Es urgente garantizar los derechos económicos, sociales y culturales (DESC), a todas las personas migrantes. Urge a impulsar políticas de convivencia para prevenir y combatir la discriminación, con un enfoque comunitario y de cercanía.
